martes, 19 de mayo de 2026

Rock / Blues Informe Quincenal 27 Abril - 10 Mayo 2026



NovoRiff

Quincenal Rock&Blues · Del lunes 27 de abril al domingo 10 de mayo de 2026

Entre Riff y Arpegios

La quincena estuvo marcada por una tensión fértil entre raíz y artificio: blues, country y rock primario por un lado; psicodelia conceptual, metal atmosférico y progresivo cinematográfico por otro.

Lectura de la quincena

La quincena del 27 de abril al 10 de mayo de 2026 no se define por una ruptura estética, sino por una operación de retorno: muchos de sus discos y anuncios más relevantes miran hacia lenguajes fundacionales —blues, rock and roll, country, psicodelia, metal primitivo— para reformularlos desde un presente saturado de producción digital, nostalgia administrada y necesidad de identidad sonora.

Resumen editorial · 27 abril - 10 mayo

Raíz, retorno y mundos posibles

Blues · Rock clásico · Prog · Metal atmosférico

The Black Keys publicaron Peaches! el 1 de mayo, presentado oficialmente como su decimocuarto álbum de estudio y planteado como un regreso a una crudeza bluesera cercana a sus primeros años. Taj Mahal volvió junto a The Phantom Blues Band con Time, un disco de blues, soul, reggae, folk y raíz caribeña que incluye una pieza vinculada a un demo inédito de Bill Withers.

The Rolling Stones anunciaron Foreign Tongues, previsto para el 10 de julio de 2026, con un discurso explícitamente anclado en blues, country y rock. La escena blues tuvo su centro institucional en Memphis con la 47.ª edición de los Blues Music Awards, celebrada el 7 de mayo, donde fueron reconocidos D.K. Harrell, Ronnie Baker Brooks, Tedeschi Trucks Band, Tommy Castro y otros nombres clave de la escena actual.

En el extremo progresivo y psicodélico, The Claypool Lennon Delirium editaron The Great Parrot-Ox and The Golden Egg of Empathy, un álbum conceptual sobre inteligencia artificial acompañado de cómic, reafirmando el prog como espacio narrativo y no solo instrumental. La quincena dejó también regresos de peso en rock duro y metal: Social Distortion publicaron Born To Kill, Sevendust lanzaron ONE, Draconian editaron In Somnolent Ruin y Darkthrone celebraron cuatro décadas de trayectoria con Pre-Historic Metal.

Clave editorial: el rock y el blues de esta quincena no avanzan negando su pasado, sino discutiendo con él. Unos lo hacen desde la madera, el amplificador y el shuffle; otros desde el concepto, la textura y el relato.

El dato no es menor. The Black Keys no vuelven al blues como gesto ornamental, sino como intento de recuperar una fricción física: canciones grabadas con intención directa, rugosidad de guitarra y un relato de vuelta a la fuente. Taj Mahal, en cambio, opera desde otro lugar: no necesita “volver” a la tradición porque nunca se ha apartado del todo de ella. Time funciona como una pieza de continuidad, donde el blues dialoga con reggae, soul, folk y Caribe sin convertir el mestizaje en etiqueta turística.

El anuncio de The Rolling Stones refuerza esa lectura. Que una banda situada en el corazón del canon presente un nuevo álbum subrayando blues, country y rock dice mucho sobre el modo en que el rock clásico intenta legitimarse en 2026: no por modernización agresiva, sino por reafirmación de vocabulario. La cuestión crítica será comprobar si esa reafirmación produce canciones con vida propia o si queda atrapada en el prestigio de la marca.

Frente a esa línea de raíz, el progresivo y el metal contemporáneo se mueven hacia la construcción de mundos. The Claypool Lennon Delirium convierten la ansiedad ante la inteligencia artificial en fábula psicodélica; Draconian trabajan el doom gótico como introspección emocional; Darkthrone celebran la arqueología del metal como resistencia estética; y los singles seleccionados por la prensa prog durante la semana apuntan a un ecosistema donde post-rock, cello metal, rock alternativo y ciencia ficción conviven sin necesidad de una ortodoxia única.

