NovoRiff presenta
4. Playlist comentada: 20 canciones para entender el Rock y el Blues del primer trimestre de 2026
Ruta de escucha para tomar el pulso al rock de raíz, al blues-rock, al soul-blues y a la americana
El primer trimestre de 2026 puede leerse también a través de una playlist. No una lista de “mejores canciones” en sentido competitivo, ni una clasificación cerrada, sino una ruta de escucha para tomar el pulso al rock de raíz, al blues, al blues-rock, al soul-blues y a la americana durante los tres primeros meses del año.
La selección prioriza canciones publicadas o activadas entre el 1 de enero y el 31 de marzo de 2026, incluyendo algunos singles de adelanto cuando ayudan a entender el estado general de la escena. El criterio editorial es claro: queda fuera el Heavy Metal, ya tratado en su propio espacio, y el foco se mantiene en músicas de raíz, guitarras orgánicas, tradición blues, memoria rockera y escenas afines.
Esta playlist funciona como un mapa. Hay blues acústico, Chicago blues, swamp funk, soul-blues de gran formato, americana literaria, rock clásico, blues europeo, voces femeninas de alta intensidad, guitarristas jóvenes y cruces transatlánticos. La clave no está en buscar una novedad absoluta, sino en detectar continuidad con fricción: música que sabe de dónde viene, pero que todavía necesita decir algo en presente.
1. Tedeschi Trucks Band — “I Got You”
“I Got You” es una apertura ideal porque resume una de las grandes tesis del trimestre: el blues-rock todavía puede sonar colectivo, expansivo y orgánico sin convertirse en nostalgia de gran formato. Tedeschi Trucks Band presentaron la canción como primer adelanto de Future Soul, un disco que confirma la vigencia de la banda grande en tiempos de producción fragmentada.
La pieza trabaja desde un medio tiempo con músculo, donde la sección rítmica sostiene más que empuja, las voces dialogan y las guitarras aparecen integradas en una arquitectura común. Derek Trucks no necesita ocupar todo el plano; su autoridad está en la contención, en la entrada medida, en esa manera de hacer que una frase breve pese más que un solo extenso. Susan Tedeschi aporta una rugosidad vocal que evita el barniz académico del soul recreado.
Lo importante aquí es la respiración de banda. En un trimestre dominado por guitarristas y nombres individuales, Tedeschi Trucks Band recuerdan que el blues-rock también puede ser conversación, coro, ensamble y comunidad.
2. Selwyn Birchwood — “The Church Of Electric Swamp Funkin’ Blues”
“The Church Of Electric Swamp Funkin’ Blues” es casi un manifiesto estético. El propio título ya anuncia el territorio: iglesia, electricidad, pantano, funk y blues. La canción funciona como puerta de entrada a Electric Swamp Funkin’ Blues, uno de los discos más expansivos del trimestre.
La importancia del tema está en su manera de entender el blues como comunidad antes que como repertorio cerrado. Hay guitarra, lap steel, funk, ecos Stax, psicodelia, humor y una idea física del directo. Birchwood no se limita a actualizar el blues con elementos externos; los integra como si siempre hubieran estado ahí, porque en buena medida lo estaban. El blues comparte con el funk y el soul una lógica de llamada y respuesta, tensión rítmica, cuerpo y liberación.
La pieza funciona como liturgia laica: no predica pureza, sino participación. Dentro del trimestre, es uno de los cortes que mejor proyectan futuro. Donde otros miran hacia la raíz, Birchwood mira desde la raíz hacia delante.
3. Lil’ Ed & The Blues Imperials — “Bad All By Myself”
“Bad All By Myself” representa el polo más físico de la playlist. Es Chicago blues de club, de slide, de sudor, de humor y de banda que sabe exactamente dónde está pisando. No hay aquí sofisticación conceptual ni voluntad de reinventar el género desde el laboratorio. Hay una formación veterana que entiende qué hacer con un riff, un shuffle y una guitarra slide que suena a herramienta de trabajo.
