miércoles, 17 de junio de 2026

4. Playlist comentada: 20 canciones para entender el Rock y el Blues del primer trimestre de 2026

NovoRiff presenta

Seis miradas sobre una escena de raíz que sigue respirando

NovoRiff presenta

4. Playlist comentada: 20 canciones para entender el Rock y el Blues del primer trimestre de 2026

Ruta de escucha para tomar el pulso al rock de raíz, al blues-rock, al soul-blues y a la americana

El primer trimestre de 2026 puede leerse también a través de una playlist. No una lista de “mejores canciones” en sentido competitivo, ni una clasificación cerrada, sino una ruta de escucha para tomar el pulso al rock de raíz, al blues, al blues-rock, al soul-blues y a la americana durante los tres primeros meses del año.

La selección prioriza canciones publicadas o activadas entre el 1 de enero y el 31 de marzo de 2026, incluyendo algunos singles de adelanto cuando ayudan a entender el estado general de la escena. El criterio editorial es claro: queda fuera el Heavy Metal, ya tratado en su propio espacio, y el foco se mantiene en músicas de raíz, guitarras orgánicas, tradición blues, memoria rockera y escenas afines.

Esta playlist funciona como un mapa. Hay blues acústico, Chicago blues, swamp funk, soul-blues de gran formato, americana literaria, rock clásico, blues europeo, voces femeninas de alta intensidad, guitarristas jóvenes y cruces transatlánticos. La clave no está en buscar una novedad absoluta, sino en detectar continuidad con fricción: música que sabe de dónde viene, pero que todavía necesita decir algo en presente.

1. Tedeschi Trucks Band — “I Got You”

“I Got You” es una apertura ideal porque resume una de las grandes tesis del trimestre: el blues-rock todavía puede sonar colectivo, expansivo y orgánico sin convertirse en nostalgia de gran formato. Tedeschi Trucks Band presentaron la canción como primer adelanto de Future Soul, un disco que confirma la vigencia de la banda grande en tiempos de producción fragmentada.

La pieza trabaja desde un medio tiempo con músculo, donde la sección rítmica sostiene más que empuja, las voces dialogan y las guitarras aparecen integradas en una arquitectura común. Derek Trucks no necesita ocupar todo el plano; su autoridad está en la contención, en la entrada medida, en esa manera de hacer que una frase breve pese más que un solo extenso. Susan Tedeschi aporta una rugosidad vocal que evita el barniz académico del soul recreado.

Lo importante aquí es la respiración de banda. En un trimestre dominado por guitarristas y nombres individuales, Tedeschi Trucks Band recuerdan que el blues-rock también puede ser conversación, coro, ensamble y comunidad.

2. Selwyn Birchwood — “The Church Of Electric Swamp Funkin’ Blues”

“The Church Of Electric Swamp Funkin’ Blues” es casi un manifiesto estético. El propio título ya anuncia el territorio: iglesia, electricidad, pantano, funk y blues. La canción funciona como puerta de entrada a Electric Swamp FunkinBlues, uno de los discos más expansivos del trimestre.

La importancia del tema está en su manera de entender el blues como comunidad antes que como repertorio cerrado. Hay guitarra, lap steel, funk, ecos Stax, psicodelia, humor y una idea física del directo. Birchwood no se limita a actualizar el blues con elementos externos; los integra como si siempre hubieran estado ahí, porque en buena medida lo estaban. El blues comparte con el funk y el soul una lógica de llamada y respuesta, tensión rítmica, cuerpo y liberación.

La pieza funciona como liturgia laica: no predica pureza, sino participación. Dentro del trimestre, es uno de los cortes que mejor proyectan futuro. Donde otros miran hacia la raíz, Birchwood mira desde la raíz hacia delante.

3. Lil’ Ed & The Blues Imperials — “Bad All By Myself”

“Bad All By Myself” representa el polo más físico de la playlist. Es Chicago blues de club, de slide, de sudor, de humor y de banda que sabe exactamente dónde está pisando. No hay aquí sofisticación conceptual ni voluntad de reinventar el género desde el laboratorio. Hay una formación veterana que entiende qué hacer con un riff, un shuffle y una guitarra slide que suena a herramienta de trabajo.

Lil’ Ed Williams no toca la slide como objeto de museo: la hace gruñir, reír, amenazar y celebrar. La canción debería ocupar un lugar alto en cualquier lectura del trimestre porque devuelve el blues al suelo pegajoso del club. Frente a homenajes institucionales, grandes producciones y discos de autor, “Bad All By Myself” recuerda que el blues también es teatro popular, exageración, pecado, supervivencia nocturna y energía comunitaria.

Su valor está en sonar vivo, no pulido. Es una pieza que no pide permiso a la modernidad porque su presente está en la ejecución.

4. Tinsley Ellis — “Hoodoo Woman”

“Hoodoo Woman” abre el universo de Labor of Love, el disco acústico de Tinsley Ellis. La canción funciona porque no intenta sonar antigua de manera teatral. Ellis no imita la arqueología del blues rural: la filtra desde una biografía de décadas en la carretera.

La guitarra marca una tensión seca, casi de porche nocturno, y la voz asume que cada frase debe justificarse sin ayuda eléctrica. Ese es el interés central del tema: la desnudez no aparece como gesto de autenticidad prefabricada, sino como prueba de resistencia. Sin banda, sin volumen, sin colchón de producción, solo queda la relación entre cuerda, garganta y relato.

“Hoodoo Woman” recuerda que el blues acústico no es necesariamente amable. Puede ser feral, inquietante y contemporáneo. En esta playlist ocupa una función esencial: bajar el volumen para subir la intensidad. Después de la expansión colectiva de Tedeschi Trucks Band y Birchwood, Ellis devuelve la escucha al hueso.

5. Eric Bibb — “This One Don’t”

“This One Don’t” representa el blues humanista de Eric Bibb en su vertiente más luminosa. Procede de One Mississippi, un álbum orientado hacia la paz, la justicia, la memoria y la unidad, pero la canción demuestra que esa conciencia no tiene por qué traducirse en solemnidad.

Bibb trabaja en un registro muy distinto al del blues-rock de exhibición: voz cercana, guitarra con función narrativa, arreglos cálidos y una producción que acompaña sin saturar. Hay conciencia social, sí, pero también movimiento, groove y una alegría que no niega la dificultad del tiempo presente. Su música no grita para ser firme.

“This One Don’t” puede parecer ligera en primera escucha, pero su importancia está en esa ligereza conquistada. Bibb no escribe desde la evasión, sino desde una ética de comunidad. En la playlist abre una zona de blues conversacional, espiritual y civil: música que no necesita dramatismo eléctrico para resultar profunda.