Noticias principales

Anuncio · 5 mayo

The Rolling Stones anuncian Foreign Tongues: la raíz como estrategia de presente

Blues · Country · Rock clásico


The Rolling Stones anunciaron el 5 de mayo de 2026 Foreign Tongues, con fecha de publicación prevista para el 10 de julio. El anuncio se produjo en Nueva York, en un acto con Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood, y sitúa el disco como continuación directa de la etapa abierta por Hackney Diamonds en 2023. Según AP, el álbum fue grabado en Londres durante aproximadamente un mes y contará de nuevo con Andrew Watt, productor también de Hackney Diamonds, además de aportaciones de Steve Winwood, Paul McCartney, Robert Smith y Chad Smith. AP también señala una aparición póstuma de Charlie Watts procedente de una de sus últimas sesiones de grabación con la banda.

La propia comunicación oficial del grupo define Foreign Tongues como un disco “arraigado en blues, country, rock y escritura clásica Stones”, una fórmula que resume bien el territorio estético elegido: no se anuncia como una ruptura, sino como reafirmación de vocabulario. En ese sentido, el título puede leerse casi como una paradoja: “lenguas extranjeras”, pero articuladas desde el idioma más reconocible de la banda. Los Stones no necesitan demostrar que conocen el blues, el country o el rock and roll; llevan más de seis décadas traduciéndolos a su propio dialecto. La cuestión crítica es otra: si en 2026 ese dialecto sigue produciendo fricción o si funciona como una firma reconocible pero demasiado administrada.

Andrew Watt

El papel de Andrew Watt vuelve a ser central. En Hackney Diamonds, su función no fue modernizar a los Stones hasta volverlos irreconocibles, sino empujar la energía de estudio, comprimir el gesto y ordenar el material sin borrar del todo la rugosidad. AP recoge que la banda lo describió en el acto como alguien capaz de reactivar una sesión cuando algo no funciona, mientras que The Guardian subraya la idea de urgencia ligada a una grabación concentrada en pocas semanas. Esa urgencia es importante porque los Rolling Stones siempre han sido mejores cuando el control no ahoga la sensación de peligro. Su grandeza histórica procede menos de la perfección que del equilibrio inestable entre oficio, descaro, tradición negra americana, ironía británica y una manera muy física de entender el ritmo.

Las colaboraciones también merecen una lectura prudente. Paul McCartney, Steve Winwood, Robert Smith y Chad Smith no son nombres menores, pero su acumulación podría interpretarse de dos formas. En el mejor escenario, amplían el mapa expresivo del álbum: McCartney como contrapunto beatle en una historia de rivalidad ya convertida en conversación; Winwood como vínculo orgánico con soul, blues británico y Traffic; Robert Smith como presencia inesperada desde una sensibilidad gótica y melódica ajena al imaginario Stones; Chad Smith como refuerzo rítmico contemporáneo de rock muscular. En el peor escenario, serían credenciales de prestigio que aumentan la expectativa sin alterar el núcleo musical. La relevancia de Foreign Tongues no dependerá de la nómina de invitados, sino de si esas presencias se integran en canciones con necesidad interna.

Los adelantos “In the Stars” y “Rough and Twisted” cumplen una función estratégica. “Rough and Twisted” ya había circulado como pieza de adelanto bajo el alias The Cockroaches, dentro de una campaña de pistas y referencias para seguidores atentos, según AP. Ese juego promocional conecta con una zona histórica de los Stones: la banda como sociedad secreta de bar, como mito que todavía puede disfrazarse de grupo clandestino. Pero también evidencia el problema central de cualquier nuevo lanzamiento del grupo: cada gesto llega cargado de demasiada historia. Una canción nueva de los Rolling Stones nunca se escucha limpia; se mide contra Exile on Main St., contra Sticky Fingers, contra el blues de Chicago, contra el country de Gram Parsons, contra la muerte de Charlie Watts y contra la propia supervivencia de Jagger, Richards y Wood como institución cultural.

Lectura editorial: La lectura editorial debe ser favorable en cuanto a relevancia, pero cauta en lo musical. Foreign Tongues importa por historia, peso cultural y genealogía: ningún nuevo álbum de los Rolling Stones puede ser tratado como una novedad ordinaria. Pero esa misma importancia obliga a no aceptar el relato promocional sin examen. La promesa de blues, country y rock solo tendrá valor si las canciones logran escapar del automatismo estilístico; es decir, si no se limitan a reproducir los signos reconocibles de “lo Stones” —riff ladeado, armónica, coros de taberna, fraseo canalla, swing de carretera— como una marca de fábrica.

