NovoRiff presenta
2. Noticias clave del trimestre: Alligator, B.B. King, Tedeschi Trucks Band y el pulso del blues actual
Artículo 2 · El pulso del blues actual en el primer trimestre de 2026
Lectura del trimestre. El primer trimestre de 2026 dejó una señal nítida para el rock de raíz y el blues: la escena no está inmóvil. Tampoco vive una explosión masiva ni una vuelta triunfal al centro de la cultura popular. Lo que aparece es algo más discreto, pero más sólido: una red de continuidad donde sellos históricos, artistas veteranos, nuevas figuras y proyectos conmemorativos siguen manteniendo activo un lenguaje que muchos han dado por agotado demasiadas veces.
Entre enero y marzo, el blues funcionó como eje vertebrador. No como género cerrado ni como reliquia patrimonial, sino como una lengua capaz de adoptar varias formas: acústica, eléctrica, soul, funk, rockera, narrativa, espiritual y de memoria histórica. Alligator Records concentró buena parte de esa vitalidad con tres lanzamientos que resumen tres edades posibles del blues contemporáneo. B.B. King volvió al centro del mapa mediante un homenaje de gran escala impulsado por Joe Bonamassa. Tedeschi Trucks Band defendieron el gran formato de banda como una vía todavía fértil para el blues-rock. Eric Bibb, Van Morrison y Lucinda Williams trabajaron la raíz desde registros muy distintos: conciencia humanista, repertorio blues y lectura moral del presente. The Black Crowes y The Sheepdogs sostuvieron el flanco del rock clásico y sureño. Y, como contrapunto inevitable, el trimestre también estuvo marcado por pérdidas importantes para la memoria del blues: John P. Hammond, Mike Vernon y Paul Geremia.
La fotografía general no es la de una escena esperando un salvador. Es la de un ecosistema que sigue respirando por acumulación: discos, sellos, giras, homenajes, repertorios, estudios, clubes, oyentes y músicos que todavía creen en una música tocada con cuerpo, fricción y memoria.
Alligator Records marca el pulso blues del trimestre
La primera gran noticia del trimestre fue el papel de Alligator Records como centro de gravedad del blues contemporáneo. No por una única publicación aislada, sino por la coincidencia de tres lanzamientos que, juntos, dibujan un mapa casi pedagógico de la escena: Tinsley Ellis con Labor of Love, Lil’ Ed & The Blues Imperials con Slideways y Selwyn Birchwood con Electric Swamp Funkin’ Blues.
La importancia de este triángulo está en su diversidad interna. Ellis representa la depuración acústica; Lil’ Ed, la supervivencia del blues eléctrico de club; Birchwood, la expansión contemporánea hacia el funk, el soul y el swamp psicodélico. Tres discos, tres estrategias, tres maneras de sostener una tradición sin congelarla. Alligator no actúa aquí solo como sello histórico: actúa como curador de una continuidad en movimiento.
B.B. King’s Blues Summit 100: el homenaje como genealogía viva
El centenario de B.B. King podía haberse resuelto con una reedición convencional, un recopilatorio de catálogo o una campaña conmemorativa sin riesgo. En cambio, Joe Bonamassa impulsó B.B. King’s Blues Summit 100, un proyecto de 32 canciones publicado en su forma completa el 6 de febrero de 2026, con edición digital, doble CD y triple vinilo. Su dimensión es ambiciosa: no se limita a recordar a King, sino que convoca a varias generaciones de músicos para reinterpretar su legado.
La lista de participantes explica el alcance del homenaje. En torno al repertorio de King aparecen nombres vinculados al blues tradicional, al blues-rock, al soul, al rock guitarrero y a la americana: Buddy Guy, Keb’ Mo’, Shemekia Copeland, Christone “Kingfish” Ingram, Marcus King, Larkin Poe, Jimmie Vaughan, Warren Haynes, Slash, Eric Clapton, Chaka Khan y otros. Esa amplitud confirma algo fundamental: B.B. King no pertenece solo a la historia interna del blues. Pertenece a la genealogía general de la guitarra eléctrica popular del siglo XX.