6. Joe Bonamassa, Chaka Khan & Eric Clapton — “The Thrill Is Gone”

En cualquier homenaje a B.B. King, “The Thrill Is Gone” es territorio de alto riesgo. La versión incluida en B.B. Kings Blues Summit 100, con Chaka Khan y Eric Clapton, debe escucharse con una pregunta crítica: ¿entiende la lectura contemporánea que la grandeza de King estaba en la economía expresiva?

King no enseñó al mundo a tocar más, sino a tocar mejor; a dejar espacio, a convertir una nota en frase vocal, a hacer que el silencio sostuviera el drama. Por eso cualquier versión de “The Thrill Is Gone” se mide contra una dificultad enorme: no basta con embellecerla ni con rodearla de nombres prestigiosos.

La presencia de Chaka Khan aporta una lectura soul poderosa; Clapton introduce una genealogía británica inevitable; Bonamassa actúa como mediador entre homenaje y espectáculo. En la playlist, el tema funciona como eje de memoria. No por novedad, sino porque obliga a medir todo el blues eléctrico contemporáneo frente a su fuente.

7. Laura Chavez — “Born On The Bayou”

“Born On The Bayou” abre My Voice, debut en solitario de Laura Chavez. El dato esencial es que se trata de un álbum instrumental: la guitarra ocupa el lugar de la voz. En ese contexto, elegir una pieza asociada a Creedence Clearwater Revival no es un gesto menor. Chavez toma un clásico de rock pantanoso y lo desplaza hacia su propio vocabulario.

La elección evita dos trampas habituales del instrumental blues: el lucimiento vacío y la fidelidad reverencial. Chavez no canta la canción, pero tampoco la reduce a una jam. Hace que la melodía sea reconocible y, al mismo tiempo, la mueve hacia un terreno donde conviven Texas blues, Chicago, soul, R&B, frontera y raíces latinas.

En esta playlist, “Born On The Bayou” amplía el mapa. No todo el blues del trimestre viene de voces masculinas, ni todo relato necesita letra. Chavez convierte la guitarra en narradora. Su inclusión es importante porque rompe una genealogía demasiado estrecha del blues de seis cuerdas y sitúa a una guitarrista en primer plano.

8. Gabe Stillman — “What Happens Next?”

“What Happens Next?” da título al álbum de Gabe Stillman y funciona como señal generacional dentro del trimestre. Stillman representa una nueva hornada de músicos de blues-rock: jóvenes, eléctricos, formados en la tradición, pero obligados a encontrar una voz propia entre el respeto al género y la presión de sonar actuales.

La canción plantea el blues como pregunta, no como respuesta cerrada. La guitarra tiene músculo, pero el centro está en la idea de tránsito: qué ocurre después de la promesa, después del aprendizaje, después de asumir que el género no garantiza identidad por sí solo.

Stillman no tiene todavía el peso simbólico de Derek Trucks, Joe Bonamassa o Selwyn Birchwood, y precisamente por eso interesa. En la playlist ocupa una función prospectiva. No es el monumento del trimestre, sino una señal de futuro. Sirve para detectar hacia dónde puede moverse el blues-rock joven cuando intenta escapar tanto del purismo como de la pirotecnia vacía.

9. Altered Five Blues Band — “I Got It Good”

“I Got It Good” abre Hammer & Chisel, álbum de Altered Five Blues Band. La canción sirve como ejemplo de blues contemporáneo robusto, muy de banda, con músculo de club y una producción que no intenta suavizar demasiado la identidad del grupo.

Altered Five no trabajan desde la fragilidad acústica ni desde la psicodelia de Birchwood. Su terreno es otro: groove, voz poderosa, riffs compactos, humor adulto y una idea del blues como maquinaria bien engrasada. “I Got It Good” tiene algo de declaración de estado: una banda veterana que no necesita reinventarse, pero sí demostrar que conserva pegada.

En la playlist ocupa un lugar funcional muy claro. Aporta densidad rítmica, oficio y blues de carretera urbana sin desviarse hacia el rock duro ni hacia el metal. Es un corte necesario para que la selección no quede dominada por los grandes nombres ni por las propuestas más conceptuales. Representa el blues de trabajo, el de banda que sabe entrar, golpear y salir sin pedir demasiadas explicaciones.

10. Garret T. Willie — “High Beam Blues”

“High Beam Blues” forma parte de Bills Cafe, segundo álbum de Garret T. Willie. La canción abre una línea generacional y geográfica distinta. Willie no suena como un bluesman preocupado por encajar en una vitrina patrimonial; su música se mueve entre carretera, juventud, memoria familiar y un tipo de escritura que mira tanto al blues como al country-rock.

El propio título sugiere visión nocturna, avance entre niebla, carretera y amenaza. Es blues de faros largos: no tanto club urbano como paisaje de tránsito. Hay en la pieza una sensación de movimiento que conecta con una tradición muy antigua del blues —viaje, escape, peligro, distancia—, pero filtrada por una sensibilidad contemporánea.

En términos editoriales, aporta frescura sin romper la continuidad del informe. La voz tiene aspereza, la guitarra sostiene tensión y la producción permite que el corte tenga pegada sin perder raíz. Es una recomendación clara para ampliar el bloque de blues joven y evitar que la playlist quede demasiado anclada en veteranos o nombres ya consolidados.

11. Luke Winslow-King — “Dangerous Blues”

“Dangerous Blues” abre Coast of Light, uno de los discos más sugerentes del trimestre para NovoRiff por su conexión transatlántica. Luke Winslow-King mezcla blues, jazz, folk e influencias españolas, con una trayectoria marcada por Nueva Orleans y por su nueva vida en España.

Este corte tiene un valor especial porque permite escribir sobre el blues como idioma migrante. No estamos ante una postal turística de Nueva Orleans ni ante una apropiación superficial de “lo español”. La canción trabaja más bien como desplazamiento de luz: el blues cambia de temperatura, se abre a una sensibilidad mediterránea y permite que la guitarra de Roberto Luti dialogue con una tradición estadounidense sin quedar subordinada.

“Dangerous Blues” no es peligroso por volumen, sino por ambigüedad. Parece caminar entre elegancia, melancolía y amenaza suave. En la playlist funciona como puente transatlántico: Nueva Orleans, Europa, Mediterráneo, viaje y raíz. Es una vía muy fértil para un artículo independiente sobre blues, exilio, territorio y cambio de paisaje.