Lil’ Ed Williams no toca la slide como objeto de museo: la hace gruñir, reír, amenazar y celebrar. La canción debería ocupar un lugar alto en cualquier lectura del trimestre porque devuelve el blues al suelo pegajoso del club. Frente a homenajes institucionales, grandes producciones y discos de autor, “Bad All By Myself” recuerda que el blues también es teatro popular, exageración, pecado, supervivencia nocturna y energía comunitaria.
Su valor está en sonar vivo, no pulido. Es una pieza que no pide permiso a la modernidad porque su presente está en la ejecución.
4. Tinsley Ellis — “Hoodoo Woman”
“Hoodoo Woman” abre el universo de Labor of Love, el disco acústico de Tinsley Ellis. La canción funciona porque no intenta sonar antigua de manera teatral. Ellis no imita la arqueología del blues rural: la filtra desde una biografía de décadas en la carretera.
La guitarra marca una tensión seca, casi de porche nocturno, y la voz asume que cada frase debe justificarse sin ayuda eléctrica. Ese es el interés central del tema: la desnudez no aparece como gesto de autenticidad prefabricada, sino como prueba de resistencia. Sin banda, sin volumen, sin colchón de producción, solo queda la relación entre cuerda, garganta y relato.
“Hoodoo Woman” recuerda que el blues acústico no es necesariamente amable. Puede ser feral, inquietante y contemporáneo. En esta playlist ocupa una función esencial: bajar el volumen para subir la intensidad. Después de la expansión colectiva de Tedeschi Trucks Band y Birchwood, Ellis devuelve la escucha al hueso.
5. Eric Bibb — “This One Don’t”
“This One Don’t” representa el blues humanista de Eric Bibb en su vertiente más luminosa. Procede de One Mississippi, un álbum orientado hacia la paz, la justicia, la memoria y la unidad, pero la canción demuestra que esa conciencia no tiene por qué traducirse en solemnidad.
Bibb trabaja en un registro muy distinto al del blues-rock de exhibición: voz cercana, guitarra con función narrativa, arreglos cálidos y una producción que acompaña sin saturar. Hay conciencia social, sí, pero también movimiento, groove y una alegría que no niega la dificultad del tiempo presente. Su música no grita para ser firme.
“This One Don’t” puede parecer ligera en primera escucha, pero su importancia está en esa ligereza conquistada. Bibb no escribe desde la evasión, sino desde una ética de comunidad. En la playlist abre una zona de blues conversacional, espiritual y civil: música que no necesita dramatismo eléctrico para resultar profunda.
6. Joe Bonamassa, Chaka Khan & Eric Clapton — “The Thrill Is Gone”
En cualquier homenaje a B.B. King, “The Thrill Is Gone” es territorio de alto riesgo. La versión incluida en B.B. King’s Blues Summit 100, con Chaka Khan y Eric Clapton, debe escucharse con una pregunta crítica: ¿entiende la lectura contemporánea que la grandeza de King estaba en la economía expresiva?
King no enseñó al mundo a tocar más, sino a tocar mejor; a dejar espacio, a convertir una nota en frase vocal, a hacer que el silencio sostuviera el drama. Por eso cualquier versión de “The Thrill Is Gone” se mide contra una dificultad enorme: no basta con embellecerla ni con rodearla de nombres prestigiosos.
La presencia de Chaka Khan aporta una lectura soul poderosa; Clapton introduce una genealogía británica inevitable; Bonamassa actúa como mediador entre homenaje y espectáculo. En la playlist, el tema funciona como eje de memoria. No por novedad, sino porque obliga a medir todo el blues eléctrico contemporáneo frente a su fuente.
7. Laura Chavez — “Born On The Bayou”
“Born On The Bayou” abre My Voice, debut en solitario de Laura Chavez. El dato esencial es que se trata de un álbum instrumental: la guitarra ocupa el lugar de la voz. En ese contexto, elegir una pieza asociada a Creedence Clearwater Revival no es un gesto menor. Chavez toma un clásico de rock pantanoso y lo desplaza hacia su propio vocabulario.
