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3. Los discos esenciales del primer trimestre de 2026: blues, rock de raíz y americana
Artículo 3 · Blues, rock de raíz y americana en el primer trimestre de 2026
Lectura del trimestre. El primer trimestre de 2026 dejó una cosecha especialmente significativa para el blues, el blues-rock, la americana y el rock de raíz. No fue un periodo dominado por una sola obra canónica ni por un lanzamiento capaz de reorganizar todo el mapa, sino por algo más útil desde el punto de vista editorial: una constelación de discos que, juntos, permiten leer el estado actual de una escena amplia, resistente y más diversa de lo que suele admitirse.
La clave del trimestre no estuvo en la novedad radical. Estuvo en la continuidad con fricción. Varios artistas trabajaron desde lenguajes históricos —Chicago blues, soul-blues, folk-blues, southern rock, americana, rock clásico, swamp, gospel, rhythm and blues— sin limitarse a reproducirlos como decorado. En algunos casos, el resultado miró hacia el hueso acústico del blues; en otros, hacia la banda grande, el homenaje histórico, el funk pantanoso, el rock sureño o la canción de raíz como diagnóstico moral del presente.
Por eso esta selección no debe entenderse como un ranking estricto. Funciona mejor como un mapa. Hay discos centrales, discos de equilibrio, ampliaciones necesarias y una apuesta especialmente interesante para NovoRiff por su conexión transatlántica. La pregunta no es solo “qué discos son mejores”, sino qué función cumple cada uno dentro del relato del trimestre.
Ejes principales del trimestre
Los cinco ejes principales del periodo son claros: Future Soul de Tedeschi Trucks Band, Electric Swamp Funkin’ Blues de Selwyn Birchwood, B.B. King’s Blues Summit 100, Labor of Love de Tinsley Ellis y One Mississippi de Eric Bibb.
Estos discos sostienen la arquitectura central del trimestre porque representan cinco maneras distintas de entender el blues en 2026. Tedeschi Trucks Band defienden el blues-rock como organismo colectivo. Selwyn Birchwood propone una vía expansiva hacia el funk, el soul psicodélico y el swamp contemporáneo. El homenaje a B.B. King coloca la memoria histórica en el centro. Tinsley Ellis reduce el lenguaje a voz, guitarra y relato. Eric Bibb trabaja el blues como conversación moral, memoria social y resistencia serena.
Ahí está el núcleo de la temporada: banda grande, expansión rítmica, archivo, desnudez acústica y humanismo narrativo.
Tedeschi Trucks Band — Future Soul
Future Soul, publicado el 20 de marzo de 2026 a través de Fantasy Records, es uno de los lanzamientos centrales del trimestre. Concord lo presentó como el sexto álbum de estudio de Tedeschi Trucks Band, una colección de once canciones editada durante su residencia de diez noches en el Beacon Theatre de Nueva York y vinculada a una extensa gira de 2026.
La importancia del disco está en su defensa del gran formato. En un contexto musical donde muchas grabaciones se construyen por capas, colaboraciones remotas, protagonismos individuales y producción fragmentada, Tedeschi Trucks Band siguen funcionando como una banda en el sentido más pleno del término. No son un proyecto de Derek Trucks con acompañamiento, ni una plataforma para el lucimiento vocal de Susan Tedeschi. Son una arquitectura de voces, guitarras, teclados, sección rítmica, vientos, coros y dinámicas de directo.
El disco se mueve en el cruce entre blues, soul, funk, gospel y rock sureño. Esa mezcla no es nueva dentro de su trayectoria, pero aquí se afirma con una intención clara: llevar el blues-rock más allá del modelo de guitarrista solista. Derek Trucks sigue siendo un músico central, pero Future Soul no se sostiene únicamente sobre su slide. La voz de Susan Tedeschi, los arreglos colectivos y el pulso de banda pesan tanto como cualquier solo.
El single “I Got You” ya apuntaba esa dirección: una pieza donde la energía no procede de la exhibición, sino del empaste. En Tedeschi Trucks Band, la influencia de The Allman Brothers Band es evidente, pero también hay ecos de Stax, Delaney & Bonnie, Derek and the Dominos, gospel sureño y cultura jam americana. La diferencia está en que TTB no convierte esas referencias en collage nostálgico, sino en idioma propio de comunidad musical.
Dentro del trimestre, Future Soul es el álbum de banda grande por excelencia. Donde otros discos trabajan desde el individuo —voz, guitarra, autor—, este trabaja desde la colectividad. Su valor no reside solo en la calidad de sus intérpretes, sino en la manera en que reivindica el blues-rock como música de conjunto. Es un disco para escuchar atendiendo a los diálogos internos: cómo entra un coro, cómo respira una sección de vientos, cómo la guitarra aparece y se retira, cómo una canción crece sin necesidad de convertir cada momento en clímax.
Selwyn Birchwood — Electric Swamp Funkin’ Blues
Publicado el 27 de marzo de 2026 por Alligator Records, Electric Swamp Funkin’ Blues es probablemente el disco que mejor representa la posibilidad de futuro dentro del blues del trimestre. Alligator lo presentó como un álbum autoproducido, grabado en Florida, con diez canciones originales y una mezcla de blues tradicional, funk, R&B de sabor Stax, psicodelia y sensibilidad swamp.
Selwyn Birchwood no trabaja el blues como recinto cerrado. Su música parte de la tradición, pero se alimenta de elementos que muchas veces han quedado en los márgenes del blues más purista: groove funk, conciencia social, color psicodélico, teatralidad, humor y una espiritualidad comunitaria que conecta con la lógica del directo. “The Church Of Electric Swamp Funkin’ Blues” funciona casi como manifiesto: la música como congregación, el escenario como púlpito, el público como comunidad y el blues como espacio de liberación.