El punto crítico está ahí: los Rolling Stones pueden sonar clásicos de dos maneras muy distintas. Pueden sonar clásicos porque aún son capaces de activar una tradición y hacerla respirar en presente. O pueden sonar clásicos porque administran con eficacia un museo privado de gestos que ya conocemos. Foreign Tongues será editorialmente decisivo si canciones como “In the Stars” o “Rough and Twisted” demuestran que la banda todavía puede escribir desde el cuerpo, no solo desde la memoria. En una época en la que gran parte del rock clásico vive entre la reedición, la gira conmemorativa y la nostalgia premium, un nuevo disco de los Stones solo será verdaderamente importante si convierte su legado en movimiento, no en ornamento.

Premios · 7 mayo

Los Blues Music Awards 2026 consolidan un mapa plural del blues actual

Memphis · Blues contemporáneo · Institución


La 47.ª edición de los Blues Music Awards se celebró el 7 de mayo en Memphis. Entre los reconocimientos destacados figuran Ronnie Baker Brooks como B.B. King Entertainer of the Year, D.K. Harrell con Talkin’ Heavy como Album of the Year y Contemporary Blues Album, Tedeschi Trucks Band como Band of the Year, y “Can’t Catch a Break”, de Tommy Castro y Christoffer Andersen, como Song of the Year.

Lectura editorial: más allá del palmarés, los premios funcionan como termómetro institucional del blues: reconocen grabaciones, directos, nuevas figuras y continuidad generacional.

Álbum · 8 mayo

Social Distortion regresan con Born To Kill tras quince años de silencio discográfico

Punk rock · Rock and roll · Country-blues

Social Distortion publicaron Born To Kill el 8 de mayo de 2026 a través de Epitaph Records, poniendo fin a una espera de quince años desde Hard Times and Nursery Rhymes (2011). La ficha europea de Epitaph presenta el álbum como un regreso con once canciones “urgentes” y subraya que Mike Ness vuelve a mirar hacia los sonidos de los años setenta, los de su adolescencia formativa: rock and roll clásico, punk primitivo, country de carretera, blues eléctrico y una cierta épica callejera de derrota y redención.

La relevancia del disco va más allá del dato cronológico. En Social Distortion, el tiempo no funciona solo como pausa entre lanzamientos, sino como materia narrativa. Mike Ness siempre ha escrito desde un territorio donde la biografía, el pecado, la culpa, la adicción, la clase trabajadora y la fe en el rock and roll se mezclan sin demasiada separación entre personaje y persona. Esa dimensión autobiográfica también aparece destacada en la presentación de la banda dentro del Azkena Rock Festival, que recuerda su evolución desde el punk californiano inicial hacia una identidad más amplia, atravesada por rock clásico, country y blues.

Born To Kill llega, por tanto, en un momento delicado para una banda de culto masivo: lo suficientemente veterana para ser tratada como institución, pero demasiado ligada a la crudeza emocional como para acomodarse sin riesgo en la nostalgia. Social Distortion no pueden competir en 2026 por novedad formal, ni lo necesitan. Su verdadero reto consiste en demostrar que su lenguaje —acordes abiertos, melodías ásperas, guitarras de raíz, coros de bar y letras de caída y resistencia— todavía puede sonar vivido y no simplemente reproducido.

Ahí reside el interés editorial del regreso. El punk de Social Distortion nunca fue únicamente velocidad ni consigna; fue una manera de endurecer el rock and roll americano sin romper del todo con su tradición. En su música caben The Clash y Johnny Cash, los Ramones y Hank Williams, el blues de carretera y la electricidad de club. Esa mezcla explica por qué la banda puede dialogar tanto con el público punk como con oyentes de rock clásico, hard rock de raíz o americana oscura. No es una fusión decorativa, sino una genealogía: el ruido como forma de confesión y la canción como mecanismo de supervivencia.

La conexión española añade otra lectura. Su presencia anunciada en Azkena Rock Festival 2026, el sábado 20 de junio en Vitoria-Gasteiz, sitúa el regreso en un contexto especialmente coherente: un festival que históricamente ha entendido el rock como cruce entre legado, carretera, distorsión, blues, punk y cultura de directo.


