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lunes, 20 de julio de 2026

6. Entre la escena clásica y la contemporánea: cómo conviven memoria, blues y rock de raíz en 2026

NovoRiff presenta

Entre la escena clásica y la contemporánea: memoria, blues y rock de raíz en 2026

Seis miradas sobre una escena de raíz que sigue respirando


NovoRiff presenta

6. Entre la escena clásica y la contemporánea: cómo conviven memoria, blues y rock de raíz en 2026

Artículo 6 · Rock y Blues en el primer trimestre de 2026

Prólogo


El primer trimestre de 2026 no plantea una guerra entre escena clásica y escena contemporánea. Plantea algo más interesante: una negociación constante entre memoria y movimiento. El blues y el rock de raíz no aparecen aquí como territorios cerrados, sino como lenguajes en disputa: demasiado antiguos para fingir inocencia, pero todavía lo bastante vivos como para generar preguntas.

La escena clásica aporta profundidad, repertorio, autoridad y conciencia histórica. Pero también arrastra un riesgo evidente: convertirse en administración del prestigio. El pasado puede iluminar, pero también puede inmovilizar. Puede funcionar como archivo vivo o como museo. Puede alimentar nuevas canciones o convertirse en una vitrina de gestos reconocibles.

La escena contemporánea, por su parte, aporta cruces, energía, nuevos cuerpos, nuevas geografías y nuevas formas de producción. Pero tampoco está libre de peligro. La novedad puede ser real o decorativa. Añadir funk, psicodelia, soul, texturas modernas o referencias transatlánticas no garantiza evolución. A veces abre caminos; otras, solo maquilla estructuras viejas.

El punto más fértil del trimestre aparece cuando ambas fuerzas se contaminan. B.B. King sigue hablando a través de guitarristas que entienden el silencio. Alligator Records sostiene tradición mientras impulsa a Selwyn Birchwood hacia el futuro. Tedeschi Trucks Band recuperan la idea de banda grande para un presente fragmentado. Luke Winslow-King mueve el blues entre continentes. Lucinda Williams convierte la raíz en diagnóstico moral del presente. The Sheepdogs demuestran que el rock clásico puede seguir siendo canción antes que pose.

La tesis final de la serie podría formularse así: el rock y el blues de 2026 no necesitan elegir entre pasado y futuro. Necesitan que el pasado siga produciendo preguntas, y que el futuro no olvide quién le enseñó a formularlas.

La escena clásica: autoridad en disputa

La escena clásica no debe entenderse solo como un conjunto de veteranos. Es, sobre todo, una zona de autoridad. Ahí están los nombres, los repertorios, los gestos, los discos de referencia y las formas históricas que siguen determinando cómo escuchamos el presente. Pero esa autoridad no es neutral. Hay que discutirla, no venerarla sin más.

El caso de B.B. King es el más evidente. B.B. King’s Blues Summit 100, publicado en febrero de 2026, funciona como gran operación de memoria histórica. Joe Bonamassa organiza el homenaje, convoca una nómina intergeneracional y sitúa de nuevo a King en el centro gravitatorio del blues eléctrico. La importancia del proyecto es indiscutible: recuerda que B.B. King no fue solo un bluesman decisivo, sino uno de los grandes arquitectos de la guitarra eléctrica popular.

Pero precisamente por eso el homenaje exige vigilancia crítica. King no fue grande por tocar mucho. Fue grande por tocar justo. Su lenguaje se construyó sobre economía, vibrato, pausa, fraseo vocal y control dramático del espacio. En un ecosistema blues-rock donde el exceso de notas todavía funciona como contraseña de virtuosismo, B.B. King sigue siendo un correctivo severo. La pregunta no es qué guitarrista luce más en el homenaje, sino quién entiende que tocar blues también significa saber callar.

Van Morrison representa otra forma de escena clásica: el veterano que regresa a un territorio conocido. Somebody Tried To Sell Me A Bridge se presenta como un disco de fuerte orientación blues, y eso tiene lógica dentro de su trayectoria. Morrison lleva décadas orbitando blues, soul, jazz, gospel, rhythm and blues y canción celta. Su autoridad vocal procede de una familiaridad real con esos lenguajes. Pero esa autoridad no debe blindarlo frente al análisis. Su producción reciente ha sido extensa e irregular; por tanto, cada nuevo regreso a la raíz debe escucharse caso por caso. En Morrison, el blues puede ser lugar de síntesis, pero también zona de confort.

Lucinda Williams introduce una lectura distinta. Ella no vuelve al blues como repertorio; lo lleva incorporado en la escritura. World’s Gone Wrong no es blues en sentido estricto, pero trabaja desde una raíz moral claramente emparentada con él: mundo roto, voz herida, país fatigado, resistencia íntima y canción como diagnóstico. Su clasicismo no está en reproducir una forma antigua, sino en usar la tradición para leer el presente. Esa diferencia es esencial. Williams no necesita sonar joven para ser actual. Su actualidad procede de la capacidad de convertir la raíz en lenguaje de crisis.

The Black Crowes ocupan otra posición dentro de esta escena clásica ampliada. No pertenecen a la generación fundacional del blues-rock ni del southern rock, pero hace mucho que dejaron de ser novedad. En 2026 su problema ya no es demostrar que conocen el idioma. Lo conocen de sobra. El desafío es otro: evitar que su propio imaginario se convierta en marca. A Pound of Feathers debe leerse desde esa exigencia. Cuando los Crowes aciertan, el rock de raíz suena físico, sensual, áspero y vivo. Cuando se acomodan, suenan como administradores competentes de su propia leyenda.

También forman parte de la escena clásica los que desaparecen. John P. Hammond, Mike Vernon y Paul Geremia recuerdan que el blues no se transmite solo por estrellas. Hammond fue intérprete-puente; llevó repertorios tradicionales a públicos formados por el revival folk y por la cultura rock. Vernon fue mediador de estudio y sello; ayudó a que el blues estadounidense circulara por Reino Unido y a que el British blues encontrara sonido propio. Geremia fue guardián acústico; sostuvo una relación artesanal con el country blues, el ragtime, la guitarra y la narración. Sin intérpretes-puente, productores, estudios y guardianes acústicos, el presente no tendría suelo.

La escena contemporánea: pluralidad, no ruptura

La escena contemporánea del trimestre no se define por una ruptura frontal con el pasado. Se define por pluralidad. No intenta matar al padre, pero tampoco debería limitarse a copiarlo. Su fuerza aparece cuando usa la tradición como material activo.


Selwyn Birchwood es la figura más clara de esa expansión. Electric Swamp FunkinBlues no moderniza el blues desde fuera; lo hace circular desde dentro. Hay funk, soul psicodélico, swamp, humor, groove, lap steel y conciencia social. Pero esos elementos no aparecen como adorno de actualidad. Forman parte de una comprensión amplia de la música afroamericana: llamada y respuesta, cuerpo, repetición, comunidad, ironía, dolor y liberación. Birchwood no pide permiso al blues tradicional para abrir ventanas. Las abre porque entiende la casa.

Tedeschi Trucks Band representan otra vía contemporánea: la banda como comunidad. En tiempos de producción fragmentada, proyectos individuales y canciones pensadas para consumo rápido, Future Soul defiende una idea casi orquestal del blues-rock. Derek Trucks podría ocupar todo el plano, pero el grupo evita reducirse al modelo del guitar hero. Susan Tedeschi no actúa como simple vocalista principal: organiza el centro emocional de una arquitectura donde importan los vientos, los coros, los teclados, la sección rítmica y la respiración común. TTB son contemporáneos precisamente porque defienden algo antiguo: la música tocada en común.