Por eso B.B. King’s Blues Summit 100 no debe analizarse solo como “disco de invitados”. Su valor está en mostrar cómo distintas escuelas siguen orbitando alrededor de King: la guitarra blues clásica, el blues-rock de estadio, la voz soul, el slow blues dramático, el fraseo contenido y la elegancia de banda grande. La pregunta crítica no es qué invitado luce más, sino quién entiende mejor la lección de King: dejar respirar la música.
Cuando los intérpretes respetan esa economía expresiva, el proyecto puede funcionar como genealogía viva. Cuando la exceden, aparece el riesgo de convertir el centenario en escaparate. Aun así, por escala, intención y alcance intergeneracional, es uno de los acontecimientos blues centrales del trimestre.
Tedeschi Trucks Band y la defensa del gran formato
Tedeschi Trucks Band lanzaron Future Soul el 20 de marzo de 2026 a través de Fantasy Records. Concord lo presentó como el sexto álbum de estudio de la banda, una colección de once canciones publicada durante su residencia de diez noches en el Beacon Theatre de Nueva York. El disco llegó acompañado por una gira extensa de 2026, lo que refuerza la naturaleza esencialmente escénica del grupo.
En el blues-rock contemporáneo existe una tentación permanente: reducirlo todo al guitar hero. Tedeschi Trucks Band se sitúan en otro lugar. Derek Trucks es uno de los grandes guitarristas de su generación, pero la arquitectura del grupo evita que la guitarra sea el único argumento. El sonido se apoya en respiración de conjunto, dinámicas de soul sureño, fraseo gospel, estructuras de jam controlada y una relación directa con la tradición de The Allman Brothers Band, Delaney & Bonnie, Derek and the Dominos y los grandes ensambles de soul sureño.
Future Soul confirma que el blues-rock puede sonar expansivo sin perder raíz. En una época de singles rápidos, consumo fragmentado y producción atomizada, TTB siguen pensando en repertorio, directo, comunidad y desarrollo instrumental. Su importancia no reside solo en la calidad de sus intérpretes, sino en la manera en que desplazan el foco del virtuosismo hacia la conversación.
Trucks no desaparece, pero se integra. Tedeschi no actúa como simple vocalista principal, sino como centro emocional de una banda que entiende el soul y el blues como lenguajes compartidos. Esa diferencia estética es esencial: Tedeschi Trucks Band no hacen blues-rock de escaparate; hacen música de conjunto, con memoria de escenario y vocación de permanencia.
Eric Bibb y el blues humanista
Eric Bibb publicó One Mississippi el 30 de enero de 2026 a través de Repute Records. Su web oficial lo presentó como una colección de trece canciones originales o coescritas, más una versión de “One Mississippi” de Janis Ian y Fred Koller. El enfoque del disco aparece vinculado a ideas de paz, justicia, unidad y memoria social.
Hay en Bibb una relación muy particular con la tradición. No reproduce el blues rural como postal arqueológica ni lo adapta a la contemporaneidad mediante una producción excesiva. Lo trabaja como idioma ético. Sus canciones suelen parecer sencillas en superficie, pero están construidas sobre una idea muy precisa de comunidad: voz cercana, guitarra sin teatralidad, ritmo que acompaña antes que imponerse y letras que no separan biografía, historia y conciencia social.
Su presencia en el trimestre es necesaria porque recuerda que el blues no siempre necesita dramatismo eléctrico para ser profundo. También puede ser una forma de conversación intergeneracional, una música de cuidado, denuncia y esperanza medida. Si Selwyn Birchwood representa la expansión funk y Lil’ Ed la energía de club, Bibb representa la continuidad humanista. No hay aquí escapismo ni nostalgia confortable: hay memoria puesta al servicio del presente, con una sobriedad que evita tanto el panfleto como la complacencia.
Van Morrison: regreso al repertorio blues con cautela crítica
Van Morrison publicó Somebody Tried To Sell Me A Bridge en enero de 2026. La página oficial del artista recoge un repertorio de fuerte presencia blues, con títulos como “Kidney Stew Blues”, “King For A Day Blues”, “Snatch It Back And Hold It”, “Deep Blue Sea”, “Madame Butterfly Blues”, “On A Monday”, “Monte Carlo Blues”, “Somebody Tried To Sell Me A Bridge” e “I’m Ready”. Apple Music sitúa la publicación el 23 de enero de 2026 y la clasifica directamente dentro del blues.