12. Muddy What? — “Neon Soul”

“Neon Soul” sitúa a Europa dentro del mapa del trimestre. Muddy What?, trío de Múnich, trabajan una mezcla de blues moderno, soul, roots-rock, mandolina, guitarra eléctrica y una identidad que evita dos peligros frecuentes del blues europeo: reverenciar demasiado el canon estadounidense o modernizarlo hasta perder nervio.

La canción sugiere ya desde el título un choque entre raíz y ciudad, entre tradición y luz artificial. “Neon Soul” apunta a un blues con pulso contemporáneo, cuidado en arreglos y menos dependiente del cliché del bar americano. La presencia de una guitarrista líder y el uso de mandolina abren además una textura distinta dentro de la playlist.

Su importancia no está en competir con los grandes nombres estadounidenses, sino en ampliar la geografía de escucha. El blues europeo existe, dialoga, aprende, adapta y busca voz propia. Muddy What? representan una vía moderna pero no desarraigada. En el conjunto del artículo, ayudan a evitar una lectura demasiado estadounidense del trimestre.

13. Bywater Call — “How Long”

“How Long” amplía la playlist hacia un terreno donde blues, soul y rock de raíz se contaminan sin pedir permiso. Bywater Call trabajan desde una combustión lenta, con voz cruda, desarrollo emocional, vientos, texturas modernas y una clara vocación de catarsis.

La canción no debe leerse como blues tradicional, pero sí pertenece al ecosistema blues por intensidad vocal, estructura de tensión y dimensión confesional. Meghan Parnell canta desde una vulnerabilidad que no se confunde con fragilidad. La voz contiene culpa, deseo de reparación y una tensión interna que el arreglo va liberando progresivamente.

La banda no se limita a sonar “vintage”. Usa recursos de soul y R&B contemporáneo para construir una pieza de largo aliento emocional. “How Long” es importante porque muestra una escena roots que entiende el pasado como materia flexible. En la playlist funciona como puente: no es blues de manual, no es rock clásico puro, no es soul ortodoxo. Es raíz en movimiento.

14. The Black Crowes — “Profane Prophecy”

“Profane Prophecy” abre A Pound of Feathers y representa el costado más reconocible de The Black Crowes: riff con swing, voz de predicador canalla, base rítmica suelta y una sensualidad áspera que conecta blues, soul y rock sureño.

El interés crítico está en medir si esa energía sigue generando fricción o si se limita a reproducir una marca eficaz. The Black Crowes son mejores cuando parecen tocar contra el suelo, no contra su propia leyenda. En esta canción aparece el vocabulario habitual: groove, arrogancia, fricción, tradición negra americana filtrada por rock blanco de carretera y una teatralidad que puede ser virtud o caricatura según la temperatura de la canción.

“Profane Prophecy” funciona en la playlist porque aporta rock and roll sin coartada conceptual: cuerpo, groove y actitud. Pero conviene escucharla con exigencia. En una banda con tanta historia, sonar reconocible no basta. La canción debe justificar su presente. Ese es el reto de los Crowes en 2026.

15. The Sheepdogs — “Nobody But You”

“Nobody But You” abre Keep Out Of The Storm y aporta aire a la playlist. Frente al dramatismo de parte del blues del trimestre, The Sheepdogs recuerdan que la música de raíz también puede ser luminosa sin volverse banal.

La canción tiene una calidez inmediata: guitarras limpias, melodía accesible, armonías suaves y una producción que no intenta endurecer artificialmente el resultado. Su genealogía setentera es evidente, pero no se presenta como disfraz. Hay placer de tocar, oficio y una relación honesta con la tradición.

Editorialmente, “Nobody But You” sirve para conectar a lectores de rock clásico con una escena contemporánea que no necesita proclamar una revolución estética para tener valor. The Sheepdogs no intentan salvar el rock ni refundar nada. Lo practican con naturalidad. En una época donde muchas bandas de raíz sobreactúan la autenticidad, esa falta de cinismo resulta casi refrescante.

La canción funciona como respiradero melódico dentro del conjunto: menos tensión, más luz; menos herida, más canción.

16. The Black Keys — “You Got To Lose”

“You Got To Lose” fue presentado como adelanto de Peaches!, álbum previsto para el segundo trimestre, pero el single circuló plenamente durante el primero y ayuda a explicar una línea importante del periodo: el intento de recuperar crudeza blues desde una banda que ya convirtió esa crudeza en marca.

The Black Keys conocen perfectamente el lenguaje: riff seco, batería primaria, garaje, blues del Mississippi filtrado por producción contemporánea. La pregunta es si todavía suena vulnerable o si suena calculado. Esa tensión ha acompañado al dúo durante buena parte de su trayectoria reciente: cómo regresar al origen cuando ese origen ya forma parte de una identidad comercial reconocible.

En la playlist, “You Got To Lose” funciona como pieza de transición. No es el centro del trimestre, pero sí un síntoma. El blues-rock comercial sigue volviendo al barro cuando necesita recuperar credibilidad emocional. La canción interesa precisamente por esa ambigüedad: puede leerse como retorno sincero o como gestión inteligente de una marca sonora.

17. Lucinda Williams — “The World’s Gone Wrong”

“The World’s Gone Wrong” condensa la posición de Lucinda Williams dentro del trimestre. No es blues en sentido estricto, pero su música siempre ha vivido cerca del blues como actitud: voz quebrada, escritura de pérdida, resistencia moral, country-soul, rock sureño y una manera de cantar que parece traer historia pegada a la garganta.

La canción conecta con una tradición antigua: el mundo que va mal, la sociedad que se rompe, la canción como diagnóstico de un presente torcido. No hay escapismo; tampoco panfleto plano. La fuerza está en la voz, en esa mezcla de cansancio y desafío que Williams maneja mejor que casi nadie.

Dentro de la playlist, el tema funciona como puente entre blues, americana y rock literario. Recuerda que no todo el peso del trimestre se mide en solos. También se mide en escritura, en textura moral, en la capacidad de una canción para nombrar la intemperie sin convertirla en consigna. Lucinda aporta una herida más áspera que Eric Bibb y menos escénica que Eliza Neals: una herida de narradora.

18. Van Morrison — “I’m Ready”

“I’m Ready” forma parte de Somebody Tried To Sell Me A Bridge, álbum de Van Morrison orientado hacia un repertorio de fuerte presencia blues. La elección del tema resulta significativa porque el título tiene algo de declaración ritual: estar preparado para volver a las formas, a los códigos, al fraseo de raíz.

Morrison lleva décadas orbitando blues, jazz, soul, gospel y rhythm and blues. Cuando se acerca al blues no lo hace como turista. Dicho esto, la escucha debe ser prudente. Su producción reciente ha sido amplia e irregular, y ningún nombre veterano debería blindarse frente al análisis.