Lectura editorial: Mike Ness y Social Distortion representan una forma de rock and roll punk atravesada por country, blues, carretera y fatalismo de clase. Su presencia anunciada en Azkena Rock Festival añade además lectura española al regreso.

La valoración debe ser prudente pero atenta. Born To Kill no debería medirse solo por si “recupera” a los Social Distortion de una época concreta, sino por si consigue que su imaginario —redención, pérdida, adicción, orgullo herido, sentimentalismo endurecido— conserve verdad en la voz actual de Ness. Si el disco funciona, no será porque rejuvenezca a la banda, sino porque acepta el desgaste como parte de su propio sonido. En Social Distortion, envejecer bien no significa sonar joven: significa que cada cicatriz todavía tenga pulso.


Álbum · 1 mayo

The Black Keys publican Peaches!: blues crudo, memoria familiar y recepción desigual

Blues-rock · Easy Eye Sound/Warner · Revival

The Black Keys editaron Peaches! el 1 de mayo de 2026 a través de Easy Eye Sound/Warner. La comunicación comercial lo presenta como el decimocuarto álbum de estudio del dúo de Akron, formado por Dan Auerbach y Patrick Carney, y como una colección de diez canciones de orientación directa, visceral y deliberadamente despojada. La propia ficha de Warner subraya dos datos relevantes para entender el enfoque del disco: fue grabado con los músicos tocando juntos en la misma sala, con pocas sobregrabaciones, y es el primer álbum mezclado íntegramente por la banda desde Magic Potion en 2006. 

El gesto tiene peso dentro de su trayectoria. Desde The Big Come Up y Thickfreakness, The Black Keys construyeron su identidad sobre una lectura áspera del blues eléctrico, el garage rock y el R&B sureño, antes de convertirse en una banda de alcance masivo con discos como Brothers y El Camino. Peaches! parece planteado como una corrección de rumbo: no busca ampliar el formato, sino reducirlo; no intenta sonar contemporáneo a cualquier precio, sino recuperar una fisicidad que el propio relato promocional vincula con sus primeros años. Apple Music lo describe como un disco de versiones que explora blues y R&B “en versiones feroces”, lo que refuerza su condición de regreso a materiales ajenos filtrados por la identidad del dúo.

El componente emocional añade una capa importante. Pitchfork, en su noticia de anuncio, situó el origen del proyecto en un periodo personal difícil para Dan Auerbach, marcado por la enfermedad de su padre, Chuck Auerbach. Según esa información, las sesiones nacieron casi como una descarga espontánea y terapéutica, no necesariamente como un álbum cerrado desde el principio. Ese dato ayuda a leer Peaches! no solo como maniobra estilística, sino como disco de duelo, refugio y reconstrucción a través de un lenguaje primario: guitarra, batería, sala, respiración común y canciones de raíz.

La recepción, sin embargo, ha sido desigual. La crítica posterior de Pitchfork interpretó el álbum como un nuevo intento de resetear la narrativa de la banda mediante un retorno al blues del Mississippi, citando referentes como Junior Kimbrough y Big Boy Crudup, pero también señaló que parte del resultado suena demasiado pulido o falto de peligro. Esa lectura es útil porque toca una tensión central en The Black Keys: cuanto más conscientes son de su propia genealogía, más difícil les resulta recuperar la urgencia de cuando esa genealogía era necesidad y no programa estético.


Lectura editorial: Peaches! importa porque obliga a formular una pregunta incómoda sobre el blues-rock contemporáneo: ¿puede una banda que ya ha convertido la crudeza en marca volver a sonar realmente vulnerable? El álbum parece funcionar mejor cuando el regreso al origen no se percibe como cita ni como reconstrucción museística, sino como acto físico de supervivencia musical. En ese sentido, su interés no reside únicamente en si las versiones son más o menos fieles, sino en si el dúo logra que el blues vuelva a ser experiencia presente y no simple certificado de autenticidad.