Luke Winslow-King abre una tercera vía: el blues transatlántico. Coast of Light resulta especialmente interesante para NovoRiff porque desplaza el blues de su geografía habitual sin convertirlo en postal. Nueva Orleans sigue presente, pero aparece atravesada por España, Roberto Luti, el Mediterráneo, la luz, el viaje y una sensibilidad folk-jazz. El blues siempre ha sido música en movimiento: migraciones, trenes, puertos, estudios pequeños, carreteras, clubes, festivales europeos. Que en 2026 un disco conecte Nueva Orleans y España no es rareza; es continuidad histórica.


 The Sheepdogs representan una contemporaneidad menos dramática pero necesaria. Keep Out of the Storm no intenta redefinir el rock clásico. Tampoco lo convierte en parque temático. Su valor está en la canción, en las armonías, en el boogie, en las guitarras cálidas y en una relación sin cinismo con los años setenta. No todo presente necesita sonar rupturista para ser válido. A veces conservar una forma con dignidad, oficio y naturalidad también es una aportación.

La escena contemporánea se amplía aún más con Laura Chavez, Gabe Stillman, Eliza Neals y Bywater Call. Chavez convierte la guitarra instrumental en voz narrativa y rompe una genealogía demasiado masculina del blues de seis cuerdas. Stillman representa una generación joven que se mueve entre blues eléctrico, soul, rock y aprendizaje de tradición. Neals aporta blues-rock de Detroit, voz grande, teatralidad y músculo emocional. Bywater Call trabaja una zona de soul, R&B, blues y rock de raíz que no busca pureza, sino desarrollo emocional. La escena contemporánea es más interesante cuando se escucha en plural: mujeres guitarristas, voces soul, blues europeo, artistas jóvenes, proyectos transatlánticos y bandas que no caben en una sola etiqueta.

Puntos de contacto entre escena clásica y contemporánea

La convivencia entre escena clásica y contemporánea no se explica solo por nombres. Se explica por funciones musicales.

La primera es la guitarra como voz, no como deporte. B.B. King sigue siendo el modelo mayor: tocar poco, decir mucho, frasear como cantante. Esa idea reaparece, con lenguajes distintos, en Derek Trucks, Laura Chavez, Selwyn Birchwood, Gabe Stillman e incluso en los riffs de The Black Crowes. La diferencia entre legado y presente no está en el instrumento, sino en el uso. La escena clásica enseñó vocabulario; la contemporánea decide si lo convierte en frase viva o en exhibición vacía.

La segunda es la voz como archivo moral. Van Morrison, Lucinda Williams, Susan Tedeschi, Eric Bibb, Eliza Neals y Meghan Parnell muestran que cantar blues, soul o rock de raíz no consiste solo en afinar o proyectar. Es cargar una historia, una edad, una geografía y una experiencia. Lucinda no necesita sonar joven para sonar verdadera. Bibb no necesita gritar para ser político. Tedeschi no necesita dramatizar artificialmente para tener peso. En todos ellos, la voz funciona como prueba de vida.

La tercera es la banda como comunidad. Tedeschi Trucks Band, Lil’ Ed & The Blues Imperials, The Sheepdogs, Altered Five Blues Band o Bywater Call muestran que la banda sigue siendo un formato relevante. Gran parte de la cultura musical contemporánea tiende al solista, al productor, al proyecto individual o a la canción aislada. El rock y el blues, sin embargo, han dependido siempre de la interacción: batería que contesta, bajo que empuja, guitarra que respira, voz que convoca, coros que ensanchan. Cuando la banda funciona como comunidad sonora, el género gana profundidad.

La cuarta es el sello y el productor como mediadores. Mike Vernon recuerda la importancia histórica del productor y del sello. Alligator Records demuestra lo mismo en presente: un sello puede sostener una escena si cuida diversidad, continuidad y personalidad. El trimestre lo confirma con Tinsley Ellis, Lil’ Ed y Selwyn Birchwood, tres discos distintos bajo una misma conciencia de tradición. La escena no se sostiene solo con artistas. Se sostiene con estructuras: sellos, estudios, promotores, festivales, tiendas, periodistas, programadores y lectores. Escribir sobre música también participa en esa cadena de transmisión.

Tensiones del trimestre

La primera tensión es memoria frente a museo. El riesgo de la escena clásica es conservar el pasado sin conflicto. El homenaje a B.B. King puede ser genealogía viva o postal de prestigio. Van Morrison puede sonar a regreso necesario o a zona de confort. The Black Crowes pueden convertir el rock de raíz en combustión o en marca reconocible. La memoria es productiva cuando genera movimiento; el museo aparece cuando el pasado se conserva como objeto cerrado. El blues y el rock necesitan respeto, pero también fricción. Sin fricción, la tradición se vuelve decorativa.

La segunda tensión es evolución frente a maquillaje. El riesgo de la escena contemporánea consiste en confundir renovación con superficie. Añadir funk, psicodelia, soul, electrónica ligera o producción moderna no garantiza evolución. Birchwood funciona porque esos elementos forman parte de su lenguaje, no porque estén superpuestos. Luke Winslow-King funciona cuando el cruce transatlántico parece vivido, no turístico. Bywater Call interesa cuando el soul y el blues se integran en una tensión real, no en una fórmula de playlist. La evolución auténtica no consiste en vestir de moderno una estructura vieja. Consiste en encontrar una necesidad actual para esa estructura.

La tercera tensión es autenticidad frente a marca. El blues y el rock de raíz viven obsesionados con la autenticidad. Pero la autenticidad también puede convertirse en estética prefabricada: amplificadores viejos, fotos en blanco y negro, letras de carretera, portadas polvorientas, guitarras gastadas. Nada de eso garantiza verdad. El trimestre funciona mejor cuando la autenticidad no se proclama, sino que se escucha: en Tinsley Ellis, por la desnudez acústica; en Lil’ Ed, por la energía de club; en Lucinda Williams, por la escritura; en Tedeschi Trucks Band, por la respiración colectiva; en Selwyn Birchwood, por la convicción expansiva.

La cuarta tensión es canon frente a pluralidad. La escena clásica suele estar dominada por nombres masculinos, guitarristas y narrativas angloamericanas. El trimestre permite abrir esa lectura: Laura Chavez, Eliza Neals, Susan Tedeschi, Lucinda Williams, Mavis Staples en el entorno de Lucinda, Meghan Parnell en Bywater Call, las escenas europeas y la vía transatlántica obligan a ampliar el mapa. No se trata de corregir el canon por obligación externa. Se trata de escuchar mejor. El blues nunca fue una sola cosa; el rock de raíz tampoco.

Mapa editorial de convivencia

B.B. King y Joe Bonamassa representan la transmisión institucional. El maestro se convierte en centro gravitatorio; el discípulo contemporáneo organiza el homenaje. La relación es útil, pero exige vigilancia crítica: el tributo no debe tapar la fuente. B.B. King no necesita monumentos de mármol, sino oyentes capaces de entender el espacio, la pausa y la emoción contenida.