La elección evita dos trampas habituales del instrumental blues: el lucimiento vacío y la fidelidad reverencial. Chavez no canta la canción, pero tampoco la reduce a una jam. Hace que la melodía sea reconocible y, al mismo tiempo, la mueve hacia un terreno donde conviven Texas blues, Chicago, soul, R&B, frontera y raíces latinas.
En esta playlist, “Born On The Bayou” amplía el mapa. No todo el blues del trimestre viene de voces masculinas, ni todo relato necesita letra. Chavez convierte la guitarra en narradora. Su inclusión es importante porque rompe una genealogía demasiado estrecha del blues de seis cuerdas y sitúa a una guitarrista en primer plano.
8. Gabe Stillman — “What Happens Next?”
“What Happens Next?” da título al álbum de Gabe Stillman y funciona como señal generacional dentro del trimestre. Stillman representa una nueva hornada de músicos de blues-rock: jóvenes, eléctricos, formados en la tradición, pero obligados a encontrar una voz propia entre el respeto al género y la presión de sonar actuales.
La canción plantea el blues como pregunta, no como respuesta cerrada. La guitarra tiene músculo, pero el centro está en la idea de tránsito: qué ocurre después de la promesa, después del aprendizaje, después de asumir que el género no garantiza identidad por sí solo.
Stillman no tiene todavía el peso simbólico de Derek Trucks, Joe Bonamassa o Selwyn Birchwood, y precisamente por eso interesa. En la playlist ocupa una función prospectiva. No es el monumento del trimestre, sino una señal de futuro. Sirve para detectar hacia dónde puede moverse el blues-rock joven cuando intenta escapar tanto del purismo como de la pirotecnia vacía.
9. Altered Five Blues Band — “I Got It Good”
“I Got It Good” abre Hammer & Chisel, álbum de Altered Five Blues Band. La canción sirve como ejemplo de blues contemporáneo robusto, muy de banda, con músculo de club y una producción que no intenta suavizar demasiado la identidad del grupo.
Altered Five no trabajan desde la fragilidad acústica ni desde la psicodelia de Birchwood. Su terreno es otro: groove, voz poderosa, riffs compactos, humor adulto y una idea del blues como maquinaria bien engrasada. “I Got It Good” tiene algo de declaración de estado: una banda veterana que no necesita reinventarse, pero sí demostrar que conserva pegada.
En la playlist ocupa un lugar funcional muy claro. Aporta densidad rítmica, oficio y blues de carretera urbana sin desviarse hacia el rock duro ni hacia el metal. Es un corte necesario para que la selección no quede dominada por los grandes nombres ni por las propuestas más conceptuales. Representa el blues de trabajo, el de banda que sabe entrar, golpear y salir sin pedir demasiadas explicaciones.
10. Garret T. Willie — “High Beam Blues”
“High Beam Blues” forma parte de Bill’s Cafe, segundo álbum de Garret T. Willie. La canción abre una línea generacional y geográfica distinta. Willie no suena como un bluesman preocupado por encajar en una vitrina patrimonial; su música se mueve entre carretera, juventud, memoria familiar y un tipo de escritura que mira tanto al blues como al country-rock.
El propio título sugiere visión nocturna, avance entre niebla, carretera y amenaza. Es blues de faros largos: no tanto club urbano como paisaje de tránsito. Hay en la pieza una sensación de movimiento que conecta con una tradición muy antigua del blues —viaje, escape, peligro, distancia—, pero filtrada por una sensibilidad contemporánea.
En términos editoriales, aporta frescura sin romper la continuidad del informe. La voz tiene aspereza, la guitarra sostiene tensión y la producción permite que el corte tenga pegada sin perder raíz. Es una recomendación clara para ampliar el bloque de blues joven y evitar que la playlist quede demasiado anclada en veteranos o nombres ya consolidados.