Álbum conceptual · 1 mayo

The Claypool Lennon Delirium convierten la inteligencia artificial en fábula prog-psicodélica

ATO Records · Psicodelia · Prog narrativo


The Claypool Lennon Delirium lanzaron el 1 de mayo de 2026 The Great Parrot-Ox and The Golden Egg of Empathy, su tercer álbum, a través de ATO Records. El regreso de Les Claypool y Sean Ono Lennon no se plantea como una simple colección de canciones psicodélicas, sino como una obra conceptual de catorce piezas construida alrededor de una fábula sobre inteligencia artificial, automatización, moralidad, sostenibilidad y pérdida de empatía. La edición física amplía el proyecto con un cómic de 24 páginas ilustrado por Rich Ragsdale, donde cada canción se corresponde con un capítulo visual.

El punto de partida conceptual es especialmente significativo. ATO vincula el álbum con la llamada “Paperclip Theory”, el experimento mental sobre seguridad de la inteligencia artificial que imagina una máquina optimizando un objetivo simple hasta consecuencias destructivas. En el universo del disco, ese absurdo adopta forma narrativa: Cliptopia, el imperio CLIPNEX, el ente artificial Cliptron y una cadena de conversión de recursos —e incluso seres humanos— en clips de papel. La premisa puede parecer grotesca, pero funciona precisamente porque Claypool y Lennon entienden el progresivo como espacio para exagerar el presente hasta volverlo legible.

La noticia importa porque reivindica una dimensión esencial del prog y la psicodelia: la creación de mundo. The Claypool Lennon Delirium no trabajan solo sobre compases irregulares, timbres excéntricos o herencia setentera; construyen un dispositivo completo de ficción, música, ilustración, sátira y teatralidad. En ese sentido, el álbum conecta con una tradición que va del rock conceptual clásico a la ciencia ficción contracultural, pero evita limitarse al homenaje retro. La inteligencia artificial no aparece aquí como ornamento moderno, sino como metáfora de una época obsesionada con la eficiencia, la optimización y la sustitución de vínculos humanos por procesos automáticos.

También resulta relevante la química entre sus dos autores. Claypool aporta el sentido de lo grotesco, el bajo como personaje narrativo y una tradición de carnaval mutante heredada de Primus; Lennon introduce una sensibilidad melódica y psicodélica más líquida, cercana a la ensoñación pop y al surrealismo de cámara. Juntos producen una forma de prog donde la rareza no es exhibición técnica sino lenguaje dramático. La presencia de WILLOW en “The Golden Egg of Empathy” refuerza además el carácter híbrido del proyecto: una pieza que, según ATO, ocupa un momento clave dentro del arco narrativo del álbum y desplaza la teatralidad del dúo hacia un registro más vulnerable y humano.

La grabación se realizó entre Rancho Relaxo, el estudio de Claypool en Sonoma County, y The Farm, el estudio de Lennon en el norte del estado de Nueva York. Ese dato no es menor: el disco nace de dos espacios creativos muy marcados, casi domésticos y autorales, alejados de la lógica industrial que precisamente satiriza. Claypool llegó a describir el proyecto como una de las grabaciones más laboriosas en las que ha participado, lo que confirma que no estamos ante un divertimento menor, sino ante una obra cuidadosamente diseñada como álbum, relato y objeto gráfico.

Lectura editorial: The Great Parrot-Ox and The Golden Egg of Empathy merece un lugar central en el informe porque recuerda que el rock progresivo no se define solo por la complejidad instrumental. Su verdadera potencia histórica ha estado muchas veces en pensar el álbum como territorio narrativo: una arquitectura donde sonido, concepto, imagen y crítica cultural se contaminan mutuamente. En una escena donde el término “prog” todavía se reduce con demasiada frecuencia al virtuosismo, Claypool y Lennon proponen algo más incómodo y más fértil: una alegoría psicodélica sobre el futuro tecnológico, contada como cuento absurdo, sátira ecológica y ópera de dibujos animados.


La valoración debe ser favorable, aunque no acrítica. El riesgo de un proyecto así está en que la imaginación visual, el humor surrealista y la acumulación de personajes terminen pesando más que las canciones. Pero incluso con esa cautela, el lanzamiento tiene valor editorial porque reabre una pregunta clave para 2026: qué puede hacer el rock con la inteligencia artificial que no sea limitarse a denunciarla o utilizarla como truco promocional. La respuesta de The Claypool Lennon Delirium es convertirla en fábula moral. Y ahí, precisamente, el progresivo recupera una de sus mejores funciones: no predecir el futuro, sino deformarlo hasta que podamos reconocernos en él.