Van Morrison y Eric Bibb representan dos formas de veterano en relación con el blues. Morrison trabaja desde una autoridad más áspera, extensa e irregular; Bibb desde una serenidad humanista y una conciencia social más explícita. Ambos muestran que el blues puede ser voz madura, no solo guitarra joven. Pero sus caminos son distintos: Morrison vuelve al repertorio; Bibb convierte la tradición en conversación ética.

Lucinda Williams y Eliza Neals muestran dos maneras femeninas de habitar la raíz. Williams trabaja desde la escritura herida, el rock literario y la lectura moral del presente. Neals lo hace desde la voz grande, el blues-rock de ciudad, el piano, el soul y una teatralidad emocional que puede rozar el exceso, pero que amplía el campo expresivo.

The Black Crowes y The Sheepdogs ofrecen dos versiones del rock clásico contemporáneo. Los Crowes trabajan desde fricción, sensualidad y peligro de autocaricatura. The Sheepdogs, desde calidez, armonía y continuidad artesanal. Los primeros necesitan demostrar que su mito todavía se mueve; los segundos recuerdan que la canción puede seguir siendo suficiente.

Tedeschi Trucks Band y Bywater Call defienden la banda como organismo emocional. Una desde el gran formato soul-blues-jam; otra desde el cruce moderno de soul, R&B y roots rock. Ambas propuestas muestran que el blues y el rock de raíz ganan cuando no se reducen a un individuo al frente, sino que dejan espacio a la interacción.

Selwyn Birchwood y Luke Winslow-King son los dos vectores de expansión más claros. Birchwood abre el blues hacia el funk, el swamp, el soul psicodélico y la crítica contemporánea. Winslow-King lo mueve hacia el viaje transatlántico, Nueva Orleans, España y una luz distinta para la tradición. Uno expande por ritmo; el otro por geografía.

John P. Hammond, Mike Vernon y Paul Geremia recuerdan que todo lo anterior depende de transmisión. Sin intérpretes-puente, productores, estudios, sellos y guardianes acústicos, el presente no tendría continuidad. Su ausencia aporta una lección sobria: cada disco nuevo se apoya sobre décadas de mediaciones invisibles.

Cinco discos, cinco formas de mantener viva la raíz

Del homenaje y el archivo a la expansión rítmica, la música de banda, la continuidad del rock clásico y el viaje transatlántico.

Portada de Electric Swamp Funkin' Blues, de Selwyn Birchwood

Selwyn Birchwood
Electric Swamp Funkin’ Blues

Portada de Future Soul, de Tedeschi Trucks Band

Tedeschi Trucks Band
Future Soul

Edición de B.B. King's Blues Summit 100

Joe Bonamassa y varios artistas
B.B. King’s Blues Summit 100

Portada de Keep Out of the Storm, de The Sheepdogs

The Sheepdogs
Keep Out of the Storm

Portada de Coast of Light, de Luke Winslow-King

Luke Winslow-King
Coast of Light

Portadas y material promocional: Alligator Records, Tedeschi Trucks Band, Joe Bonamassa Official Store y los Bandcamp oficiales de The Sheepdogs y Luke Winslow-King. Pulsa sobre cada imagen para consultar la fuente.

Recomendación NovoRiff: cinco puertas de entrada para entender el trimestre

El primer trimestre de 2026 ofrece mucho material, pero no todo cumple la misma función. Algunas obras sirven para tomar la temperatura inmediata del blues actual; otras exigen escucha larga; otras obligan a volver al archivo para no perder perspectiva; y otras funcionan como puentes entre escenas, geografías o generaciones.

La recomendación NovoRiff no debe leerse como un ranking cerrado. Es un mapa de escucha: cinco discos que explican, desde ángulos distintos, el estado del rock de raíz y del blues durante el periodo enero-marzo de 2026.

1. Para escucha inmediata: Selwyn Birchwood — Electric Swamp FunkinBlues

Si hay que elegir un solo disco para tomar el pulso del blues contemporáneo en el primer trimestre de 2026, la recomendación inmediata es Selwyn Birchwood — Electric Swamp FunkinBlues. Es el disco que entra por el cuerpo. Tiene ritmo, color, humor, mensaje, guitarra, lap steel, narrativa social y una idea de comunidad que conecta con la tradición sin quedar encerrada en ella.

“The Church Of Electric Swamp Funkin’ Blues” es la puerta natural. No es solo una canción; es un manifiesto. Convierte el escenario en púlpito, al público en congregación y al groove en forma de comunión laica. La letra no predica pureza, sino liberación musical. El blues aparece como espacio común, no como recinto cerrado para puristas.

Lo interesante de Birchwood es que no moderniza el blues desde fuera. No añade funk, soul o psicodelia como una capa superficial. Lo que hace es recordar que esos lenguajes comparten una genealogía profunda: llamada y respuesta, repetición hipnótica, cuerpo, ironía, dolor, baile, comunidad y resistencia. En ese sentido, Electric Swamp FunkinBlues no rompe con el blues tradicional; lo pone a circular.

Valor editorial NovoRiff: es el disco que mejor responde a la pregunta de cómo puede sonar el blues actual sin convertirse en museo ni en producto de laboratorio. La respuesta de Birchwood es convincente: raíz, groove, imaginación y personalidad.

Vídeo recomendado · El manifiesto en escena

“The Church of Electric Swamp Funkin’ Blues”: groove, teatralidad y comunidad convertidos en declaración estética. Vídeo del canal oficial de Selwyn Birchwood.

2. Para análisis detenido: Tedeschi Trucks Band — Future Soul

La recomendación para análisis detenido es Tedeschi Trucks Band — Future Soul. No es un disco para escuchar únicamente buscando solos de Derek Trucks. Esa sería una lectura pobre. Su importancia está en demostrar cómo una banda grande puede sonar orgánica en 2026.

En una época marcada por producciones fragmentadas, colaboraciones remotas y canciones pensadas para consumo rápido, Tedeschi Trucks Band siguen defendiendo una idea comunitaria de la música. Voces, guitarras, sección rítmica, teclados, vientos, coros y dinámica de escenario trasladada al estudio. El single “I Got You” resume bien esa orientación: rock, soul, blues y comunidad de músicos antes que ego de solista.

La clave está en que Derek Trucks podría ocupar todo el plano, pero no lo hace. Su guitarra pesa precisamente porque sabe esperar. Susan Tedeschi no funciona como simple vocalista principal: es el centro emocional del conjunto. Su voz organiza la temperatura de la banda y evita que el proyecto caiga en virtuosismo instrumental sin relato.

Valor editorial NovoRiff: Future Soul sirve para explicar una de las tensiones centrales del trimestre: individualidad frente a comunidad. En un informe lleno de guitarristas, TTB reivindican la banda como espacio de escucha mutua.

Vídeo recomendado · La banda antes que el lucimiento

“I Got You” permite ver y escuchar el equilibrio entre Susan Tedeschi, Derek Trucks, voces, vientos y sección rítmica. Vídeo del canal oficial de Tedeschi Trucks Band.

3. Para recuperar del archivo: B.B. King — Live at the Regal y B.B. Kings Blues Summit 100

La recomendación de archivo no puede ser otra: B.B. King — Live at the Regal. Su inclusión no es un gesto automático de canon. Es una herramienta de escucha. Para entender por qué B.B. King sigue siendo el centro gravitatorio de tantos homenajes, guitarristas y debates sobre blues eléctrico, conviene volver a ese disco antes de acercarse a B.B. King’s Blues Summit 100.