Lo interesante es que Birchwood no abre el blues desde una lógica de fusión superficial. No añade funk o soul como maquillaje. Entiende que esos lenguajes comparten raíces, tensiones y formas de respuesta colectiva. En su música, la guitarra, el lap steel y el groove no compiten: se contaminan. Esa contaminación es precisamente su fuerza.
En el contexto del trimestre, Electric Swamp Funkin’ Blues evita dos peligros: el academicismo y el revival vacío. Birchwood no parece preocupado por demostrar pureza. Su pregunta es otra: qué puede hacer hoy el blues para sonar necesario, corporal, inteligente y comunicativo.
Debe ocupar un lugar central en la serie. Si Labor of Love es introspección acústica y Slideways es club de Chicago, Electric Swamp Funkin’ Blues es blues como expansión. Es uno de los lanzamientos más recomendables para lectores que quieran salir del blues-rock convencional sin abandonar la raíz.
Joe Bonamassa y varios artistas — B.B. King’s Blues Summit 100
B.B. King’s Blues Summit 100 es uno de los proyectos discográficos más ambiciosos del primer trimestre de 2026. Publicado en su forma completa el 6 de febrero por KTBA Records, el álbum reúne 32 canciones asociadas al legado de B.B. King, con edición digital, doble CD y triple vinilo. El proyecto fue impulsado por Joe Bonamassa y planteado como homenaje al centenario del nacimiento de King.
La nómina de participantes es amplia y deliberadamente intergeneracional: Buddy Guy, Keb’ Mo’, Christone “Kingfish” Ingram, Marcus King, Shemekia Copeland, Larkin Poe, Slash, Warren Haynes, Eric Clapton, Chaka Khan, Susan Tedeschi, Derek Trucks y otros nombres de la órbita blues, rock, soul y americana. Esa amplitud confirma una evidencia histórica: B.B. King no fue solo un bluesman decisivo, sino una figura vertebral para la guitarra eléctrica popular.
El riesgo de un proyecto así es evidente. Los discos de homenaje pueden convertirse en escaparates de prestigio, con más peso en la lista de invitados que en la lectura musical. En el caso de B.B. King, el riesgo es todavía mayor, porque su estilo no se define por acumulación, sino por economía. Su lección principal no fue tocar mucho, sino tocar justo: vibrato, pausa, fraseo vocal, control del espacio y sentido dramático del silencio.
Por eso el interés del álbum no debería medirse solo por las colaboraciones más llamativas. Las mejores versiones serán aquellas que entiendan que la guitarra de King cantaba porque sabía respirar. “The Thrill Is Gone”, “Every Day I Have The Blues”, “How Blue Can You Get”, “Paying The Cost To Be The Boss” o “To Know You Is To Love You” son piezas tan cargadas de historia que cualquier reinterpretación debe negociar con el peso del original.
Dentro del trimestre, B.B. King’s Blues Summit 100 es el gran acontecimiento de memoria histórica. No es solo un lanzamiento: es una operación de genealogía. Debe tratarse con entusiasmo prudente. Su importancia cultural es incuestionable; su resultado artístico dependerá de si los invitados respetan la contención expresiva de King. El proyecto merece una escucha comparada con los originales, no una valoración aislada.
Tinsley Ellis — Labor of Love
Publicado el 30 de enero de 2026 por Alligator Records, Labor of Love sitúa a Tinsley Ellis en un territorio de despojamiento acústico que conviene leer como madurez, no como retirada. Alligator lo presentó como su segundo álbum acústico y el primero en ese formato construido íntegramente con canciones originales. El dato es importante porque evita la tentación de entender el disco como simple ejercicio de versiones, homenaje o recreación de archivo. Ellis no se limita a visitar la tradición: escribe desde ella.
La clave estética del álbum está en la reducción. Sin banda eléctrica que empuje, sin solos amplificados que ocupen el espacio y sin producción de blues-rock contemporáneo que engrandezca artificialmente el gesto, Ellis queda expuesto ante lo esencial: voz, guitarra, relato, pulso y respiración. En esa exposición aparece una forma de verdad que no siempre se alcanza desde el volumen. La guitarra acústica no funciona aquí como ornamento de autenticidad, sino como mecanismo de presión: cada ataque, cada silencio y cada frase deben sostenerse por sí mismos.
En términos de trayectoria, Labor of Love puede leerse como continuación natural de su etapa reciente, pero también como depuración. Ellis ha sido históricamente reconocido por su músculo eléctrico, por su filiación al blues-rock sureño y por una guitarra de ataque directo. En este disco desplaza el centro hacia una conversación más antigua: Son House, Skip James, el blues de Bentonia, el country blues de carretera y la tradición de cantautor blues que no necesita banda para construir dramatismo.
El repertorio refuerza esa idea de blues narrativo. Títulos como “Hoodoo Woman”, “Long Time”, “To A Hammer”, “Sad Sad Song” o “The Trouble With Love” apuntan a un universo de pérdida, deseo, trabajo, superstición y desgaste emocional. No hay una voluntad de modernizar el blues desde fuera, sino de demostrar que la forma mínima todavía puede generar tensión contemporánea.
Dentro del trimestre, es uno de los discos más importantes para equilibrar el informe. Frente al blues eléctrico de club, el soul-blues de gran formato o el blues-rock de guitarra expansiva, Ellis propone un regreso al hueso. Labor of Love merece destacarse porque no confunde desnudez con pobreza sonora. La austeridad aquí tiene intención.