Obituario · 30 abril

Fallece Jeff Taylor, voz de Altered Five Blues Band

Blues eléctrico · Altered Five Blues Band · Memoria reciente


Jeff Taylor, vocalista y frontman de Altered Five Blues Band, falleció el 30 de abril de 2026 a los 64 años en West Allis, Wisconsin. La noticia fue comunicada por la propia banda y por Blind Pig Records, y recogida por medios especializados como Blues Rock Review, Rock and Blues Muse y Blues Matters. Las fuentes coinciden en señalar que murió inesperadamente, aunque de forma pacífica, mientras dormía.


La noticia exige sobriedad porque Taylor no pertenecía a la zona más mediática del blues, pero sí a una franja esencial: la de los músicos que sostienen el género desde salas, festivales medianos, sellos especializados, giras constantes y una relación directa con el público. Altered Five Blues Band, formación de Milwaukee activa desde 2002, representa precisamente ese blues eléctrico contemporáneo que no vive de la arqueología ni del guiño nostálgico, sino de una actualización robusta del lenguaje: shuffle, soul, groove, guitarra con filo, órgano, sección rítmica compacta y canciones escritas para funcionar tanto en disco como sobre el escenario.

Taylor fue una pieza central de esa identidad. En Altered Five Blues Band, la guitarra de Jeff Schroedl podía actuar como motor compositivo y expresivo, pero la voz de Taylor era el punto de gravedad: una voz amplia, corpórea, de presión soul y acento bluesero, capaz de sonar autoritaria sin perder cercanía. Su papel no era únicamente cantar melodías, sino encarnar personajes, cargar de intención las letras y dar a la banda una presencia frontal reconocible. En un género donde el virtuosismo instrumental suele ocupar el primer plano, Taylor recordaba que el blues sigue dependiendo de una voz capaz de contar, no solo de impresionar.

La trayectoria del grupo ayuda a entender la dimensión de la pérdida. A lo largo de más de dos décadas, Altered Five Blues Band construyó un público fiel dentro y fuera de Estados Unidos, con una actividad internacional sostenida y un catálogo asociado a Blind Pig Records. Blues Rock Review recuerda que la banda publicó varios trabajos y llegó a actuar en trece países, un dato que sitúa a Taylor dentro de una cultura de carretera más que de escaparate.

Discos como Charmed & Dangerous, Ten Thousand Watts, Holler If You Hear Me o el EP Testifyin’ consolidaron una fórmula reconocible: blues de vieja escuela tocado con musculatura moderna, sin caer del todo en el blues-rock hipertrofiado ni en la recreación académica. En una entrevista de 2021, Jeff Schroedl resumía el planteamiento de la banda señalando que el blues era la base de todo lo que hacían, pero que el nombre del grupo nacía de la voluntad de aportar algo propio a un estilo familiar. Esa frase sirve también para leer el papel de Taylor: tradición, sí, pero con una personalidad vocal que evitaba la mera imitación.

Su muerte recuerda algo que a menudo se pierde cuando se habla del blues desde una perspectiva puramente histórica. La salud del género no depende solo de los grandes nombres canónicos ni de las reediciones patrimoniales. Depende también de bandas activas como Altered Five Blues Band, capaces de llevar repertorio nuevo a escenarios reales, mantener comunidades de oyentes y demostrar que el blues sigue siendo una música de presencia física: voz, sudor, groove, respuesta del público y oficio acumulado.

Lectura editorial: Jeff Taylor merece ser recordado no como una nota al pie, sino como ejemplo de una figura imprescindible dentro del ecosistema del blues contemporáneo: el cantante que no necesita ocupar portadas generalistas para dejar una huella profunda en quienes siguen la escena desde dentro. Su legado está en esa zona menos espectacular pero decisiva donde el blues se mantiene vivo: la banda cohesionada, el directo convincente, la canción bien defendida y una voz que hacía creíble cada golpe de ritmo.