En la playlist, “I’m Ready” funciona como presencia de autoridad vocal. Es menos sorprendente que otros cortes, quizá, pero útil para recordar que el blues no es solo guitarra. También es dicción, respiración, control del tiempo, fraseo y memoria interpretativa. Morrison aporta veteranía, pero el criterio crítico debe mantenerse: no basta con conocer el idioma; hay que habitarlo.

19. Eliza Neals — “Love Will”

“Love Will” pertenece a Thunder In The House y aporta una energía distinta dentro de la playlist. Eliza Neals no trabaja desde la contención acústica ni desde la elegancia de banda clásica. Su terreno es el blues-rock de voz grande, dramatismo emocional y afirmación casi gospel.

La canción opera como pieza de resistencia: no en clave política explícita, sino como confianza en que la música puede sostener un impulso de reparación. Su riesgo está en el exceso, porque Neals canta y produce desde una intensidad alta. Pero ese mismo riesgo es parte de su atractivo. No busca pasar desapercibida ni convertir el blues-rock en ejercicio de buen gusto discreto.

Frente a una genealogía del blues demasiado centrada en hombres con guitarra, su presencia amplía el campo: piano, voz, ciudad, soul, espiritualidad y músculo femenino en primer plano. En la playlist ocupa una función necesaria: subir la temperatura emocional y recordar que el blues-rock también puede ser teatral, corporal y abiertamente afirmativo.

20. Dana Fuchs — “Nothing You Own”

“Nothing You Own” cierra la playlist con una dimensión esencial para el blues-rock: el directo. La canción aparece en Live In Denmark, grabado en una sola noche en Godset, Kolding, durante octubre de 2025 y anunciado para el primer tramo de 2026. El dato central es que el disco fue registrado sin overdubs ni arreglos posteriores, buscando capturar voz, guitarras, bajo y batería con crudeza documental.

Fuchs es una vocalista de combustión emocional alta, pero aquí lo relevante no es solo la potencia: es la exposición. Un directo sin red obliga a aceptar imperfección, riesgo, respiración y desgaste. “Nothing You Own” funciona como recordatorio de que el blues-rock no vive únicamente en lanzamientos de estudio cuidadosamente armados. Vive también en noches concretas, salas concretas, errores posibles y una voz que debe sostener el momento sin edición salvadora.

Como cierre, aporta una lectura casi ética: la música de raíz necesita verdad escénica, no solo repertorio. Después de veinte canciones, la playlist termina donde el blues-rock siempre se comprueba de verdad: sobre un escenario.

Lectura editorial de conjunto

Esta playlist dibuja un trimestre más amplio y más vivo que una simple suma de lanzamientos. El blues aparece en varias formas: acústico y confesional con Tinsley Ellis; humanista con Eric Bibb; de club y slide con Lil’ Ed; expansivo y funk con Selwyn Birchwood; instrumental y fronterizo con Laura Chavez; joven y en búsqueda con Gabe Stillman y Garret T. Willie; europeo y moderno con Muddy What?; transatlántico con Luke Winslow-King.

El rock, por su parte, funciona mejor cuando no intenta disfrazar su edad. The Black Crowes, The Sheepdogs, The Black Keys, Lucinda Williams y Dana Fuchs muestran distintas maneras de seguir usando una lengua histórica sin caer necesariamente en museo. Unos lo hacen desde la fricción sureña; otros desde la melodía luminosa; otros desde la aspereza garagera, la escritura moral o la intensidad escénica.

La clave del trimestre no es la novedad absoluta. Es la continuidad con fricción. Música que sabe de dónde viene, pero todavía necesita decir algo en presente. Esa es la razón por la que esta playlist no debe escucharse como simple acompañamiento, sino como lectura editorial.



NovoRiff

Entre Riffs y Arpegios

jueves, 11 de junio de 2026

Los discos esenciales del primer trimestre de 2026: blues, rock de raíz y americana.

NovoRiff presenta

Seis miradas sobre una escena de raíz que sigue respirando

NovoRiff presenta

3. Los discos esenciales del primer trimestre de 2026: blues, rock de raíz y americana

Artículo 3 · Blues, rock de raíz y americana en el primer trimestre de 2026

Lectura del trimestre. El primer trimestre de 2026 dejó una cosecha especialmente significativa para el blues, el blues-rock, la americana y el rock de raíz. No fue un periodo dominado por una sola obra canónica ni por un lanzamiento capaz de reorganizar todo el mapa, sino por algo más útil desde el punto de vista editorial: una constelación de discos que, juntos, permiten leer el estado actual de una escena amplia, resistente y más diversa de lo que suele admitirse.

La clave del trimestre no estuvo en la novedad radical. Estuvo en la continuidad con fricción. Varios artistas trabajaron desde lenguajes históricos —Chicago blues, soul-blues, folk-blues, southern rock, americana, rock clásico, swamp, gospel, rhythm and blues— sin limitarse a reproducirlos como decorado. En algunos casos, el resultado miró hacia el hueso acústico del blues; en otros, hacia la banda grande, el homenaje histórico, el funk pantanoso, el rock sureño o la canción de raíz como diagnóstico moral del presente.

Por eso esta selección no debe entenderse como un ranking estricto. Funciona mejor como un mapa. Hay discos centrales, discos de equilibrio, ampliaciones necesarias y una apuesta especialmente interesante para NovoRiff por su conexión transatlántica. La pregunta no es solo “qué discos son mejores”, sino qué función cumple cada uno dentro del relato del trimestre.

Ejes principales del trimestre

Los cinco ejes principales del periodo son claros: Future Soul de Tedeschi Trucks Band, Electric Swamp Funkin’ Blues de Selwyn Birchwood, B.B. King’s Blues Summit 100, Labor of Love de Tinsley Ellis y One Mississippi de Eric Bibb.

Estos discos sostienen la arquitectura central del trimestre porque representan cinco maneras distintas de entender el blues en 2026. Tedeschi Trucks Band defienden el blues-rock como organismo colectivo. Selwyn Birchwood propone una vía expansiva hacia el funk, el soul psicodélico y el swamp contemporáneo. El homenaje a B.B. King coloca la memoria histórica en el centro. Tinsley Ellis reduce el lenguaje a voz, guitarra y relato. Eric Bibb trabaja el blues como conversación moral, memoria social y resistencia serena.

Ahí está el núcleo de la temporada: banda grande, expansión rítmica, archivo, desnudez acústica y humanismo narrativo.