Eric Bibb — One Mississippi
Bibb ocupa un lugar muy particular dentro del blues contemporáneo. No trabaja desde la espectacularidad instrumental, sino desde la conversación. Su blues está atravesado por folk, gospel, canción de autor, espiritualidad civil y una conciencia histórica que no necesita elevar la voz para ser firme. En One Mississippi, esa línea aparece reforzada: el disco parece construido como un conjunto de pequeñas historias morales, no como una sucesión de números de lucimiento.
La grabación en Suecia, país donde reside, añade una lectura interesante. Bibb escribe desde una tradición afroamericana, pero desde una distancia geográfica que no diluye el vínculo. Al contrario, parece permitirle mirar la raíz con perspectiva. Su música no busca impacto inmediato. Su fuerza está en la paciencia: guitarras limpias, arreglos de raíz, voz cercana, fraseo amable y una producción que evita convertir el mensaje en consigna.
Bibb recuerda que el blues no solo ha sido música de dolor. También ha sido comunidad, consuelo, pedagogía y resistencia. En su caso, la dimensión política no aparece como pancarta, sino como consecuencia ética de una tradición.
Dentro del trimestre, One Mississippi es el contrapeso humanista. Si Lil’ Ed representa el club y Selwyn Birchwood la expansión funk, Bibb representa la continuidad espiritual y narrativa del blues. Es un disco que debe escucharse sin buscar explosiones. Su intensidad está en otra parte: en la voz, en la claridad de la escritura y en la capacidad de convertir una canción sencilla en una afirmación de dignidad.
Bloque rock de raíz, clásico y sureño
El segundo bloque de la jerarquía editorial lo forman A Pound of Feathers de The Black Crowes, Keep Out of the Storm de The Sheepdogs y World’s Gone Wrong de Lucinda Williams. No son discos equivalentes, pero juntos permiten ampliar el informe más allá del blues estricto hacia el rock de raíz, la americana, el southern rock y la canción como lectura del presente.
The Black Crowes — A Pound of Feathers
The Black Crowes publicaron A Pound of Feathers el 13 de marzo de 2026 a través de Silver Arrow Records. El material promocional lo sitúa como continuación de Happiness Bastards, con Chris y Rich Robinson de nuevo trabajando en Nashville junto al productor Jay Joyce.
El disco importa porque los Crowes se encuentran en una etapa en la que ya no basta con celebrar la reunión. Tras la reconciliación creativa de los hermanos Robinson, el reto es más exigente: producir presente. Happiness Bastards funcionó como reactivación; A Pound of Feathers debe demostrar si esa segunda vida tiene repertorio suficiente o si se limita a administrar una marca histórica.
El lenguaje de The Black Crowes sigue siendo reconocible: rock sureño, soul blanco, blues-rock, riffs deudores de los setenta, coros con sabor gospel, guitarras abiertas y una voz —la de Chris Robinson— que siempre ha oscilado entre predicador, frontman de bar y heredero descarado de una tradición negra filtrada por el rock. El problema crítico es el de siempre: cuando la banda acierta, suena viva, flexible, sensual y peligrosa; cuando se acomoda, puede parecer demasiado consciente de su propio personaje.
La presencia de Jay Joyce en la producción es relevante porque busca dar forma contemporánea a un material que mira claramente al pasado. No se trata de modernizar a los Crowes hasta volverlos irreconocibles, sino de evitar que el revival se convierta en caricatura. Si el álbum funciona, será porque las canciones respiran por sí mismas, no porque evoquen con eficacia una edad dorada del rock.
Dentro del trimestre, A Pound of Feathers es el gran disco de rock clásico y sureño. Conecta de forma directa con lectores de The Rolling Stones, Faces, Humble Pie, The Allman Brothers Band, Lynyrd Skynyrd y rock americano de raíz. Conviene tratarlo con respeto, pero sin indulgencia. La pregunta no es si los Crowes conocen su idioma. Lo conocen. La pregunta es si todavía tienen algo que decir con él.
The Sheepdogs — Keep Out of the Storm
The Sheepdogs publicaron Keep Out of the Storm el 27 de febrero de 2026. Bandcamp recoge el álbum como una colección de once canciones y lo sitúa dentro de americana, rock and roll, southern rock y classic rock.
La banda canadiense ocupa un lugar valioso dentro del informe porque representa una forma de rock clásico sin solemnidad excesiva. The Sheepdogs no parecen interesados en cargar cada acorde con una declaración de principios. Su música trabaja desde el placer del oficio: armonías vocales, guitarras cálidas, boogie, country-rock, blues ligero y una relación muy natural con el imaginario de los años setenta.
Keep Out of the Storm no debe evaluarse con el mismo baremo que un disco de ruptura estética. Su interés está en el equilibrio. No busca sonar agresivamente moderno, pero tampoco cae en la parodia retro. Es un álbum de continuidad artesanal, hecho desde una comprensión clara de la canción, el estribillo, el riff amable y la textura de banda tocando junta.
El single “Nobody But You”, incluido como apertura del disco, resume bien esa orientación: rock luminoso, vocación melódica y una elegancia que no necesita subrayarse. Hay ecos de The Band, CSNY, Creedence, Allman Brothers, boogie canadiense y southern rock sin testosterona inflada.
Dentro del trimestre, funciona como respiradero melódico. Aporta claridad, aire y una relación optimista con el rock de raíz. The Sheepdogs no pretenden salvar el rock; simplemente lo practican con buen gusto. Esa honestidad, en 2026, tiene más valor del que parece.
Lucinda Williams — World’s Gone Wrong
Lucinda Williams publicó World’s Gone Wrong el 23 de enero de 2026. Su web oficial lo presentó como nuevo álbum con el single “The World’s Gone Wrong”, mientras Apple Music recoge diez canciones distribuidas por Highway 20 Records y Thirty Tigers.