Ahora bien, la lectura debe ser cauta. Cuando un artista con una trayectoria tan larga publica un disco de orientación tan explícitamente blues, conviene analizarlo con doble enfoque: por un lado, como reafirmación de autoridad; por otro, como posible repliegue hacia un territorio conocido. Morrison conserva una autoridad interpretativa difícil de discutir, pero su producción reciente ha sido amplia e irregular. No todo regreso a la raíz tiene el mismo peso artístico.
Somebody Tried To Sell Me A Bridge importa porque concentra su relación con el blues, pero no conviene aceptarlo automáticamente como gran acontecimiento solo por el peso del nombre. Su valor real dependerá de si esas canciones suenan habitadas o simplemente administradas. En cualquier caso, su presencia ayuda a recordar algo fundamental: el blues no es solo guitarra. También es dicción, respiración, timing, fraseo y memoria vocal.
Lucinda Williams y la raíz como diagnóstico del presente
Lucinda Williams presentó World’s Gone Wrong como nuevo álbum publicado el 23 de enero de 2026, con el single “The World’s Gone Wrong” como adelanto principal. Su web oficial confirmó el título, la fecha y la salida del single, mientras otras fuentes especializadas lo situaron como un álbum de diez canciones distribuido por Thirty Tigers y conectado con colaboraciones de Brittney Spencer, Mavis Staples y Norah Jones.
Lo relevante no es si el álbum debe etiquetarse como blues, rock o americana. Lo importante es cómo Williams usa la tradición para hablar de un presente deteriorado sin caer en consigna plana. En su mejor versión, Lucinda no escribe “sobre” la crisis: deja que la crisis atraviese la voz, el ritmo, el desgaste y el fraseo. Esa cualidad la sitúa cerca del blues como actitud estética, aunque su lenguaje armónico y narrativo sea más amplio.
World’s Gone Wrong debe leerse como una pieza de raíz contemporánea, no como simple disco de protesta. Su interés está en la textura moral de las canciones: cansancio, lucidez, comunidad y resistencia. Si Eric Bibb aporta serenidad humanista, Williams introduce una herida más áspera, más rockera, más cercana a la intemperie.
The Black Crowes: segunda vida, segunda exigencia
The Black Crowes anunciaron A Pound of Feathers el 8 de enero de 2026, con publicación prevista para el 13 de marzo a través de Silver Arrow Records. La propia banda lo presentó como un disco producido por Jay Joyce, grabado en Nashville y compuesto por once canciones escritas por Chris y Rich Robinson. La comunicación oficial subrayó que el álbum fue registrado en un proceso rápido, de ocho a diez días, buscando prolongar el impulso creativo de Happiness Bastards.
El lenguaje del grupo sigue siendo reconocible: blues-rock, soul sureño, riffs deudores de los setenta, actitud de banda de carretera, coros con sabor gospel y una relación muy física con el groove. El peligro, como siempre en The Black Crowes, está en la autocaricatura. Su grandeza histórica no reside solo en sonar “vintage”, sino en haber convertido ese vocabulario en una forma de tensión: elegancia y suciedad, arrogancia y fragilidad, tradición negra americana y exceso rockero blanco.
La noticia merece un lugar destacado porque muestra a una banda veterana intentando producir presente. Pero la lectura debe ser exigente. Un buen riff no basta si no hay canción, y una producción suelta no basta si no hay verdad. A Pound of Feathers será relevante en la medida en que convierta el legado Crowes en movimiento, no en marca.
The Sheepdogs y el rock clásico sin cinismo
The Sheepdogs publicaron Keep Out of the Storm el 27 de febrero de 2026. Su Bandcamp recoge once canciones y clasifica el álbum dentro de americana, rock, rock and roll, southern rock y classic rock. La propia descripción del grupo insiste en su mezcla de rock’n’roll, roots y blues, con armonías que evocan el imaginario de Crosby, Stills, Nash & Young y otros ecos de Laurel Canyon.
Eso no significa que sean una banda menor o simplemente agradable. Su interés está precisamente en la ausencia de cinismo. En un contexto donde muchos proyectos de rock clásico se debaten entre la parodia retro y la ansiedad por sonar modernos, The Sheepdogs aceptan su territorio sin complejos. No intentan disfrazar la influencia setentera, pero tampoco la convierten en un museo frío. Hay oficio, ligereza y una relación honesta con la canción.