Tedeschi Trucks Band — Future Soul

Future Soul, publicado el 20 de marzo de 2026 a través de Fantasy Records, es uno de los lanzamientos centrales del trimestre. Concord lo presentó como el sexto álbum de estudio de Tedeschi Trucks Band, una colección de once canciones editada durante su residencia de diez noches en el Beacon Theatre de Nueva York y vinculada a una extensa gira de 2026.

La importancia del disco está en su defensa del gran formato. En un contexto musical donde muchas grabaciones se construyen por capas, colaboraciones remotas, protagonismos individuales y producción fragmentada, Tedeschi Trucks Band siguen funcionando como una banda en el sentido más pleno del término. No son un proyecto de Derek Trucks con acompañamiento, ni una plataforma para el lucimiento vocal de Susan Tedeschi. Son una arquitectura de voces, guitarras, teclados, sección rítmica, vientos, coros y dinámicas de directo.

El disco se mueve en el cruce entre blues, soul, funk, gospel y rock sureño. Esa mezcla no es nueva dentro de su trayectoria, pero aquí se afirma con una intención clara: llevar el blues-rock más allá del modelo de guitarrista solista. Derek Trucks sigue siendo un músico central, pero Future Soul no se sostiene únicamente sobre su slide. La voz de Susan Tedeschi, los arreglos colectivos y el pulso de banda pesan tanto como cualquier solo.

El single “I Got You” ya apuntaba esa dirección: una pieza donde la energía no procede de la exhibición, sino del empaste. En Tedeschi Trucks Band, la influencia de The Allman Brothers Band es evidente, pero también hay ecos de Stax, Delaney & Bonnie, Derek and the Dominos, gospel sureño y cultura jam americana. La diferencia está en que TTB no convierte esas referencias en collage nostálgico, sino en idioma propio de comunidad musical.

Dentro del trimestre, Future Soul es el álbum de banda grande por excelencia. Donde otros discos trabajan desde el individuo —voz, guitarra, autor—, este trabaja desde la colectividad. Su valor no reside solo en la calidad de sus intérpretes, sino en la manera en que reivindica el blues-rock como música de conjunto. Es un disco para escuchar atendiendo a los diálogos internos: cómo entra un coro, cómo respira una sección de vientos, cómo la guitarra aparece y se retira, cómo una canción crece sin necesidad de convertir cada momento en clímax.

Selwyn Birchwood — Electric Swamp Funkin’ Blues

Publicado el 27 de marzo de 2026 por Alligator Records, Electric Swamp Funkin’ Blues es probablemente el disco que mejor representa la posibilidad de futuro dentro del blues del trimestre. Alligator lo presentó como un álbum autoproducido, grabado en Florida, con diez canciones originales y una mezcla de blues tradicional, funk, R&B de sabor Stax, psicodelia y sensibilidad swamp.

Selwyn Birchwood no trabaja el blues como recinto cerrado. Su música parte de la tradición, pero se alimenta de elementos que muchas veces han quedado en los márgenes del blues más purista: groove funk, conciencia social, color psicodélico, teatralidad, humor y una espiritualidad comunitaria que conecta con la lógica del directo. “The Church Of Electric Swamp Funkin’ Blues” funciona casi como manifiesto: la música como congregación, el escenario como púlpito, el público como comunidad y el blues como espacio de liberación.

Lo interesante es que Birchwood no abre el blues desde una lógica de fusión superficial. No añade funk o soul como maquillaje. Entiende que esos lenguajes comparten raíces, tensiones y formas de respuesta colectiva. En su música, la guitarra, el lap steel y el groove no compiten: se contaminan. Esa contaminación es precisamente su fuerza.

En el contexto del trimestre, Electric Swamp Funkin’ Blues evita dos peligros: el academicismo y el revival vacío. Birchwood no parece preocupado por demostrar pureza. Su pregunta es otra: qué puede hacer hoy el blues para sonar necesario, corporal, inteligente y comunicativo.

Debe ocupar un lugar central en la serie. Si Labor of Love es introspección acústica y Slideways es club de Chicago, Electric Swamp Funkin’ Blues es blues como expansión. Es uno de los lanzamientos más recomendables para lectores que quieran salir del blues-rock convencional sin abandonar la raíz.

Joe Bonamassa y varios artistas — B.B. King’s Blues Summit 100

B.B. King’s Blues Summit 100 es uno de los proyectos discográficos más ambiciosos del primer trimestre de 2026. Publicado en su forma completa el 6 de febrero por KTBA Records, el álbum reúne 32 canciones asociadas al legado de B.B. King, con edición digital, doble CD y triple vinilo. El proyecto fue impulsado por Joe Bonamassa y planteado como homenaje al centenario del nacimiento de King.

La nómina de participantes es amplia y deliberadamente intergeneracional: Buddy Guy, Keb’ Mo’, Christone “Kingfish” Ingram, Marcus King, Shemekia Copeland, Larkin Poe, Slash, Warren Haynes, Eric Clapton, Chaka Khan, Susan Tedeschi, Derek Trucks y otros nombres de la órbita blues, rock, soul y americana. Esa amplitud confirma una evidencia histórica: B.B. King no fue solo un bluesman decisivo, sino una figura vertebral para la guitarra eléctrica popular.

El riesgo de un proyecto así es evidente. Los discos de homenaje pueden convertirse en escaparates de prestigio, con más peso en la lista de invitados que en la lectura musical. En el caso de B.B. King, el riesgo es todavía mayor, porque su estilo no se define por acumulación, sino por economía. Su lección principal no fue tocar mucho, sino tocar justo: vibrato, pausa, fraseo vocal, control del espacio y sentido dramático del silencio.

Por eso el interés del álbum no debería medirse solo por las colaboraciones más llamativas. Las mejores versiones serán aquellas que entiendan que la guitarra de King cantaba porque sabía respirar. “The Thrill Is Gone”, “Every Day I Have The Blues”, “How Blue Can You Get”, “Paying The Cost To Be The Boss” o “To Know You Is To Love You” son piezas tan cargadas de historia que cualquier reinterpretación debe negociar con el peso del original.

Dentro del trimestre, B.B. King’s Blues Summit 100 es el gran acontecimiento de memoria histórica. No es solo un lanzamiento: es una operación de genealogía. Debe tratarse con entusiasmo prudente. Su importancia cultural es incuestionable; su resultado artístico dependerá de si los invitados respetan la contención expresiva de King. El proyecto merece una escucha comparada con los originales, no una valoración aislada.