La secuencia recomendada importa: primero Live at the Regal, después Blues Summit 100. Si se escucha al revés, el homenaje puede parecer simplemente un desfile de invitados. Si se escucha después del original, se entiende mejor la dificultad del encargo. King no era un guitarrista de saturación ni de exhibición. Su fuerza estaba en el espacio, el vibrato, la frase breve, el fraseo vocal de Lucille, la tensión entre voz y guitarra y una relación con el público que convertía cada respuesta de la sala en parte de la música.

Ahí está el criterio para escuchar B.B. King’s Blues Summit 100. La pregunta no debe ser qué invitado luce más, sino quién entiende mejor esa economía. La influencia de King no se mide por quién toca más parecido a él, sino por quién comprende que tocar blues también significa saber dejar espacio.

Valor editorial NovoRiff: esta recomendación funciona como columna vertebral histórica del trimestre. No es nostalgia; es método crítico. Volver a Live at the Regal permite escuchar mejor todo lo demás, desde Bonamassa hasta Derek Trucks, desde Christone “Kingfish” Ingram hasta Laura Chavez.

4. Para lectores de rock clásico: The Sheepdogs — Keep Out of the Storm

Para lectores de rock clásico, la recomendación más equilibrada es The Sheepdogs — Keep Out of the Storm. La banda canadiense ocupa un lugar muy interesante porque no hace del pasado una carga solemne. Su música no intenta demostrar constantemente que conoce el canon. Lo practica.

Hay armonías, guitarras limpias, boogie, country-rock, blues ligero, ecos de Laurel Canyon, The Band, Creedence, Allman Brothers y rock canadiense de carretera. Pero todo aparece con una naturalidad que evita la caricatura. En un trimestre donde abundan los discos de blues con dimensión histórica o carga conceptual, Keep Out of the Storm ofrece algo distinto: rock de canciones.

Su valor está en la calidez, en la melodía, en el placer de tocar juntos, en la manera de sostener una tradición sin convertirla en museo ni en nostalgia premium. La diferencia con The Black Crowes es útil. Los Crowes trabajan desde fricción, sensualidad, aspereza y teatralidad del exceso. The Sheepdogs son más luminosos. Menos peligrosos quizá, pero también menos propensos a la autocaricatura.

Valor editorial NovoRiff: permite hablar de una zona menos espectacular pero muy necesaria del trimestre: el rock de raíz como continuidad artesanal. Es el disco que se recomienda a quien busca guitarras, canciones y calidez sin peso excesivo de museo.

Vídeo recomendado · Clasicismo sin solemnidad

“Keep Out of the Storm” condensa la calidez, las armonías y el oficio de canción que el artículo atribuye al grupo canadiense. Vídeo del canal oficial de The Sheepdogs.

5. Para cruce NovoRiff España / blues internacional: Luke Winslow-King — Coast of Light

La recomendación con mayor potencial para NovoRiff en clave España / blues internacional es Luke Winslow-King — Coast of Light. Este disco permite escribir sobre el blues desde una posición menos habitual: no como observadores europeos de una tradición estadounidense distante, sino como parte de una circulación transatlántica.

Coast of Light no abandona Nueva Orleans, pero tampoco se queda encerrado en ella. Hay blues, folk, jazz, luz mediterránea, viaje, desplazamiento y búsqueda de paisaje sonoro. La palabra clave es desplazamiento. El blues siempre ha sido música en movimiento: migraciones del Delta a Chicago, trenes, carreteras, puertos, estudios, circuitos de club, festivales europeos, escenas locales. Que en 2026 un músico vinculado a Nueva Orleans publique un disco atravesado por influencias españolas no debería verse como rareza, sino como continuidad histórica.

“Dangerous Blues” es la entrada natural. No es un blues de manual ni una pieza de exhibición guitarrística. Tiene una elegancia inquieta, un aire de tránsito, como si la canción se moviera entre calles de Nueva Orleans, costa mediterránea y memoria folk. Roberto Luti aporta una sensibilidad guitarrística importante: conoce el idioma del blues, pero no lo fuerza hacia una caricatura estadounidense.

Valor editorial NovoRiff: Coast of Light es probablemente la recomendación con mayor potencial para un artículo propio. Tiene conexión española, lectura transatlántica, blues de raíz, jazz, folk y una narrativa de desplazamiento que puede interesar tanto a lectores de blues como de americana.

Vídeo recomendado · El blues en tránsito

“Dangerous Blues”, en directo, muestra la tensión acústica y el diálogo entre tradición del Hill Country y sensibilidad transatlántica. Vídeo del canal oficial de Luke Winslow-King.

Orden de escucha NovoRiff

Para que el lector no se enfrente a estas cinco recomendaciones como piezas aisladas, el orden de escucha debería tener sentido narrativo.

Primero, Selwyn Birchwood — Electric Swamp FunkinBlues. Sirve para entrar en el presente inmediato del blues: ritmo, humor, funk, swamp, crítica contemporánea y personalidad.

Después, Tedeschi Trucks Band — Future Soul. Una vez abierto el cuerpo con Birchwood, TTB permiten ampliar la escucha hacia la banda grande, el soul-blues colectivo y la arquitectura instrumental.

En tercer lugar, B.B. King — Live at the Regal. Conviene regresar al archivo justo después de escuchar a músicos actuales. Así se entiende mejor qué significan economía expresiva, fraseo y autoridad.

Luego, The Sheepdogs — Keep Out of the Storm. Después de la densidad histórica de B.B. King, este disco aporta aire, melodía, rock clásico y placer de canción.

Por último, Luke Winslow-King — Coast of Light. Es el cierre ideal porque abre el informe hacia una dimensión geográfica: el blues viajando, cambiando de luz y conectando con España.

Recomendaciones complementarias

Aunque el núcleo del cierre son los cinco discos anteriores, hay otros trabajos del trimestre que conviene mencionar como extensiones naturales.

Tinsley Ellis — Labor of Love funciona como complemento acústico perfecto. Si Birchwood representa expansión y Tedeschi Trucks Band comunidad, Tinsley Ellis representa desnudez. Es recomendable para lectores que quieran escuchar el blues reducido a madera, voz, cuerda y relato.

Eric Bibb — One Mississippi es la recomendación humanista. Bibb trabaja desde un blues-folk de conciencia social, paz, justicia y comunidad. No compite en volumen ni en espectacularidad; su intensidad está en la serenidad.

Lil’ Ed & The Blues Imperials — Slideways es el complemento de club. Donde Bibb mira hacia la conversación íntima y Tinsley hacia la desnudez acústica, Lil’ Ed devuelve el blues al suelo: slide, shuffle, humor, sudor y energía de Chicago.

Laura Chavez — My Voice debe quedar señalada como recomendación guitarrística. Su debut instrumental merece atención porque convierte la guitarra en voz narrativa y rompe una genealogía excesivamente masculina del blues de seis cuerdas.

Lucinda Williams — World’s Gone Wrong no es blues en sentido estricto, pero sí una pieza clave de rock de raíz. Williams representa la canción como lectura moral del presente: voz quebrada, escritura áspera, crisis social y tradición sureña.