Aunque no es un álbum de blues en sentido estricto, su inclusión está justificada por la manera en que Williams trabaja el rock de raíz, la americana, el folk sureño, el country soul y una escritura atravesada por derrota, rabia, dignidad y resistencia. La crítica ha señalado la presencia de rock, blues y soul en el álbum, así como colaboraciones con Mavis Staples, Norah Jones y Brittney Spencer.
El título remite a una tradición antigua: el mundo que va mal, la sociedad que se rompe, la canción como diagnóstico moral. En Williams, esa lectura no queda en consigna. Su voz siempre ha sonado como si la historia colectiva pasara por una garganta individual. Esa es precisamente su cercanía con el blues: no por estructura formal, sino por actitud, fraseo y conciencia de herida.
World’s Gone Wrong debe figurar como puente entre blues, americana y rock literario. Es uno de los discos más útiles para ampliar el informe hacia una lectura cultural del trimestre: raíz musical frente a crisis contemporánea. Si Eric Bibb ofrece serenidad humanista, Lucinda Williams introduce una intemperie más áspera, más rockera y más moralmente incómoda.
Ampliaciones blues contemporáneo
El tercer bloque de la jerarquía lo forman discos que no necesariamente ocupan el centro del trimestre, pero amplían el mapa y evitan que el informe quede reducido a nombres consagrados. Aquí entran Slideways de Lil’ Ed & The Blues Imperials, My Voice de Laura Chavez, What Happens Next? de Gabe Stillman y Thunder In The House de Eliza Neals.
Lil’ Ed & The Blues Imperials — Slideways
Lucinda Williams abrió el año con World’s Gone Wrong, publicado el 23 de enero de 2026. Apenas un mes después, el 27 de febrero, Alligator Records lanzó Slideways, el regreso discográfico de Lil’ Ed & The Blues Imperials: trece canciones producidas por Lil’ Ed Williams junto a Bruce Iglauer, con el Chicago blues como eje expresivo.
El disco representa una línea del blues que no puede entenderse solo desde el estudio. Lil’ Ed pertenece a una tradición donde el blues se valida en el club: volumen físico, interacción con el público, humor, sudor, boogie, shuffle y slide guitar como fuerza motriz. En Slideways, la guitarra no es un adorno expresivo; es el cuerpo principal de la música. Raspa, empuja, contesta a la voz y sostiene ese punto entre celebración y peligro que define al mejor blues eléctrico de Chicago.
La banda lleva décadas trabajando un lenguaje que podría parecer estable, incluso conservador, pero que se mantiene vivo precisamente por la intensidad de ejecución. No hay una gran operación conceptual ni una voluntad evidente de sofisticar el género desde fuera. Su modernidad es otra: tocar como si el blues todavía fuera música de presente, no una postal de museo.
Dentro del trimestre, Slideways es el disco de blues de club por excelencia. Sirve para que el informe no se vuelva demasiado cerebral ni demasiado patrimonial. Su fuerza está en la continuidad: blues eléctrico de oficio, carretera y escenario.
Laura Chavez — My Voice
My Voice representa una pieza singular dentro del trimestre: un álbum instrumental de blues, soul y rhythm and blues firmado por una guitarrista que durante años fue reconocida sobre todo como acompañante. Ruf Records presentó el disco como el debut en solitario de Laura Chavez, un trabajo completamente instrumental donde la guitarra ocupa el lugar de la voz.
El título es programático. Chavez ha explicado que cantar o hablar al micrófono le genera incomodidad, y que durante toda su vida la guitarra ha sido su forma de expresión. Esa idea convierte My Voice en algo más que un disco instrumental. Es una declaración de identidad artística.
Musicalmente, el álbum se mueve por blues de Texas y Chicago, funk, soul, R&B y versiones o relecturas que amplían el campo, incluyendo materiales como “Born on the Bayou”, “Chinese Checkers”, “El Cascabel” o “La Llorona”. La elección de repertorio importa porque rompe una idea estrecha del blues instrumental. No se trata solo de lucir fraseo, sino de mostrar que la guitarra puede narrar desde diferentes tradiciones.
Debe entrar como disco destacado, aunque con una nota de verificación sobre fechas, porque algunas fuentes sitúan su salida en enero y otras en marzo. En cualquier caso, por concepto, personalidad y relevancia de Chavez como guitarrista, merece presencia en el trimestre. También ayuda a corregir una genealogía demasiado masculina del blues de seis cuerdas.
Gabe Stillman — What Happens Next?
Gabe Stillman lanzó What Happens Next? el 27 de marzo de 2026 a través de Gulf Coast Records. Las fuentes especializadas lo presentan como su debut para el sello y como un álbum de blues moderno producido por Anson Funderburgh, con producción ejecutiva de Mike Zito, Guy Hale y Oliver Overton.
Stillman representa una vía interesante del blues-rock actual: joven, eléctrico, con vocación de canción y con una relación clara con el lenguaje de la guitarra, pero sin quedar completamente atrapado en el molde del solista pirotécnico. What Happens Next? aparece descrito como un disco enraizado en el blues moderno, con espacio para soul, funk, rock y una escritura centrada en tensión, incertidumbre y avance.
Su inclusión amplía el informe hacia una generación posterior a Bonamassa, Trucks o Birchwood. No tiene todavía el peso institucional de esos nombres, pero precisamente por eso interesa. Muestra cómo el blues-rock sigue generando nuevos perfiles que buscan encontrar voz propia entre tradición y mercado contemporáneo.
No lo situaría por encima de Birchwood o Tedeschi Trucks Band en la jerarquía trimestral, pero sí como señal de futuro dentro del blues-rock. Es un disco de seguimiento, útil para observar hacia dónde pueden moverse las nuevas generaciones.