Tinsley Ellis — Labor of Love

Publicado el 30 de enero de 2026 por Alligator Records, Labor of Love sitúa a Tinsley Ellis en un territorio de despojamiento acústico que conviene leer como madurez, no como retirada. Alligator lo presentó como su segundo álbum acústico y el primero en ese formato construido íntegramente con canciones originales. El dato es importante porque evita la tentación de entender el disco como simple ejercicio de versiones, homenaje o recreación de archivo. Ellis no se limita a visitar la tradición: escribe desde ella.

La clave estética del álbum está en la reducción. Sin banda eléctrica que empuje, sin solos amplificados que ocupen el espacio y sin producción de blues-rock contemporáneo que engrandezca artificialmente el gesto, Ellis queda expuesto ante lo esencial: voz, guitarra, relato, pulso y respiración. En esa exposición aparece una forma de verdad que no siempre se alcanza desde el volumen. La guitarra acústica no funciona aquí como ornamento de autenticidad, sino como mecanismo de presión: cada ataque, cada silencio y cada frase deben sostenerse por sí mismos.

En términos de trayectoria, Labor of Love puede leerse como continuación natural de su etapa reciente, pero también como depuración. Ellis ha sido históricamente reconocido por su músculo eléctrico, por su filiación al blues-rock sureño y por una guitarra de ataque directo. En este disco desplaza el centro hacia una conversación más antigua: Son House, Skip James, el blues de Bentonia, el country blues de carretera y la tradición de cantautor blues que no necesita banda para construir dramatismo.

El repertorio refuerza esa idea de blues narrativo. Títulos como “Hoodoo Woman”, “Long Time”, “To A Hammer”, “Sad Sad Song” o “The Trouble With Love” apuntan a un universo de pérdida, deseo, trabajo, superstición y desgaste emocional. No hay una voluntad de modernizar el blues desde fuera, sino de demostrar que la forma mínima todavía puede generar tensión contemporánea.

Dentro del trimestre, es uno de los discos más importantes para equilibrar el informe. Frente al blues eléctrico de club, el soul-blues de gran formato o el blues-rock de guitarra expansiva, Ellis propone un regreso al hueso. Labor of Love merece destacarse porque no confunde desnudez con pobreza sonora. La austeridad aquí tiene intención.

Eric Bibb — One Mississippi


Eric Bibb publicó One Mississippi el 30 de enero de 2026 a través de Repute Records. Su web oficial lo presentó como un álbum de trece canciones originales o coescritas, más una versión de “One Mississippi” de Janis Ian y Fred Koller, con una orientación explícita hacia la paz, la justicia, la memoria y la unidad.

Bibb ocupa un lugar muy particular dentro del blues contemporáneo. No trabaja desde la espectacularidad instrumental, sino desde la conversación. Su blues está atravesado por folk, gospel, canción de autor, espiritualidad civil y una conciencia histórica que no necesita elevar la voz para ser firme. En One Mississippi, esa línea aparece reforzada: el disco parece construido como un conjunto de pequeñas historias morales, no como una sucesión de números de lucimiento.

La grabación en Suecia, país donde reside, añade una lectura interesante. Bibb escribe desde una tradición afroamericana, pero desde una distancia geográfica que no diluye el vínculo. Al contrario, parece permitirle mirar la raíz con perspectiva. Su música no busca impacto inmediato. Su fuerza está en la paciencia: guitarras limpias, arreglos de raíz, voz cercana, fraseo amable y una producción que evita convertir el mensaje en consigna.

Bibb recuerda que el blues no solo ha sido música de dolor. También ha sido comunidad, consuelo, pedagogía y resistencia. En su caso, la dimensión política no aparece como pancarta, sino como consecuencia ética de una tradición.

Dentro del trimestre, One Mississippi es el contrapeso humanista. Si Lil’ Ed representa el club y Selwyn Birchwood la expansión funk, Bibb representa la continuidad espiritual y narrativa del blues. Es un disco que debe escucharse sin buscar explosiones. Su intensidad está en otra parte: en la voz, en la claridad de la escritura y en la capacidad de convertir una canción sencilla en una afirmación de dignidad.

Bloque rock de raíz, clásico y sureño

El segundo bloque de la jerarquía editorial lo forman A Pound of Feathers de The Black Crowes, Keep Out of the Storm de The Sheepdogs y World’s Gone Wrong de Lucinda Williams. No son discos equivalentes, pero juntos permiten ampliar el informe más allá del blues estricto hacia el rock de raíz, la americana, el southern rock y la canción como lectura del presente.

The Black Crowes — A Pound of Feathers

The Black Crowes publicaron A Pound of Feathers el 13 de marzo de 2026 a través de Silver Arrow Records. El material promocional lo sitúa como continuación de Happiness Bastards, con Chris y Rich Robinson de nuevo trabajando en Nashville junto al productor Jay Joyce.

El disco importa porque los Crowes se encuentran en una etapa en la que ya no basta con celebrar la reunión. Tras la reconciliación creativa de los hermanos Robinson, el reto es más exigente: producir presente. Happiness Bastards funcionó como reactivación; A Pound of Feathers debe demostrar si esa segunda vida tiene repertorio suficiente o si se limita a administrar una marca histórica.

El lenguaje de The Black Crowes sigue siendo reconocible: rock sureño, soul blanco, blues-rock, riffs deudores de los setenta, coros con sabor gospel, guitarras abiertas y una voz —la de Chris Robinson— que siempre ha oscilado entre predicador, frontman de bar y heredero descarado de una tradición negra filtrada por el rock. El problema crítico es el de siempre: cuando la banda acierta, suena viva, flexible, sensual y peligrosa; cuando se acomoda, puede parecer demasiado consciente de su propio personaje.

La presencia de Jay Joyce en la producción es relevante porque busca dar forma contemporánea a un material que mira claramente al pasado. No se trata de modernizar a los Crowes hasta volverlos irreconocibles, sino de evitar que el revival se convierta en caricatura. Si el álbum funciona, será porque las canciones respiran por sí mismas, no porque evoquen con eficacia una edad dorada del rock.

Dentro del trimestre, A Pound of Feathers es el gran disco de rock clásico y sureño. Conecta de forma directa con lectores de The Rolling Stones, Faces, Humble Pie, The Allman Brothers Band, Lynyrd Skynyrd y rock americano de raíz. Conviene tratarlo con respeto, pero sin indulgencia. La pregunta no es si los Crowes conocen su idioma. Lo conocen. La pregunta es si todavía tienen algo que decir con él.

The Sheepdogs — Keep Out of the Storm

The Sheepdogs publicaron Keep Out of the Storm el 27 de febrero de 2026. Bandcamp recoge el álbum como una colección de once canciones y lo sitúa dentro de americana, rock and roll, southern rock y classic rock.