11. Luke Winslow-King — “Dangerous Blues”
“Dangerous Blues” abre Coast of Light, uno de los discos más sugerentes del trimestre para NovoRiff por su conexión transatlántica. Luke Winslow-King mezcla blues, jazz, folk e influencias españolas, con una trayectoria marcada por Nueva Orleans y por su nueva vida en España.
Este corte tiene un valor especial porque permite escribir sobre el blues como idioma migrante. No estamos ante una postal turística de Nueva Orleans ni ante una apropiación superficial de “lo español”. La canción trabaja más bien como desplazamiento de luz: el blues cambia de temperatura, se abre a una sensibilidad mediterránea y permite que la guitarra de Roberto Luti dialogue con una tradición estadounidense sin quedar subordinada.
“Dangerous Blues” no es peligroso por volumen, sino por ambigüedad. Parece caminar entre elegancia, melancolía y amenaza suave. En la playlist funciona como puente transatlántico: Nueva Orleans, Europa, Mediterráneo, viaje y raíz. Es una vía muy fértil para un artículo independiente sobre blues, exilio, territorio y cambio de paisaje.
12. Muddy What? — “Neon Soul”
“Neon Soul” sitúa a Europa dentro del mapa del trimestre. Muddy What?, trío de Múnich, trabajan una mezcla de blues moderno, soul, roots-rock, mandolina, guitarra eléctrica y una identidad que evita dos peligros frecuentes del blues europeo: reverenciar demasiado el canon estadounidense o modernizarlo hasta perder nervio.
La canción sugiere ya desde el título un choque entre raíz y ciudad, entre tradición y luz artificial. “Neon Soul” apunta a un blues con pulso contemporáneo, cuidado en arreglos y menos dependiente del cliché del bar americano. La presencia de una guitarrista líder y el uso de mandolina abren además una textura distinta dentro de la playlist.
Su importancia no está en competir con los grandes nombres estadounidenses, sino en ampliar la geografía de escucha. El blues europeo existe, dialoga, aprende, adapta y busca voz propia. Muddy What? representan una vía moderna pero no desarraigada. En el conjunto del artículo, ayudan a evitar una lectura demasiado estadounidense del trimestre.
13. Bywater Call — “How Long”
“How Long” amplía la playlist hacia un terreno donde blues, soul y rock de raíz se contaminan sin pedir permiso. Bywater Call trabajan desde una combustión lenta, con voz cruda, desarrollo emocional, vientos, texturas modernas y una clara vocación de catarsis.
La canción no debe leerse como blues tradicional, pero sí pertenece al ecosistema blues por intensidad vocal, estructura de tensión y dimensión confesional. Meghan Parnell canta desde una vulnerabilidad que no se confunde con fragilidad. La voz contiene culpa, deseo de reparación y una tensión interna que el arreglo va liberando progresivamente.
La banda no se limita a sonar “vintage”. Usa recursos de soul y R&B contemporáneo para construir una pieza de largo aliento emocional. “How Long” es importante porque muestra una escena roots que entiende el pasado como materia flexible. En la playlist funciona como puente: no es blues de manual, no es rock clásico puro, no es soul ortodoxo. Es raíz en movimiento.
14. The Black Crowes — “Profane Prophecy”
“Profane Prophecy” abre A Pound of Feathers y representa el costado más reconocible de The Black Crowes: riff con swing, voz de predicador canalla, base rítmica suelta y una sensualidad áspera que conecta blues, soul y rock sureño.
El interés crítico está en medir si esa energía sigue generando fricción o si se limita a reproducir una marca eficaz. The Black Crowes son mejores cuando parecen tocar contra el suelo, no contra su propia leyenda. En esta canción aparece el vocabulario habitual: groove, arrogancia, fricción, tradición negra americana filtrada por rock blanco de carretera y una teatralidad que puede ser virtud o caricatura según la temperatura de la canción.