Dentro de un trimestre muy cargado de blues, The Sheepdogs aportan equilibrio. Son rock de guitarras, pero no desde la dureza; son raíz, pero no desde la solemnidad; son retro, pero no parecen atrapados en una pose. Keep Out of the Storm funciona como recomendación natural para lectores de rock clásico que buscan continuidad sin grandilocuencia. No aspira a redefinir el género, y ahí está parte de su encanto. Su valor está en recordar que el rock de raíz también puede ser luminoso, melódico y artesanal sin perder dignidad crítica.
Hammond, Vernon y Geremia: la memoria blues también se despide
El primer trimestre de 2026 también quedó marcado por varias pérdidas importantes para la memoria del blues. John P. Hammond, también conocido como John Hammond Jr., murió el 28 de febrero a los 83 años. DownBeat lo recordó como uno de los primeros intérpretes blancos estadounidenses del blues tradicional y como una figura asociada a la transmisión del lenguaje durante seis décadas de carrera.
La muerte de Hammond tiene una dimensión simbólica fuerte. Hijo del productor John Hammond, pero dueño de una trayectoria propia, fue uno de esos músicos-puente que ayudaron a mantener en circulación repertorios de Muddy Waters, Robert Johnson, Son House, Skip James o Howlin’ Wolf para públicos que llegaron al blues a través del revival folk y de la cultura rock de los sesenta. Su importancia no se mide solo por discos, sino por mediación: conciertos, versiones, pedagogía implícita y persistencia.
A esas pérdidas se sumó la de Paul Geremia, fallecido el 14 de marzo a los 81 años. Su obituario lo recuerda como maestro del blues acústico, con más de 55 años de trayectoria, once álbumes, una nominación al Grammy en 2002 y entrada en el Rhode Island Music Hall of Fame en 2013. Geremia pertenece a una estirpe de intérpretes que entendieron el blues acústico no como recreación académica, sino como disciplina de vida: técnica de mano derecha, storytelling, repertorio rural, ragtime, country blues y una ética de transmisión directa.
Hammond, Vernon y Geremia representan tres formas distintas de conservación activa. Hammond llevó el blues tradicional al circuito del revival y del rock; Vernon ayudó a traducirlo en clave británica y eléctrica desde el estudio; Geremia sostuvo la llama acústica del country blues con rigor casi artesanal.
Conviene tratar estas pérdidas con sobriedad, sin convertirlas en necrológica rutinaria. Su desaparición recuerda que el blues no sobrevive únicamente por los grandes nombres de portada. Sobrevive por intérpretes que cargan repertorios, productores que abren puertas, sellos que arriesgan, clubes que programan, festivales que sostienen comunidades y oyentes que siguen escuchando más allá de la novedad. En un trimestre tan rico en lanzamientos, estos obituarios aportan perspectiva: cada disco nuevo existe porque antes hubo transmisión.
Cierre: una escena funcionando por capas
Las noticias del primer trimestre de 2026 no dibujan una revolución, pero sí una continuidad fértil. Alligator Records confirma que un sello histórico puede seguir actuando como radar de presente. B.B. King’s Blues Summit 100 recuerda que el blues necesita volver a sus centros gravitatorios, pero sin convertirlos en monumentos vacíos. Tedeschi Trucks Band muestran que la banda grande aún puede respirar en una cultura fragmentada. Eric Bibb, Van Morrison y Lucinda Williams trabajan la raíz desde la voz, la memoria y la lectura moral del mundo. The Black Crowes y The Sheepdogs demuestran que el rock clásico sigue siendo viable cuando acepta su edad sin disfrazarla. Y las muertes de Hammond, Vernon y Geremia recuerdan que toda escena viva se sostiene sobre una cadena de transmisión.
La clave del trimestre está precisamente ahí: transmisión. El blues y el rock de raíz no sobreviven por nostalgia, sino por circulación. De un sello a una banda, de un productor a un guitarrista, de un club a un festival, de un disco histórico a una nueva lectura, de una voz veterana a una generación que todavía busca su lugar.
El pulso del blues actual no está en una sola obra ni en un solo nombre. Está en esa red. Y durante el primer trimestre de 2026, esa red volvió a demostrar que sigue respirando.