La banda canadiense ocupa un lugar valioso dentro del informe porque representa una forma de rock clásico sin solemnidad excesiva. The Sheepdogs no parecen interesados en cargar cada acorde con una declaración de principios. Su música trabaja desde el placer del oficio: armonías vocales, guitarras cálidas, boogie, country-rock, blues ligero y una relación muy natural con el imaginario de los años setenta.

Keep Out of the Storm no debe evaluarse con el mismo baremo que un disco de ruptura estética. Su interés está en el equilibrio. No busca sonar agresivamente moderno, pero tampoco cae en la parodia retro. Es un álbum de continuidad artesanal, hecho desde una comprensión clara de la canción, el estribillo, el riff amable y la textura de banda tocando junta.

El single “Nobody But You”, incluido como apertura del disco, resume bien esa orientación: rock luminoso, vocación melódica y una elegancia que no necesita subrayarse. Hay ecos de The Band, CSNY, Creedence, Allman Brothers, boogie canadiense y southern rock sin testosterona inflada.

Dentro del trimestre, funciona como respiradero melódico. Aporta claridad, aire y una relación optimista con el rock de raíz. The Sheepdogs no pretenden salvar el rock; simplemente lo practican con buen gusto. Esa honestidad, en 2026, tiene más valor del que parece.

Lucinda Williams — World’s Gone Wrong

Lucinda Williams publicó World’s Gone Wrong el 23 de enero de 2026. Su web oficial lo presentó como nuevo álbum con el single “The World’s Gone Wrong”, mientras Apple Music recoge diez canciones distribuidas por Highway 20 Records y Thirty Tigers.

Aunque no es un álbum de blues en sentido estricto, su inclusión está justificada por la manera en que Williams trabaja el rock de raíz, la americana, el folk sureño, el country soul y una escritura atravesada por derrota, rabia, dignidad y resistencia. La crítica ha señalado la presencia de rock, blues y soul en el álbum, así como colaboraciones con Mavis Staples, Norah Jones y Brittney Spencer.

El título remite a una tradición antigua: el mundo que va mal, la sociedad que se rompe, la canción como diagnóstico moral. En Williams, esa lectura no queda en consigna. Su voz siempre ha sonado como si la historia colectiva pasara por una garganta individual. Esa es precisamente su cercanía con el blues: no por estructura formal, sino por actitud, fraseo y conciencia de herida.

World’s Gone Wrong debe figurar como puente entre blues, americana y rock literario. Es uno de los discos más útiles para ampliar el informe hacia una lectura cultural del trimestre: raíz musical frente a crisis contemporánea. Si Eric Bibb ofrece serenidad humanista, Lucinda Williams introduce una intemperie más áspera, más rockera y más moralmente incómoda.

Ampliaciones blues contemporáneo

El tercer bloque de la jerarquía lo forman discos que no necesariamente ocupan el centro del trimestre, pero amplían el mapa y evitan que el informe quede reducido a nombres consagrados. Aquí entran Slideways de Lil’ Ed & The Blues Imperials, My Voice de Laura Chavez, What Happens Next? de Gabe Stillman y Thunder In The House de Eliza Neals.

Lil’ Ed & The Blues Imperials — Slideways

Lucinda Williams abrió el año con World’s Gone Wrong, publicado el 23 de enero de 2026. Apenas un mes después, el 27 de febrero, Alligator Records lanzó Slideways, el regreso discográfico de Lil’ Ed & The Blues Imperials: trece canciones producidas por Lil’ Ed Williams junto a Bruce Iglauer, con el Chicago blues como eje expresivo.

El disco representa una línea del blues que no puede entenderse solo desde el estudio. Lil’ Ed pertenece a una tradición donde el blues se valida en el club: volumen físico, interacción con el público, humor, sudor, boogie, shuffle y slide guitar como fuerza motriz. En Slideways, la guitarra no es un adorno expresivo; es el cuerpo principal de la música. Raspa, empuja, contesta a la voz y sostiene ese punto entre celebración y peligro que define al mejor blues eléctrico de Chicago.

La banda lleva décadas trabajando un lenguaje que podría parecer estable, incluso conservador, pero que se mantiene vivo precisamente por la intensidad de ejecución. No hay una gran operación conceptual ni una voluntad evidente de sofisticar el género desde fuera. Su modernidad es otra: tocar como si el blues todavía fuera música de presente, no una postal de museo.

Dentro del trimestre, Slideways es el disco de blues de club por excelencia. Sirve para que el informe no se vuelva demasiado cerebral ni demasiado patrimonial. Su fuerza está en la continuidad: blues eléctrico de oficio, carretera y escenario.

Laura Chavez — My Voice

My Voice representa una pieza singular dentro del trimestre: un álbum instrumental de blues, soul y rhythm and blues firmado por una guitarrista que durante años fue reconocida sobre todo como acompañante. Ruf Records presentó el disco como el debut en solitario de Laura Chavez, un trabajo completamente instrumental donde la guitarra ocupa el lugar de la voz.

El título es programático. Chavez ha explicado que cantar o hablar al micrófono le genera incomodidad, y que durante toda su vida la guitarra ha sido su forma de expresión. Esa idea convierte My Voice en algo más que un disco instrumental. Es una declaración de identidad artística.

Musicalmente, el álbum se mueve por blues de Texas y Chicago, funk, soul, R&B y versiones o relecturas que amplían el campo, incluyendo materiales como “Born on the Bayou”, “Chinese Checkers”, “El Cascabel” o “La Llorona”. La elección de repertorio importa porque rompe una idea estrecha del blues instrumental. No se trata solo de lucir fraseo, sino de mostrar que la guitarra puede narrar desde diferentes tradiciones.

Debe entrar como disco destacado, aunque con una nota de verificación sobre fechas, porque algunas fuentes sitúan su salida en enero y otras en marzo. En cualquier caso, por concepto, personalidad y relevancia de Chavez como guitarrista, merece presencia en el trimestre. También ayuda a corregir una genealogía demasiado masculina del blues de seis cuerdas.

Gabe Stillman — What Happens Next?

Gabe Stillman lanzó What Happens Next? el 27 de marzo de 2026 a través de Gulf Coast Records. Las fuentes especializadas lo presentan como su debut para el sello y como un álbum de blues moderno producido por Anson Funderburgh, con producción ejecutiva de Mike Zito, Guy Hale y Oliver Overton.