Eliza Neals — Thunder In The House
Eliza Neals publicó Thunder In The House el 26 de marzo de 2026. Bandcamp recoge el álbum con nueve canciones, entre ellas “Speedy Beady”, “Love Will”, “Blues Bombshell”, “All Alone”, “Locked Up” y “Wicked Heart”.
Neals trabaja desde un blues-rock de alta intensidad vocal, con raíces en Detroit, soul, rock clásico y una teatralidad que no busca pasar desapercibida. En un bloque de álbumes donde abundan guitarristas masculinos y linajes tradicionales, su presencia ayuda a corregir el mapa. El blues contemporáneo no puede reducirse a la genealogía habitual de hombres con guitarra. Neals aporta otra corporalidad, otra energía y una forma más dramática de ocupar la canción.
Thunder In The House parece planteado desde la electricidad y el impacto. No es un disco de contención ni de sutileza acústica. Su territorio está en la voz poderosa, los riffs gruesos y el blues-rock de efecto inmediato. Esa orientación tiene riesgos: el exceso expresivo puede saturar. Pero también tiene una virtud clara: devuelve el blues-rock a una dimensión emocional y escénica.
Debe figurar como recomendación de ampliación, especialmente para equilibrar género, procedencia y estética dentro del informe. Puede funcionar muy bien como puerta de entrada para lectores que busquen un blues-rock más frontal y vocal.
La apuesta NovoRiff: Luke Winslow-King — Coast of Light
Luke Winslow-King publicó Coast of Light el 27 de marzo de 2026. El álbum, coproducido con Roberto Luti, mezcla blues, jazz, folk e influencias españolas, y aparece marcado tanto por los años del músico en Nueva Orleans como por su nueva vida en España.
Este disco merece una atención especial para NovoRiff porque conecta de forma natural el blues estadounidense con un paisaje mediterráneo. No estamos ante un álbum que simplemente “añada” color español al blues, sino ante una obra que desplaza el punto de escucha. Nueva Orleans sigue presente en el fraseo, en la elasticidad rítmica y en cierta elegancia de raíz. España aparece como luz, espacio, textura y nueva perspectiva vital.
La coproducción con Roberto Luti es esencial. Luti aporta una guitarra que conoce el blues desde dentro, pero también una sensibilidad europea que evita el cliché. Coast of Light se mueve en un territorio más atmosférico y aventurero que el blues-rock de fórmula. Hay folk, jazz, canción, psicodelia ligera y una forma de narración que parece más interesada en el viaje que en la exhibición.
El single “Dangerous Blues” condensa bien esa orientación: no es blues de manual, sino blues en tránsito. El peligro del proyecto sería caer en exotismo; su virtud, cuando funciona, está en lo contrario: asumir que el blues siempre ha viajado, siempre se ha mezclado y siempre ha cambiado de luz según el lugar donde se toca.
Dentro del trimestre, es uno de los discos más sugerentes para el lector español. Permite conectar NovoRiff con una dimensión transatlántica del blues. Coast of Light abre una vía fértil: el blues como idioma migrante, capaz de cruzar Nueva Orleans, Italia, España y la tradición folk sin perder identidad.
Disco veterano a tratar con prudencia: Van Morrison — Somebody Tried To Sell Me A Bridge
Van Morrison publicó Somebody Tried To Sell Me A Bridge el 23 de enero de 2026. Apple Music lo clasifica como álbum de blues, con veinte canciones y una duración cercana a una hora y veinte minutos; la web oficial de Morrison también lo recoge como lanzamiento de enero de 2026.
La inclusión de Morrison exige prudencia crítica. Por un lado, su relación con el blues, el soul, el jazz, el gospel y el rhythm and blues es profunda y estructural. Por otro, su producción reciente ha sido extensa e irregular, de modo que cada nuevo álbum debe escucharse sin dejarse arrastrar automáticamente por la autoridad del nombre.
El repertorio incluye títulos de clara filiación blues como “Kidney Stew Blues”, “King For A Day Blues”, “Snatch It Back And Hold It”, “Deep Blue Sea”, “Monte Carlo Blues” e “I’m Ready”. Algunas fuentes señalan también la presencia de invitados como Buddy Guy, Taj Mahal o Elvin Bishop, lo que refuerza el carácter de retorno explícito a una tradición que Morrison conoce desde sus primeros años.
Debe entrar como disco relevante, pero no necesariamente como uno de los ejes principales. Su interés está en la voz veterana dialogando con el blues, no en la novedad formal. Conviene tratarlo como reafirmación de lenguaje más que como acontecimiento transformador.
Cierre: un trimestre sin disco único, pero con relato claro
El primer trimestre de 2026 no necesita un único “disco del trimestre” para resultar editorialmente fértil. Su fuerza está en el conjunto. Tedeschi Trucks Band muestran que la banda grande todavía puede respirar. Selwyn Birchwood demuestra que el blues puede abrirse al funk, al swamp y al soul psicodélico sin perder identidad. B.B. King vuelve como centro gravitatorio de una genealogía que sigue activa. Tinsley Ellis recuerda que la desnudez acústica puede ser una forma de madurez. Eric Bibb convierte el blues en memoria moral. The Black Crowes y The Sheepdogs mantienen vivo el rock clásico desde lugares distintos. Lucinda Williams lleva la raíz hacia una lectura áspera del presente. Laura Chavez, Gabe Stillman, Eliza Neals y Lil’ Ed amplían el campo contemporáneo. Luke Winslow-King abre una puerta mediterránea especialmente valiosa para NovoRiff.