La recomendación NovoRiff del trimestre no busca señalar “el mejor disco” de enero a marzo. Busca ordenar una escucha amplia. Selwyn Birchwood muestra hacia dónde puede ir el blues cuando acepta el funk, el soul, el humor y la crítica contemporánea. Tedeschi Trucks Band recuerdan que el blues-rock puede seguir siendo una música de comunidad. B.B. King obliga a volver al fundamento: espacio, fraseo, voz, silencio y emoción. The Sheepdogs defienden el rock clásico como oficio luminoso, no como pose. Luke Winslow-King abre una puerta transatlántica especialmente fértil para NovoRiff.

Cierre general de la serie

Esta serie trimestral comenzó con una constatación: el rock y el blues de 2026 no están en el centro de la cultura popular, pero tampoco están muertos. Respiran en otro régimen. Respiran por sellos, por escenas, por memoria, por giras, por discos modestos, por homenajes, por bandas grandes, por guitarristas jóvenes, por voces veteranas, por cruces geográficos y por oyentes que siguen buscando algo más que consumo rápido.

El primer artículo planteaba la tesis general: una escena de raíz que sigue funcionando por capas. El segundo observaba las noticias principales del trimestre: Alligator, B.B. King, Tedeschi Trucks Band, Eric Bibb, Van Morrison, Lucinda Williams, The Black Crowes, The Sheepdogs y las pérdidas de Hammond, Vernon y Geremia. El tercero ordenaba los discos esenciales. El cuarto proponía una playlist comentada de veinte canciones. El quinto devolvía el presente a su memoria histórica: del blues rural al nacimiento del rock and roll. Este sexto artículo cierra el círculo con una interpretación: la vitalidad del trimestre está en la convivencia tensa entre escena clásica y escena contemporánea.

No hay que idealizar el panorama. Hay nostalgia vacía. Hay homenajes que corren el riesgo de pesar más por sus invitados que por su lectura musical. Hay discos veteranos que pueden sonar a zona de confort. Hay propuestas contemporáneas que confunden mezcla con profundidad. Hay autenticidades de escaparate y gestos heredados que ya no arden.

Pero también hay señales sólidas. Birchwood no trata el blues como museo. Tedeschi Trucks Band siguen defendiendo la banda como comunidad. Tinsley Ellis demuestra que la desnudez acústica puede ser madurez. Eric Bibb recuerda que el blues también puede ser conversación moral. Lucinda Williams convierte la raíz en lectura de un mundo dañado. The Sheepdogs mantienen vivo el rock clásico sin cinismo. Luke Winslow-King desplaza el blues hacia una luz transatlántica. Laura Chavez amplía la genealogía de la guitarra. Lil’ Ed recuerda que el club sigue siendo una universidad del blues. B.B. King, incluso desde el archivo, sigue enseñando a tocar menos y decir más.

La conclusión no debe ser triunfalista. Debe ser precisa. El blues y el rock de raíz no necesitan proclamarse salvados. Necesitan seguir siendo necesarios. Necesitan evitar dos trampas simétricas: convertirse en museo o convertirse en superficie moderna sin profundidad. Cuando encuentran el equilibrio, todavía producen verdad musical.

El trimestre se entiende mejor si se escucha en movimiento: del swamp funk al soul-blues de banda grande, del archivo de B.B. King al rock clásico contemporáneo, de la guitarra acústica al club de Chicago, de la voz moral de Lucinda Williams al humanismo de Eric Bibb, de Nueva Orleans a España. Esa ruta evita dos peligros: convertir el blues en reliquia y convertir el rock de raíz en simple nostalgia.

El pasado no debe ser una cárcel. El futuro no debe ser una excusa decorativa. Entre ambos, el blues y el rock de raíz siguen encontrando espacio para respirar.

Bibliografía y fuentes consultadas

Alligator Records. 2026. “Tinsley Ellis Announces First Leg of 2026 Labor of Love Tour.” Publicado el 8 de enero de 2026. Consulta: 25 de mayo de 2026.

Alligator Records. 2026. “Lil’ Ed & The Blues Imperials to Release Slideways on February 27, 2026.” Publicado el 5 de enero de 2026. Consulta: 25 de mayo de 2026.

Alligator Records. 2026. “Visionary Bluesman Selwyn Birchwood to Release Electric Swamp FunkinBlues on March 27, 2026.” Publicado el 26 de enero de 2026. Consulta: 25 de mayo de 2026.

The Blues Foundation. 2026. “Blues Music Awards: 2026 Nominees.” Consulta: 25 de mayo de 2026.

Concord Records. 2026. “Tedeschi Trucks Band Announces Sixth Studio Album Future Soul Out March 20th.” Publicado el 23 de enero de 2026. Consulta: 25 de mayo de 2026.

Bibb, Eric. 2025. “One Mississippi.” Eric Bibb Official. Publicado el 10 de octubre de 2025. Consulta: 25 de mayo de 2026.

Morrison, Van. 2026. “Somebody Tried To Sell Me A Bridge.” Van Morrison Official. Consulta: 25 de mayo de 2026.

Williams, Lucinda. 2026. “World’s Gone Wrong.” Lucinda Williams Official. Consulta: 25 de mayo de 2026.

The Black Crowes. 2026. “The Black Crowes Ready Their Most Ambitious Studio Album Yet: A Pound of Feathers.” Publicado el 8 de enero de 2026. Consulta: 25 de mayo de 2026.

The Sheepdogs. 2026. “Keep Out Of The Storm.” Bandcamp. Publicado el 27 de febrero de 2026. Consulta: 25 de mayo de 2026.

Winslow-King, Luke. 2026. “Coast of Light.” Bandcamp / Bloodshot Records. Consulta: 25 de mayo de 2026.

Joe Bonamassa Official Store. 2026. “B.B. King’s Blues Summit 100.” Consulta: 25 de mayo de 2026.

Rock & Blues Muse. 2025. “Joe Bonamassa Announces B.B. King’s Blues Summit 100 All Star Lineup.” Publicado el 16 de septiembre de 2025. Consulta: 25 de mayo de 2026.

DownBeat. 2026. “In Memoriam: John Hammond Jr., 1942–2026.” Consulta: 25 de mayo de 2026.

Russell, Tony. 2026. “Mike Vernon Obituary.” The Guardian. Publicado el 16 de marzo de 2026; última modificación el 20 de marzo de 2026. Consulta: 25 de mayo de 2026.

Monahan Drabble Sherman Funeral Home. 2026. “Paul A. Geremia Obituary.” Legacy.com. Publicado el 16 de marzo de 2026. Consulta: 25 de mayo de 2026.

martes, 9 de junio de 2026

Noticias clave del trimestre: Alligator, B.B. King, Tedeschi Trucks Band y el pulso del blues actual

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Seis miradas sobre una escena de raíz que sigue respirando

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2. Noticias clave del trimestre: Alligator, B.B. King, Tedeschi Trucks Band y el pulso del blues actual

Artículo 2 · El pulso del blues actual en el primer trimestre de 2026

Lectura del trimestre. El primer trimestre de 2026 dejó una señal nítida para el rock de raíz y el blues: la escena no está inmóvil. Tampoco vive una explosión masiva ni una vuelta triunfal al centro de la cultura popular. Lo que aparece es algo más discreto, pero más sólido: una red de continuidad donde sellos históricos, artistas veteranos, nuevas figuras y proyectos conmemorativos siguen manteniendo activo un lenguaje que muchos han dado por agotado demasiadas veces.