“Profane Prophecy” funciona en la playlist porque aporta rock and roll sin coartada conceptual: cuerpo, groove y actitud. Pero conviene escucharla con exigencia. En una banda con tanta historia, sonar reconocible no basta. La canción debe justificar su presente. Ese es el reto de los Crowes en 2026.
15. The Sheepdogs — “Nobody But You”
“Nobody But You” abre Keep Out Of The Storm y aporta aire a la playlist. Frente al dramatismo de parte del blues del trimestre, The Sheepdogs recuerdan que la música de raíz también puede ser luminosa sin volverse banal.
La canción tiene una calidez inmediata: guitarras limpias, melodía accesible, armonías suaves y una producción que no intenta endurecer artificialmente el resultado. Su genealogía setentera es evidente, pero no se presenta como disfraz. Hay placer de tocar, oficio y una relación honesta con la tradición.
Editorialmente, “Nobody But You” sirve para conectar a lectores de rock clásico con una escena contemporánea que no necesita proclamar una revolución estética para tener valor. The Sheepdogs no intentan salvar el rock ni refundar nada. Lo practican con naturalidad. En una época donde muchas bandas de raíz sobreactúan la autenticidad, esa falta de cinismo resulta casi refrescante.
La canción funciona como respiradero melódico dentro del conjunto: menos tensión, más luz; menos herida, más canción.
16. The Black Keys — “You Got To Lose”
“You Got To Lose” fue presentado como adelanto de Peaches!, álbum previsto para el segundo trimestre, pero el single circuló plenamente durante el primero y ayuda a explicar una línea importante del periodo: el intento de recuperar crudeza blues desde una banda que ya convirtió esa crudeza en marca.
The Black Keys conocen perfectamente el lenguaje: riff seco, batería primaria, garaje, blues del Mississippi filtrado por producción contemporánea. La pregunta es si todavía suena vulnerable o si suena calculado. Esa tensión ha acompañado al dúo durante buena parte de su trayectoria reciente: cómo regresar al origen cuando ese origen ya forma parte de una identidad comercial reconocible.
En la playlist, “You Got To Lose” funciona como pieza de transición. No es el centro del trimestre, pero sí un síntoma. El blues-rock comercial sigue volviendo al barro cuando necesita recuperar credibilidad emocional. La canción interesa precisamente por esa ambigüedad: puede leerse como retorno sincero o como gestión inteligente de una marca sonora.
17. Lucinda Williams — “The World’s Gone Wrong”
“The World’s Gone Wrong” condensa la posición de Lucinda Williams dentro del trimestre. No es blues en sentido estricto, pero su música siempre ha vivido cerca del blues como actitud: voz quebrada, escritura de pérdida, resistencia moral, country-soul, rock sureño y una manera de cantar que parece traer historia pegada a la garganta.
La canción conecta con una tradición antigua: el mundo que va mal, la sociedad que se rompe, la canción como diagnóstico de un presente torcido. No hay escapismo; tampoco panfleto plano. La fuerza está en la voz, en esa mezcla de cansancio y desafío que Williams maneja mejor que casi nadie.
Dentro de la playlist, el tema funciona como puente entre blues, americana y rock literario. Recuerda que no todo el peso del trimestre se mide en solos. También se mide en escritura, en textura moral, en la capacidad de una canción para nombrar la intemperie sin convertirla en consigna. Lucinda aporta una herida más áspera que Eric Bibb y menos escénica que Eliza Neals: una herida de narradora.
18. Van Morrison — “I’m Ready”
“I’m Ready” forma parte de Somebody Tried To Sell Me A Bridge, álbum de Van Morrison orientado hacia un repertorio de fuerte presencia blues. La elección del tema resulta significativa porque el título tiene algo de declaración ritual: estar preparado para volver a las formas, a los códigos, al fraseo de raíz.