La síntesis es clara: el blues, el rock de raíz y la americana no viven de una sola dirección. Respiran por capas. Algunas miran al archivo, otras al club, otras a la carretera, otras a la banda grande, otras al Mediterráneo. Y en esa pluralidad está precisamente la vitalidad del trimestre.
martes, 9 de junio de 2026
Noticias clave del trimestre: Alligator, B.B. King, Tedeschi Trucks Band y el pulso del blues actual
NovoRiff presenta
2. Noticias clave del trimestre: Alligator, B.B. King, Tedeschi Trucks Band y el pulso del blues actual
Artículo 2 · El pulso del blues actual en el primer trimestre de 2026
Lectura del trimestre. El primer trimestre de 2026 dejó una señal nítida para el rock de raíz y el blues: la escena no está inmóvil. Tampoco vive una explosión masiva ni una vuelta triunfal al centro de la cultura popular. Lo que aparece es algo más discreto, pero más sólido: una red de continuidad donde sellos históricos, artistas veteranos, nuevas figuras y proyectos conmemorativos siguen manteniendo activo un lenguaje que muchos han dado por agotado demasiadas veces.
Entre enero y marzo, el blues funcionó como eje vertebrador. No como género cerrado ni como reliquia patrimonial, sino como una lengua capaz de adoptar varias formas: acústica, eléctrica, soul, funk, rockera, narrativa, espiritual y de memoria histórica. Alligator Records concentró buena parte de esa vitalidad con tres lanzamientos que resumen tres edades posibles del blues contemporáneo. B.B. King volvió al centro del mapa mediante un homenaje de gran escala impulsado por Joe Bonamassa. Tedeschi Trucks Band defendieron el gran formato de banda como una vía todavía fértil para el blues-rock. Eric Bibb, Van Morrison y Lucinda Williams trabajaron la raíz desde registros muy distintos: conciencia humanista, repertorio blues y lectura moral del presente. The Black Crowes y The Sheepdogs sostuvieron el flanco del rock clásico y sureño. Y, como contrapunto inevitable, el trimestre también estuvo marcado por pérdidas importantes para la memoria del blues: John P. Hammond, Mike Vernon y Paul Geremia.
La fotografía general no es la de una escena esperando un salvador. Es la de un ecosistema que sigue respirando por acumulación: discos, sellos, giras, homenajes, repertorios, estudios, clubes, oyentes y músicos que todavía creen en una música tocada con cuerpo, fricción y memoria.
Alligator Records marca el pulso blues del trimestre
La primera gran noticia del trimestre fue el papel de Alligator Records como centro de gravedad del blues contemporáneo. No por una única publicación aislada, sino por la coincidencia de tres lanzamientos que, juntos, dibujan un mapa casi pedagógico de la escena: Tinsley Ellis con Labor of Love, Lil’ Ed & The Blues Imperials con Slideways y Selwyn Birchwood con Electric Swamp Funkin’ Blues.
La importancia de este triángulo está en su diversidad interna. Ellis representa la depuración acústica; Lil’ Ed, la supervivencia del blues eléctrico de club; Birchwood, la expansión contemporánea hacia el funk, el soul y el swamp psicodélico. Tres discos, tres estrategias, tres maneras de sostener una tradición sin congelarla. Alligator no actúa aquí solo como sello histórico: actúa como curador de una continuidad en movimiento.
B.B. King’s Blues Summit 100: el homenaje como genealogía viva
El centenario de B.B. King podía haberse resuelto con una reedición convencional, un recopilatorio de catálogo o una campaña conmemorativa sin riesgo. En cambio, Joe Bonamassa impulsó B.B. King’s Blues Summit 100, un proyecto de 32 canciones publicado en su forma completa el 6 de febrero de 2026, con edición digital, doble CD y triple vinilo. Su dimensión es ambiciosa: no se limita a recordar a King, sino que convoca a varias generaciones de músicos para reinterpretar su legado.
La lista de participantes explica el alcance del homenaje. En torno al repertorio de King aparecen nombres vinculados al blues tradicional, al blues-rock, al soul, al rock guitarrero y a la americana: Buddy Guy, Keb’ Mo’, Shemekia Copeland, Christone “Kingfish” Ingram, Marcus King, Larkin Poe, Jimmie Vaughan, Warren Haynes, Slash, Eric Clapton, Chaka Khan y otros. Esa amplitud confirma algo fundamental: B.B. King no pertenece solo a la historia interna del blues. Pertenece a la genealogía general de la guitarra eléctrica popular del siglo XX.
Por eso B.B. King’s Blues Summit 100 no debe analizarse solo como “disco de invitados”. Su valor está en mostrar cómo distintas escuelas siguen orbitando alrededor de King: la guitarra blues clásica, el blues-rock de estadio, la voz soul, el slow blues dramático, el fraseo contenido y la elegancia de banda grande. La pregunta crítica no es qué invitado luce más, sino quién entiende mejor la lección de King: dejar respirar la música.
Cuando los intérpretes respetan esa economía expresiva, el proyecto puede funcionar como genealogía viva. Cuando la exceden, aparece el riesgo de convertir el centenario en escaparate. Aun así, por escala, intención y alcance intergeneracional, es uno de los acontecimientos blues centrales del trimestre.
Tedeschi Trucks Band y la defensa del gran formato
Tedeschi Trucks Band lanzaron Future Soul el 20 de marzo de 2026 a través de Fantasy Records. Concord lo presentó como el sexto álbum de estudio de la banda, una colección de once canciones publicada durante su residencia de diez noches en el Beacon Theatre de Nueva York. El disco llegó acompañado por una gira extensa de 2026, lo que refuerza la naturaleza esencialmente escénica del grupo.
En el blues-rock contemporáneo existe una tentación permanente: reducirlo todo al guitar hero. Tedeschi Trucks Band se sitúan en otro lugar. Derek Trucks es uno de los grandes guitarristas de su generación, pero la arquitectura del grupo evita que la guitarra sea el único argumento. El sonido se apoya en respiración de conjunto, dinámicas de soul sureño, fraseo gospel, estructuras de jam controlada y una relación directa con la tradición de The Allman Brothers Band, Delaney & Bonnie, Derek and the Dominos y los grandes ensambles de soul sureño.