Entre enero y marzo, el blues funcionó como eje vertebrador. No como género cerrado ni como reliquia patrimonial, sino como una lengua capaz de adoptar varias formas: acústica, eléctrica, soul, funk, rockera, narrativa, espiritual y de memoria histórica. Alligator Records concentró buena parte de esa vitalidad con tres lanzamientos que resumen tres edades posibles del blues contemporáneo. B.B. King volvió al centro del mapa mediante un homenaje de gran escala impulsado por Joe Bonamassa. Tedeschi Trucks Band defendieron el gran formato de banda como una vía todavía fértil para el blues-rock. Eric Bibb, Van Morrison y Lucinda Williams trabajaron la raíz desde registros muy distintos: conciencia humanista, repertorio blues y lectura moral del presente. The Black Crowes y The Sheepdogs sostuvieron el flanco del rock clásico y sureño. Y, como contrapunto inevitable, el trimestre también estuvo marcado por pérdidas importantes para la memoria del blues: John P. Hammond, Mike Vernon y Paul Geremia.

La fotografía general no es la de una escena esperando un salvador. Es la de un ecosistema que sigue respirando por acumulación: discos, sellos, giras, homenajes, repertorios, estudios, clubes, oyentes y músicos que todavía creen en una música tocada con cuerpo, fricción y memoria.

Alligator Records marca el pulso blues del trimestre

La primera gran noticia del trimestre fue el papel de Alligator Records como centro de gravedad del blues contemporáneo. No por una única publicación aislada, sino por la coincidencia de tres lanzamientos que, juntos, dibujan un mapa casi pedagógico de la escena: Tinsley Ellis con Labor of Love, Lil’ Ed & The Blues Imperials con Slideways y Selwyn Birchwood con Electric Swamp Funkin’ Blues.

El caso de Tinsley Ellis es especialmente significativo. Labor of Love, publicado el 30 de enero de 2026, fue presentado por Alligator como su segundo álbum acústico y el primero en ese formato compuesto íntegramente por material original. El dato importa porque evita leer el disco como simple ejercicio de versiones, retiro amable o homenaje arqueológico. Ellis no se limita a visitar la tradición: escribe desde ella. La guitarra acústica aparece como herramienta de reducción, no como adorno de autenticidad. Voz, cuerda, ataque, silencio y narración quedan en primer plano. Después de una trayectoria asociada al músculo eléctrico y al blues-rock sureño, Ellis se sitúa aquí ante un tipo de exposición más exigente: sin volumen ni banda que disimulen la fragilidad del relato.

En el extremo opuesto de esa desnudez aparece Lil’ Ed & The Blues Imperials. Slideways, anunciado para el 27 de febrero, fue descrito por Alligator como una colección de trece canciones, doce de ellas escritas o coescritas por Lil’ Ed Williams, producida junto a Bruce Iglauer. Aquí el blues no se repliega hacia la introspección acústica: vuelve al club, al sudor, al humor, al shuffle y al empuje físico de la banda. Lil’ Ed mantiene viva una línea de Chicago blues donde la guitarra slide no actúa como reliquia, sino como herramienta de combustión directa. Su blues no pide permiso a la modernidad; se legitima en el escenario, en el cuerpo y en esa capacidad antigua de convertir la pena en movimiento colectivo.

La tercera pieza del triángulo es Selwyn Birchwood, que publicó Electric Swamp Funkin’ Blues el 27 de marzo. Alligator lo presentó como su quinto álbum para el sello, autoproducido, grabado en Florida y construido sobre diez canciones originales que mezclan blues tradicional, funk, R&B de sabor Stax y psicodelia. El single “The Church Of Electric Swamp Funkin’ Blues” funcionó casi como declaración de principios: una liturgia laica del groove, con el blues entendido como congregación abierta antes que como museo de especialistas.

La importancia de este triángulo está en su diversidad interna. Ellis representa la depuración acústica; Lil’ Ed, la supervivencia del blues eléctrico de club; Birchwood, la expansión contemporánea hacia el funk, el soul y el swamp psicodélico. Tres discos, tres estrategias, tres maneras de sostener una tradición sin congelarla. Alligator no actúa aquí solo como sello histórico: actúa como curador de una continuidad en movimiento.

B.B. King’s Blues Summit 100: el homenaje como genealogía viva

El centenario de B.B. King podía haberse resuelto con una reedición convencional, un recopilatorio de catálogo o una campaña conmemorativa sin riesgo. En cambio, Joe Bonamassa impulsó B.B. King’s Blues Summit 100, un proyecto de 32 canciones publicado en su forma completa el 6 de febrero de 2026, con edición digital, doble CD y triple vinilo. Su dimensión es ambiciosa: no se limita a recordar a King, sino que convoca a varias generaciones de músicos para reinterpretar su legado.

La lista de participantes explica el alcance del homenaje. En torno al repertorio de King aparecen nombres vinculados al blues tradicional, al blues-rock, al soul, al rock guitarrero y a la americana: Buddy Guy, Keb’ Mo’, Shemekia Copeland, Christone “Kingfish” Ingram, Marcus King, Larkin Poe, Jimmie Vaughan, Warren Haynes, Slash, Eric Clapton, Chaka Khan y otros. Esa amplitud confirma algo fundamental: B.B. King no pertenece solo a la historia interna del blues. Pertenece a la genealogía general de la guitarra eléctrica popular del siglo XX.

La figura de Bonamassa como impulsor introduce una lectura interesante, pero también exige prudencia. Bonamassa representa una de las vías contemporáneas más visibles del blues-rock: virtuosismo, capacidad de convocatoria, conciencia histórica y sentido de espectáculo. Sus virtudes son evidentes; sus riesgos también. En un homenaje a B.B. King, el peligro principal es la monumentalidad excesiva. King no necesitaba tocar mucho para decir mucho. Su grandeza estaba en el espacio, en la pausa, en el vibrato, en la economía expresiva y en esa capacidad de convertir una nota breve en una frase vocal.

Por eso B.B. King’s Blues Summit 100 no debe analizarse solo como “disco de invitados”. Su valor está en mostrar cómo distintas escuelas siguen orbitando alrededor de King: la guitarra blues clásica, el blues-rock de estadio, la voz soul, el slow blues dramático, el fraseo contenido y la elegancia de banda grande. La pregunta crítica no es qué invitado luce más, sino quién entiende mejor la lección de King: dejar respirar la música.

Cuando los intérpretes respetan esa economía expresiva, el proyecto puede funcionar como genealogía viva. Cuando la exceden, aparece el riesgo de convertir el centenario en escaparate. Aun así, por escala, intención y alcance intergeneracional, es uno de los acontecimientos blues centrales del trimestre.

Tedeschi Trucks Band y la defensa del gran formato

Tedeschi Trucks Band lanzaron Future Soul el 20 de marzo de 2026 a través de Fantasy Records. Concord lo presentó como el sexto álbum de estudio de la banda, una colección de once canciones publicada durante su residencia de diez noches en el Beacon Theatre de Nueva York. El disco llegó acompañado por una gira extensa de 2026, lo que refuerza la naturaleza esencialmente escénica del grupo.