Morrison lleva décadas orbitando blues, jazz, soul, gospel y rhythm and blues. Cuando se acerca al blues no lo hace como turista. Dicho esto, la escucha debe ser prudente. Su producción reciente ha sido amplia e irregular, y ningún nombre veterano debería blindarse frente al análisis.
En la playlist, “I’m Ready” funciona como presencia de autoridad vocal. Es menos sorprendente que otros cortes, quizá, pero útil para recordar que el blues no es solo guitarra. También es dicción, respiración, control del tiempo, fraseo y memoria interpretativa. Morrison aporta veteranía, pero el criterio crítico debe mantenerse: no basta con conocer el idioma; hay que habitarlo.
19. Eliza Neals — “Love Will”
“Love Will” pertenece a Thunder In The House y aporta una energía distinta dentro de la playlist. Eliza Neals no trabaja desde la contención acústica ni desde la elegancia de banda clásica. Su terreno es el blues-rock de voz grande, dramatismo emocional y afirmación casi gospel.
La canción opera como pieza de resistencia: no en clave política explícita, sino como confianza en que la música puede sostener un impulso de reparación. Su riesgo está en el exceso, porque Neals canta y produce desde una intensidad alta. Pero ese mismo riesgo es parte de su atractivo. No busca pasar desapercibida ni convertir el blues-rock en ejercicio de buen gusto discreto.
Frente a una genealogía del blues demasiado centrada en hombres con guitarra, su presencia amplía el campo: piano, voz, ciudad, soul, espiritualidad y músculo femenino en primer plano. En la playlist ocupa una función necesaria: subir la temperatura emocional y recordar que el blues-rock también puede ser teatral, corporal y abiertamente afirmativo.
20. Dana Fuchs — “Nothing You Own”
“Nothing You Own” cierra la playlist con una dimensión esencial para el blues-rock: el directo. La canción aparece en Live In Denmark, grabado en una sola noche en Godset, Kolding, durante octubre de 2025 y anunciado para el primer tramo de 2026. El dato central es que el disco fue registrado sin overdubs ni arreglos posteriores, buscando capturar voz, guitarras, bajo y batería con crudeza documental.
Fuchs es una vocalista de combustión emocional alta, pero aquí lo relevante no es solo la potencia: es la exposición. Un directo sin red obliga a aceptar imperfección, riesgo, respiración y desgaste. “Nothing You Own” funciona como recordatorio de que el blues-rock no vive únicamente en lanzamientos de estudio cuidadosamente armados. Vive también en noches concretas, salas concretas, errores posibles y una voz que debe sostener el momento sin edición salvadora.
Como cierre, aporta una lectura casi ética: la música de raíz necesita verdad escénica, no solo repertorio. Después de veinte canciones, la playlist termina donde el blues-rock siempre se comprueba de verdad: sobre un escenario.
Lectura editorial de conjunto
Esta playlist dibuja un trimestre más amplio y más vivo que una simple suma de lanzamientos. El blues aparece en varias formas: acústico y confesional con Tinsley Ellis; humanista con Eric Bibb; de club y slide con Lil’ Ed; expansivo y funk con Selwyn Birchwood; instrumental y fronterizo con Laura Chavez; joven y en búsqueda con Gabe Stillman y Garret T. Willie; europeo y moderno con Muddy What?; transatlántico con Luke Winslow-King.
El rock, por su parte, funciona mejor cuando no intenta disfrazar su edad. The Black Crowes, The Sheepdogs, The Black Keys, Lucinda Williams y Dana Fuchs muestran distintas maneras de seguir usando una lengua histórica sin caer necesariamente en museo. Unos lo hacen desde la fricción sureña; otros desde la melodía luminosa; otros desde la aspereza garagera, la escritura moral o la intensidad escénica.
La clave del trimestre no es la novedad absoluta. Es la continuidad con fricción. Música que sabe de dónde viene, pero todavía necesita decir algo en presente. Esa es la razón por la que esta playlist no debe escucharse como simple acompañamiento, sino como lectura editorial.
NovoRiff
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