Stillman representa una vía interesante del blues-rock actual: joven, eléctrico, con vocación de canción y con una relación clara con el lenguaje de la guitarra, pero sin quedar completamente atrapado en el molde del solista pirotécnico. What Happens Next? aparece descrito como un disco enraizado en el blues moderno, con espacio para soul, funk, rock y una escritura centrada en tensión, incertidumbre y avance.

Su inclusión amplía el informe hacia una generación posterior a Bonamassa, Trucks o Birchwood. No tiene todavía el peso institucional de esos nombres, pero precisamente por eso interesa. Muestra cómo el blues-rock sigue generando nuevos perfiles que buscan encontrar voz propia entre tradición y mercado contemporáneo.

No lo situaría por encima de Birchwood o Tedeschi Trucks Band en la jerarquía trimestral, pero sí como señal de futuro dentro del blues-rock. Es un disco de seguimiento, útil para observar hacia dónde pueden moverse las nuevas generaciones.

Eliza Neals — Thunder In The House

Eliza Neals publicó Thunder In The House el 26 de marzo de 2026. Bandcamp recoge el álbum con nueve canciones, entre ellas “Speedy Beady”, “Love Will”, “Blues Bombshell”, “All Alone”, “Locked Up” y “Wicked Heart”.

Neals trabaja desde un blues-rock de alta intensidad vocal, con raíces en Detroit, soul, rock clásico y una teatralidad que no busca pasar desapercibida. En un bloque de álbumes donde abundan guitarristas masculinos y linajes tradicionales, su presencia ayuda a corregir el mapa. El blues contemporáneo no puede reducirse a la genealogía habitual de hombres con guitarra. Neals aporta otra corporalidad, otra energía y una forma más dramática de ocupar la canción.

Thunder In The House parece planteado desde la electricidad y el impacto. No es un disco de contención ni de sutileza acústica. Su territorio está en la voz poderosa, los riffs gruesos y el blues-rock de efecto inmediato. Esa orientación tiene riesgos: el exceso expresivo puede saturar. Pero también tiene una virtud clara: devuelve el blues-rock a una dimensión emocional y escénica.

Debe figurar como recomendación de ampliación, especialmente para equilibrar género, procedencia y estética dentro del informe. Puede funcionar muy bien como puerta de entrada para lectores que busquen un blues-rock más frontal y vocal.

La apuesta NovoRiff: Luke Winslow-King — Coast of Light

Luke Winslow-King publicó Coast of Light el 27 de marzo de 2026. El álbum, coproducido con Roberto Luti, mezcla blues, jazz, folk e influencias españolas, y aparece marcado tanto por los años del músico en Nueva Orleans como por su nueva vida en España.

Este disco merece una atención especial para NovoRiff porque conecta de forma natural el blues estadounidense con un paisaje mediterráneo. No estamos ante un álbum que simplemente “añada” color español al blues, sino ante una obra que desplaza el punto de escucha. Nueva Orleans sigue presente en el fraseo, en la elasticidad rítmica y en cierta elegancia de raíz. España aparece como luz, espacio, textura y nueva perspectiva vital.

La coproducción con Roberto Luti es esencial. Luti aporta una guitarra que conoce el blues desde dentro, pero también una sensibilidad europea que evita el cliché. Coast of Light se mueve en un territorio más atmosférico y aventurero que el blues-rock de fórmula. Hay folk, jazz, canción, psicodelia ligera y una forma de narración que parece más interesada en el viaje que en la exhibición.

El single “Dangerous Blues” condensa bien esa orientación: no es blues de manual, sino blues en tránsito. El peligro del proyecto sería caer en exotismo; su virtud, cuando funciona, está en lo contrario: asumir que el blues siempre ha viajado, siempre se ha mezclado y siempre ha cambiado de luz según el lugar donde se toca.

Dentro del trimestre, es uno de los discos más sugerentes para el lector español. Permite conectar NovoRiff con una dimensión transatlántica del blues. Coast of Light abre una vía fértil: el blues como idioma migrante, capaz de cruzar Nueva Orleans, Italia, España y la tradición folk sin perder identidad.

Disco veterano a tratar con prudencia: Van Morrison — Somebody Tried To Sell Me A Bridge

Van Morrison publicó Somebody Tried To Sell Me A Bridge el 23 de enero de 2026. Apple Music lo clasifica como álbum de blues, con veinte canciones y una duración cercana a una hora y veinte minutos; la web oficial de Morrison también lo recoge como lanzamiento de enero de 2026.

La inclusión de Morrison exige prudencia crítica. Por un lado, su relación con el blues, el soul, el jazz, el gospel y el rhythm and blues es profunda y estructural. Por otro, su producción reciente ha sido extensa e irregular, de modo que cada nuevo álbum debe escucharse sin dejarse arrastrar automáticamente por la autoridad del nombre.

El repertorio incluye títulos de clara filiación blues como “Kidney Stew Blues”, “King For A Day Blues”, “Snatch It Back And Hold It”, “Deep Blue Sea”, “Monte Carlo Blues” e “I’m Ready”. Algunas fuentes señalan también la presencia de invitados como Buddy Guy, Taj Mahal o Elvin Bishop, lo que refuerza el carácter de retorno explícito a una tradición que Morrison conoce desde sus primeros años.

Debe entrar como disco relevante, pero no necesariamente como uno de los ejes principales. Su interés está en la voz veterana dialogando con el blues, no en la novedad formal. Conviene tratarlo como reafirmación de lenguaje más que como acontecimiento transformador.

Cierre: un trimestre sin disco único, pero con relato claro

El primer trimestre de 2026 no necesita un único “disco del trimestre” para resultar editorialmente fértil. Su fuerza está en el conjunto. Tedeschi Trucks Band muestran que la banda grande todavía puede respirar. Selwyn Birchwood demuestra que el blues puede abrirse al funk, al swamp y al soul psicodélico sin perder identidad. B.B. King vuelve como centro gravitatorio de una genealogía que sigue activa. Tinsley Ellis recuerda que la desnudez acústica puede ser una forma de madurez. Eric Bibb convierte el blues en memoria moral. The Black Crowes y The Sheepdogs mantienen vivo el rock clásico desde lugares distintos. Lucinda Williams lleva la raíz hacia una lectura áspera del presente. Laura Chavez, Gabe Stillman, Eliza Neals y Lil’ Ed amplían el campo contemporáneo. Luke Winslow-King abre una puerta mediterránea especialmente valiosa para NovoRiff.

La síntesis es clara: el blues, el rock de raíz y la americana no viven de una sola dirección. Respiran por capas. Algunas miran al archivo, otras al club, otras a la carretera, otras a la banda grande, otras al Mediterráneo. Y en esa pluralidad está precisamente la vitalidad del trimestre.