La noticia importa porque Tedeschi Trucks Band siguen defendiendo una idea de banda que parece casi contracultural en tiempos de producción fragmentada. La formación liderada por Susan Tedeschi y Derek Trucks no se limita a sumar músicos alrededor de una pareja central. Funciona como organismo colectivo, con sección rítmica amplia, voces, vientos, teclados y una forma de construir canciones que depende tanto del diálogo interno como del lucimiento individual.

En el blues-rock contemporáneo existe una tentación permanente: reducirlo todo al guitar hero. Tedeschi Trucks Band se sitúan en otro lugar. Derek Trucks es uno de los grandes guitarristas de su generación, pero la arquitectura del grupo evita que la guitarra sea el único argumento. El sonido se apoya en respiración de conjunto, dinámicas de soul sureño, fraseo gospel, estructuras de jam controlada y una relación directa con la tradición de The Allman Brothers Band, Delaney & Bonnie, Derek and the Dominos y los grandes ensambles de soul sureño.

Future Soul confirma que el blues-rock puede sonar expansivo sin perder raíz. En una época de singles rápidos, consumo fragmentado y producción atomizada, TTB siguen pensando en repertorio, directo, comunidad y desarrollo instrumental. Su importancia no reside solo en la calidad de sus intérpretes, sino en la manera en que desplazan el foco del virtuosismo hacia la conversación.

Trucks no desaparece, pero se integra. Tedeschi no actúa como simple vocalista principal, sino como centro emocional de una banda que entiende el soul y el blues como lenguajes compartidos. Esa diferencia estética es esencial: Tedeschi Trucks Band no hacen blues-rock de escaparate; hacen música de conjunto, con memoria de escenario y vocación de permanencia.

Eric Bibb y el blues humanista

Eric Bibb publicó One Mississippi el 30 de enero de 2026 a través de Repute Records. Su web oficial lo presentó como una colección de trece canciones originales o coescritas, más una versión de “One Mississippi” de Janis Ian y Fred Koller. El enfoque del disco aparece vinculado a ideas de paz, justicia, unidad y memoria social.

Bibb ocupa un lugar singular dentro del blues contemporáneo. No construye su autoridad desde la electricidad, la agresividad ni el virtuosismo visible. Su fuerza reside en una mezcla de claridad moral, calidez acústica, folk-blues, gospel y narración. En un trimestre donde también aparecen discos más incendiarios o musculares, One Mississippi introduce un registro distinto: el blues como conversación civil, como herramienta de memoria y como forma de resistencia serena.

Hay en Bibb una relación muy particular con la tradición. No reproduce el blues rural como postal arqueológica ni lo adapta a la contemporaneidad mediante una producción excesiva. Lo trabaja como idioma ético. Sus canciones suelen parecer sencillas en superficie, pero están construidas sobre una idea muy precisa de comunidad: voz cercana, guitarra sin teatralidad, ritmo que acompaña antes que imponerse y letras que no separan biografía, historia y conciencia social.

Su presencia en el trimestre es necesaria porque recuerda que el blues no siempre necesita dramatismo eléctrico para ser profundo. También puede ser una forma de conversación intergeneracional, una música de cuidado, denuncia y esperanza medida. Si Selwyn Birchwood representa la expansión funk y Lil’ Ed la energía de club, Bibb representa la continuidad humanista. No hay aquí escapismo ni nostalgia confortable: hay memoria puesta al servicio del presente, con una sobriedad que evita tanto el panfleto como la complacencia.

Van Morrison: regreso al repertorio blues con cautela crítica

Van Morrison publicó Somebody Tried To Sell Me A Bridge en enero de 2026. La página oficial del artista recoge un repertorio de fuerte presencia blues, con títulos como “Kidney Stew Blues”, “King For A Day Blues”, “Snatch It Back And Hold It”, “Deep Blue Sea”, “Madame Butterfly Blues”, “On A Monday”, “Monte Carlo Blues”, “Somebody Tried To Sell Me A Bridge” e “I’m Ready”. Apple Music sitúa la publicación el 23 de enero de 2026 y la clasifica directamente dentro del blues.

La noticia tiene interés porque Morrison lleva décadas trabajando en una zona de cruce entre blues, soul, jazz, gospel, rhythm and blues y canción celta. En su caso, el blues no aparece como influencia ocasional, sino como uno de los idiomas estructurales de su obra. Su fraseo, su forma de repetir motivos, su relación con el tiempo interno de la canción y su manera de moverse entre canto y recitación proceden de una familiaridad profunda con la música negra estadounidense.

Ahora bien, la lectura debe ser cauta. Cuando un artista con una trayectoria tan larga publica un disco de orientación tan explícitamente blues, conviene analizarlo con doble enfoque: por un lado, como reafirmación de autoridad; por otro, como posible repliegue hacia un territorio conocido. Morrison conserva una autoridad interpretativa difícil de discutir, pero su producción reciente ha sido amplia e irregular. No todo regreso a la raíz tiene el mismo peso artístico.

Somebody Tried To Sell Me A Bridge importa porque concentra su relación con el blues, pero no conviene aceptarlo automáticamente como gran acontecimiento solo por el peso del nombre. Su valor real dependerá de si esas canciones suenan habitadas o simplemente administradas. En cualquier caso, su presencia ayuda a recordar algo fundamental: el blues no es solo guitarra. También es dicción, respiración, timing, fraseo y memoria vocal.

Lucinda Williams y la raíz como diagnóstico del presente

Lucinda Williams presentó World’s Gone Wrong como nuevo álbum publicado el 23 de enero de 2026, con el single “The World’s Gone Wrong” como adelanto principal. Su web oficial confirmó el título, la fecha y la salida del single, mientras otras fuentes especializadas lo situaron como un álbum de diez canciones distribuido por Thirty Tigers y conectado con colaboraciones de Brittney Spencer, Mavis Staples y Norah Jones.

Williams no pertenece al blues en sentido estricto, pero su música sería difícil de entender sin el blues. Su escritura ha vivido siempre en un territorio de fricción entre country, folk, rock sureño, soul, gospel, americana y una sensibilidad lírica atravesada por pérdida, deseo, culpa, rabia y redención. En World’s Gone Wrong, el propio título activa una lectura histórica: no solo describe un presente roto, sino que conecta con una tradición blues de diagnóstico moral, donde el mundo exterior y la herida íntima nunca están del todo separados.

Lo relevante no es si el álbum debe etiquetarse como blues, rock o americana. Lo importante es cómo Williams usa la tradición para hablar de un presente deteriorado sin caer en consigna plana. En su mejor versión, Lucinda no escribe “sobre” la crisis: deja que la crisis atraviese la voz, el ritmo, el desgaste y el fraseo. Esa cualidad la sitúa cerca del blues como actitud estética, aunque su lenguaje armónico y narrativo sea más amplio.

World’s Gone Wrong debe leerse como una pieza de raíz contemporánea, no como simple disco de protesta. Su interés está en la textura moral de las canciones: cansancio, lucidez, comunidad y resistencia. Si Eric Bibb aporta serenidad humanista, Williams introduce una herida más áspera, más rockera, más cercana a la intemperie.

The Black Crowes: segunda vida, segunda exigencia

The Black Crowes anunciaron A Pound of Feathers el 8 de enero de 2026, con publicación prevista para el 13 de marzo a través de Silver Arrow Records. La propia banda lo presentó como un disco producido por Jay Joyce, grabado en Nashville y compuesto por once canciones escritas por Chris y Rich Robinson. La comunicación oficial subrayó que el álbum fue registrado en un proceso rápido, de ocho a diez días, buscando prolongar el impulso creativo de Happiness Bastards.