Future Soul confirma que el blues-rock puede sonar expansivo sin perder raíz. En una época de singles rápidos, consumo fragmentado y producción atomizada, TTB siguen pensando en repertorio, directo, comunidad y desarrollo instrumental. Su importancia no reside solo en la calidad de sus intérpretes, sino en la manera en que desplazan el foco del virtuosismo hacia la conversación.
Trucks no desaparece, pero se integra. Tedeschi no actúa como simple vocalista principal, sino como centro emocional de una banda que entiende el soul y el blues como lenguajes compartidos. Esa diferencia estética es esencial: Tedeschi Trucks Band no hacen blues-rock de escaparate; hacen música de conjunto, con memoria de escenario y vocación de permanencia.
Eric Bibb y el blues humanista
Eric Bibb publicó One Mississippi el 30 de enero de 2026 a través de Repute Records. Su web oficial lo presentó como una colección de trece canciones originales o coescritas, más una versión de “One Mississippi” de Janis Ian y Fred Koller. El enfoque del disco aparece vinculado a ideas de paz, justicia, unidad y memoria social.
Hay en Bibb una relación muy particular con la tradición. No reproduce el blues rural como postal arqueológica ni lo adapta a la contemporaneidad mediante una producción excesiva. Lo trabaja como idioma ético. Sus canciones suelen parecer sencillas en superficie, pero están construidas sobre una idea muy precisa de comunidad: voz cercana, guitarra sin teatralidad, ritmo que acompaña antes que imponerse y letras que no separan biografía, historia y conciencia social.
Su presencia en el trimestre es necesaria porque recuerda que el blues no siempre necesita dramatismo eléctrico para ser profundo. También puede ser una forma de conversación intergeneracional, una música de cuidado, denuncia y esperanza medida. Si Selwyn Birchwood representa la expansión funk y Lil’ Ed la energía de club, Bibb representa la continuidad humanista. No hay aquí escapismo ni nostalgia confortable: hay memoria puesta al servicio del presente, con una sobriedad que evita tanto el panfleto como la complacencia.
Van Morrison: regreso al repertorio blues con cautela crítica
Van Morrison publicó Somebody Tried To Sell Me A Bridge en enero de 2026. La página oficial del artista recoge un repertorio de fuerte presencia blues, con títulos como “Kidney Stew Blues”, “King For A Day Blues”, “Snatch It Back And Hold It”, “Deep Blue Sea”, “Madame Butterfly Blues”, “On A Monday”, “Monte Carlo Blues”, “Somebody Tried To Sell Me A Bridge” e “I’m Ready”. Apple Music sitúa la publicación el 23 de enero de 2026 y la clasifica directamente dentro del blues.
Ahora bien, la lectura debe ser cauta. Cuando un artista con una trayectoria tan larga publica un disco de orientación tan explícitamente blues, conviene analizarlo con doble enfoque: por un lado, como reafirmación de autoridad; por otro, como posible repliegue hacia un territorio conocido. Morrison conserva una autoridad interpretativa difícil de discutir, pero su producción reciente ha sido amplia e irregular. No todo regreso a la raíz tiene el mismo peso artístico.
Somebody Tried To Sell Me A Bridge importa porque concentra su relación con el blues, pero no conviene aceptarlo automáticamente como gran acontecimiento solo por el peso del nombre. Su valor real dependerá de si esas canciones suenan habitadas o simplemente administradas. En cualquier caso, su presencia ayuda a recordar algo fundamental: el blues no es solo guitarra. También es dicción, respiración, timing, fraseo y memoria vocal.
Lucinda Williams y la raíz como diagnóstico del presente
Lucinda Williams presentó World’s Gone Wrong como nuevo álbum publicado el 23 de enero de 2026, con el single “The World’s Gone Wrong” como adelanto principal. Su web oficial confirmó el título, la fecha y la salida del single, mientras otras fuentes especializadas lo situaron como un álbum de diez canciones distribuido por Thirty Tigers y conectado con colaboraciones de Brittney Spencer, Mavis Staples y Norah Jones.
Lo relevante no es si el álbum debe etiquetarse como blues, rock o americana. Lo importante es cómo Williams usa la tradición para hablar de un presente deteriorado sin caer en consigna plana. En su mejor versión, Lucinda no escribe “sobre” la crisis: deja que la crisis atraviese la voz, el ritmo, el desgaste y el fraseo. Esa cualidad la sitúa cerca del blues como actitud estética, aunque su lenguaje armónico y narrativo sea más amplio.
World’s Gone Wrong debe leerse como una pieza de raíz contemporánea, no como simple disco de protesta. Su interés está en la textura moral de las canciones: cansancio, lucidez, comunidad y resistencia. Si Eric Bibb aporta serenidad humanista, Williams introduce una herida más áspera, más rockera, más cercana a la intemperie.
The Black Crowes: segunda vida, segunda exigencia
The Black Crowes anunciaron A Pound of Feathers el 8 de enero de 2026, con publicación prevista para el 13 de marzo a través de Silver Arrow Records. La propia banda lo presentó como un disco producido por Jay Joyce, grabado en Nashville y compuesto por once canciones escritas por Chris y Rich Robinson. La comunicación oficial subrayó que el álbum fue registrado en un proceso rápido, de ocho a diez días, buscando prolongar el impulso creativo de Happiness Bastards.