La noticia pesa porque The Black Crowes atraviesan una segunda etapa en la que ya no basta con celebrar la reunión. Tras años de tensiones internas, separación y regreso, el verdadero reto no era volver a los escenarios, sino demostrar continuidad creativa. Happiness Bastards abrió esa puerta; A Pound of Feathers la pone a prueba. La pregunta editorial es sencilla: ¿hay canciones nuevas con necesidad propia o solo una administración eficaz del imaginario Crowes?

El lenguaje del grupo sigue siendo reconocible: blues-rock, soul sureño, riffs deudores de los setenta, actitud de banda de carretera, coros con sabor gospel y una relación muy física con el groove. El peligro, como siempre en The Black Crowes, está en la autocaricatura. Su grandeza histórica no reside solo en sonar “vintage”, sino en haber convertido ese vocabulario en una forma de tensión: elegancia y suciedad, arrogancia y fragilidad, tradición negra americana y exceso rockero blanco.

La noticia merece un lugar destacado porque muestra a una banda veterana intentando producir presente. Pero la lectura debe ser exigente. Un buen riff no basta si no hay canción, y una producción suelta no basta si no hay verdad. A Pound of Feathers será relevante en la medida en que convierta el legado Crowes en movimiento, no en marca.

The Sheepdogs y el rock clásico sin cinismo

The Sheepdogs publicaron Keep Out of the Storm el 27 de febrero de 2026. Su Bandcamp recoge once canciones y clasifica el álbum dentro de americana, rock, rock and roll, southern rock y classic rock. La propia descripción del grupo insiste en su mezcla de rock’n’roll, roots y blues, con armonías que evocan el imaginario de Crosby, Stills, Nash & Young y otros ecos de Laurel Canyon.

La banda canadiense ocupa un espacio muy útil dentro del informe porque representa una forma de rock clásico menos solemne que la de otros nombres veteranos. En The Sheepdogs no hay una voluntad de cargar cada acorde con gravedad histórica. Su música trabaja desde el placer de tocar, la calidez de las guitarras, la melodía clara, la armonía vocal y una comprensión natural del boogie, el country-rock y el blues de raíz.

Eso no significa que sean una banda menor o simplemente agradable. Su interés está precisamente en la ausencia de cinismo. En un contexto donde muchos proyectos de rock clásico se debaten entre la parodia retro y la ansiedad por sonar modernos, The Sheepdogs aceptan su territorio sin complejos. No intentan disfrazar la influencia setentera, pero tampoco la convierten en un museo frío. Hay oficio, ligereza y una relación honesta con la canción.

Dentro de un trimestre muy cargado de blues, The Sheepdogs aportan equilibrio. Son rock de guitarras, pero no desde la dureza; son raíz, pero no desde la solemnidad; son retro, pero no parecen atrapados en una pose. Keep Out of the Storm funciona como recomendación natural para lectores de rock clásico que buscan continuidad sin grandilocuencia. No aspira a redefinir el género, y ahí está parte de su encanto. Su valor está en recordar que el rock de raíz también puede ser luminoso, melódico y artesanal sin perder dignidad crítica.

Hammond, Vernon y Geremia: la memoria blues también se despide

El primer trimestre de 2026 también quedó marcado por varias pérdidas importantes para la memoria del blues. John P. Hammond, también conocido como John Hammond Jr., murió el 28 de febrero a los 83 años. DownBeat lo recordó como uno de los primeros intérpretes blancos estadounidenses del blues tradicional y como una figura asociada a la transmisión del lenguaje durante seis décadas de carrera.

La muerte de Hammond tiene una dimensión simbólica fuerte. Hijo del productor John Hammond, pero dueño de una trayectoria propia, fue uno de esos músicos-puente que ayudaron a mantener en circulación repertorios de Muddy Waters, Robert Johnson, Son House, Skip James o Howlin’ Wolf para públicos que llegaron al blues a través del revival folk y de la cultura rock de los sesenta. Su importancia no se mide solo por discos, sino por mediación: conciertos, versiones, pedagogía implícita y persistencia.

El 2 de marzo murió Mike Vernon, productor y figura esencial del British blues boom. The Guardian lo situó como pieza clave de la explosión británica del blues en los sesenta, fundador de Blue Horizon y productor vinculado a John Mayall, Eric Clapton, Peter Green y los primeros Fleetwood Mac. Su trabajo demuestra algo fundamental: el blues también se transmite desde la cabina de producción, desde el sello, desde la elección de repertorio y desde la capacidad de reconocer una escena antes de que el mercado la codifique.

A esas pérdidas se sumó la de Paul Geremia, fallecido el 14 de marzo a los 81 años. Su obituario lo recuerda como maestro del blues acústico, con más de 55 años de trayectoria, once álbumes, una nominación al Grammy en 2002 y entrada en el Rhode Island Music Hall of Fame en 2013. Geremia pertenece a una estirpe de intérpretes que entendieron el blues acústico no como recreación académica, sino como disciplina de vida: técnica de mano derecha, storytelling, repertorio rural, ragtime, country blues y una ética de transmisión directa.

Hammond, Vernon y Geremia representan tres formas distintas de conservación activa. Hammond llevó el blues tradicional al circuito del revival y del rock; Vernon ayudó a traducirlo en clave británica y eléctrica desde el estudio; Geremia sostuvo la llama acústica del country blues con rigor casi artesanal.

Conviene tratar estas pérdidas con sobriedad, sin convertirlas en necrológica rutinaria. Su desaparición recuerda que el blues no sobrevive únicamente por los grandes nombres de portada. Sobrevive por intérpretes que cargan repertorios, productores que abren puertas, sellos que arriesgan, clubes que programan, festivales que sostienen comunidades y oyentes que siguen escuchando más allá de la novedad. En un trimestre tan rico en lanzamientos, estos obituarios aportan perspectiva: cada disco nuevo existe porque antes hubo transmisión.

Cierre: una escena funcionando por capas

Las noticias del primer trimestre de 2026 no dibujan una revolución, pero sí una continuidad fértil. Alligator Records confirma que un sello histórico puede seguir actuando como radar de presente. B.B. King’s Blues Summit 100 recuerda que el blues necesita volver a sus centros gravitatorios, pero sin convertirlos en monumentos vacíos. Tedeschi Trucks Band muestran que la banda grande aún puede respirar en una cultura fragmentada. Eric Bibb, Van Morrison y Lucinda Williams trabajan la raíz desde la voz, la memoria y la lectura moral del mundo. The Black Crowes y The Sheepdogs demuestran que el rock clásico sigue siendo viable cuando acepta su edad sin disfrazarla. Y las muertes de Hammond, Vernon y Geremia recuerdan que toda escena viva se sostiene sobre una cadena de transmisión.

La clave del trimestre está precisamente ahí: transmisión. El blues y el rock de raíz no sobreviven por nostalgia, sino por circulación. De un sello a una banda, de un productor a un guitarrista, de un club a un festival, de un disco histórico a una nueva lectura, de una voz veterana a una generación que todavía busca su lugar.

El pulso del blues actual no está en una sola obra ni en un solo nombre. Está en esa red. Y durante el primer trimestre de 2026, esa red volvió a demostrar que sigue respirando.