El lenguaje del grupo sigue siendo reconocible: blues-rock, soul sureño, riffs deudores de los setenta, actitud de banda de carretera, coros con sabor gospel y una relación muy física con el groove. El peligro, como siempre en The Black Crowes, está en la autocaricatura. Su grandeza histórica no reside solo en sonar “vintage”, sino en haber convertido ese vocabulario en una forma de tensión: elegancia y suciedad, arrogancia y fragilidad, tradición negra americana y exceso rockero blanco.
La noticia merece un lugar destacado porque muestra a una banda veterana intentando producir presente. Pero la lectura debe ser exigente. Un buen riff no basta si no hay canción, y una producción suelta no basta si no hay verdad. A Pound of Feathers será relevante en la medida en que convierta el legado Crowes en movimiento, no en marca.
The Sheepdogs y el rock clásico sin cinismo
The Sheepdogs publicaron Keep Out of the Storm el 27 de febrero de 2026. Su Bandcamp recoge once canciones y clasifica el álbum dentro de americana, rock, rock and roll, southern rock y classic rock. La propia descripción del grupo insiste en su mezcla de rock’n’roll, roots y blues, con armonías que evocan el imaginario de Crosby, Stills, Nash & Young y otros ecos de Laurel Canyon.
Eso no significa que sean una banda menor o simplemente agradable. Su interés está precisamente en la ausencia de cinismo. En un contexto donde muchos proyectos de rock clásico se debaten entre la parodia retro y la ansiedad por sonar modernos, The Sheepdogs aceptan su territorio sin complejos. No intentan disfrazar la influencia setentera, pero tampoco la convierten en un museo frío. Hay oficio, ligereza y una relación honesta con la canción.
Dentro de un trimestre muy cargado de blues, The Sheepdogs aportan equilibrio. Son rock de guitarras, pero no desde la dureza; son raíz, pero no desde la solemnidad; son retro, pero no parecen atrapados en una pose. Keep Out of the Storm funciona como recomendación natural para lectores de rock clásico que buscan continuidad sin grandilocuencia. No aspira a redefinir el género, y ahí está parte de su encanto. Su valor está en recordar que el rock de raíz también puede ser luminoso, melódico y artesanal sin perder dignidad crítica.
Hammond, Vernon y Geremia: la memoria blues también se despide
El primer trimestre de 2026 también quedó marcado por varias pérdidas importantes para la memoria del blues. John P. Hammond, también conocido como John Hammond Jr., murió el 28 de febrero a los 83 años. DownBeat lo recordó como uno de los primeros intérpretes blancos estadounidenses del blues tradicional y como una figura asociada a la transmisión del lenguaje durante seis décadas de carrera.
La muerte de Hammond tiene una dimensión simbólica fuerte. Hijo del productor John Hammond, pero dueño de una trayectoria propia, fue uno de esos músicos-puente que ayudaron a mantener en circulación repertorios de Muddy Waters, Robert Johnson, Son House, Skip James o Howlin’ Wolf para públicos que llegaron al blues a través del revival folk y de la cultura rock de los sesenta. Su importancia no se mide solo por discos, sino por mediación: conciertos, versiones, pedagogía implícita y persistencia.
A esas pérdidas se sumó la de Paul Geremia, fallecido el 14 de marzo a los 81 años. Su obituario lo recuerda como maestro del blues acústico, con más de 55 años de trayectoria, once álbumes, una nominación al Grammy en 2002 y entrada en el Rhode Island Music Hall of Fame en 2013. Geremia pertenece a una estirpe de intérpretes que entendieron el blues acústico no como recreación académica, sino como disciplina de vida: técnica de mano derecha, storytelling, repertorio rural, ragtime, country blues y una ética de transmisión directa.
Hammond, Vernon y Geremia representan tres formas distintas de conservación activa. Hammond llevó el blues tradicional al circuito del revival y del rock; Vernon ayudó a traducirlo en clave británica y eléctrica desde el estudio; Geremia sostuvo la llama acústica del country blues con rigor casi artesanal.
Conviene tratar estas pérdidas con sobriedad, sin convertirlas en necrológica rutinaria. Su desaparición recuerda que el blues no sobrevive únicamente por los grandes nombres de portada. Sobrevive por intérpretes que cargan repertorios, productores que abren puertas, sellos que arriesgan, clubes que programan, festivales que sostienen comunidades y oyentes que siguen escuchando más allá de la novedad. En un trimestre tan rico en lanzamientos, estos obituarios aportan perspectiva: cada disco nuevo existe porque antes hubo transmisión.
Cierre: una escena funcionando por capas
Las noticias del primer trimestre de 2026 no dibujan una revolución, pero sí una continuidad fértil. Alligator Records confirma que un sello histórico puede seguir actuando como radar de presente. B.B. King’s Blues Summit 100 recuerda que el blues necesita volver a sus centros gravitatorios, pero sin convertirlos en monumentos vacíos. Tedeschi Trucks Band muestran que la banda grande aún puede respirar en una cultura fragmentada. Eric Bibb, Van Morrison y Lucinda Williams trabajan la raíz desde la voz, la memoria y la lectura moral del mundo. The Black Crowes y The Sheepdogs demuestran que el rock clásico sigue siendo viable cuando acepta su edad sin disfrazarla. Y las muertes de Hammond, Vernon y Geremia recuerdan que toda escena viva se sostiene sobre una cadena de transmisión.
La clave del trimestre está precisamente ahí: transmisión. El blues y el rock de raíz no sobreviven por nostalgia, sino por circulación. De un sello a una banda, de un productor a un guitarrista, de un club a un festival, de un disco histórico a una nueva lectura, de una voz veterana a una generación que todavía busca su lugar.
El pulso del blues actual no está en una sola obra ni en un solo nombre. Está en esa red. Y durante el primer trimestre de 2026, esa red volvió a demostrar que sigue respirando.


