Álbumes, EPs y reediciones destacadas

Álbum · 1 mayo

Taj Mahal & Phantom Blues Band — Time: tradición sin museo, blues como memoria viva y una canción rescatada de Bill Withers


Time, publicado el 1 de mayo de 2026, reúne a Taj Mahal con The Phantom Blues Band en un territorio que no entiende el blues como una reliquia, sino como una lengua común donde caben soul, reggae, folk, Caribe, rhythm and blues y raíz afroamericana. El álbum aparece editado por Resonatin’ Records y distribuido por Thirty Tigers, con diez canciones y una duración aproximada de 39 minutos.

El contexto es esencial. Taj Mahal lleva más de seis décadas defendiendo una idea expansiva del blues: no como fórmula de doce compases encerrada en una tradición fija, sino como sistema cultural amplio, conectado con África, el Caribe, el sur de Estados Unidos, el folk, el calypso, el reggae, el jazz y las músicas de trabajo y migración. Por eso Time no suena como un gesto tardío de legitimación, sino como una continuación natural de su biografía musical. En Taj Mahal, la mezcla no es adorno; es método.

La presencia de The Phantom Blues Band refuerza esa lectura. No se trata de un acompañamiento ocasional, sino de una asociación histórica que se remonta a trabajos como Dancing the Blues, Phantom Blues, Señor Blues, Shoutin’ in Key y Maestro. Esa continuidad explica el sonido del álbum: una banda con oficio, capaz de moverse entre groove, elegancia soul, flexibilidad rítmica y blues de carretera sin convertir cada cambio de estilo en una exhibición.

El dato más significativo es la canción titular, “Time”, una composición inédita de Bill Withers. Según la información promocional recogida por Rock and Blues Muse y The Blues Magazine, la pieza procedía de un demo temprano de Withers y fue llevada a Taj Mahal con la bendición del entorno familiar de Withers. Esto añade una dimensión emocional y casi arqueológica al disco: no estamos ante una simple versión, sino ante la recuperación de una voz autoral que siempre trabajó desde la sobriedad, la verdad doméstica y la dignidad cotidiana.

La conexión entre Taj Mahal y Bill Withers tiene sentido profundo. Ambos representan formas de música afroamericana donde la sencillez aparente contiene una gran complejidad humana. Withers podía construir una canción desde una guitarra acústica, una frase repetida y una observación íntima; Taj Mahal ha hecho del blues una herramienta para contar historias, no solo para exhibir tradición. Que Time incorpore una canción perdida de Withers no es un recurso de prestigio, sino un puente entre dos maneras de entender la música popular como memoria, comunidad y conversación intergeneracional.

Hay además un matiz relevante: aunque se publica en 2026, algunas reseñas señalan que el material fue grabado en 2010 y permaneció inédito hasta ahora. Ese dato cambia la escucha. Time no es exactamente un disco “nuevo” en el sentido estricto de creación reciente, sino una obra recuperada, una cápsula sonora de una colaboración ya madura. Pero eso no le resta interés; al contrario, lo sitúa en una zona muy tajmahaliana: música fuera de la urgencia del calendario, ajena a la ansiedad promocional, capaz de aparecer años después sin perder naturalidad.

Desde el punto de vista sonoro, el álbum parece moverse en una zona de calidez antes que de ruptura. No busca modernizar el blues mediante producción llamativa, ni convertir la tradición en pieza académica. Su fuerza está en la respiración: grooves asentados, voces con experiencia, arreglos que no necesitan imponerse y una sensación de banda que toca desde el conocimiento compartido. En ese sentido, Time se opone a dos tendencias frecuentes del blues contemporáneo: el virtuosismo excesivo y la nostalgia plastificada.

Lectura editorial: Dentro del informe quincenal, Time cumple una función editorial muy clara. Frente a discos que utilizan la raíz como estrategia de regreso o como marca estética, Taj Mahal trabaja desde una autoridad más tranquila. No necesita demostrar autenticidad porque su carrera entera ha consistido en ampliar la definición de lo auténtico. El blues, aquí, no es un decorado de época ni una gramática cerrada: es una forma de leer el tiempo, de conservar memoria y de aceptar que las canciones viajan, esperan y reaparecen cuando encuentran el contexto adecuado.


Taj Mahal & Phantom Blues Band

La valoración debe ser favorable, pero precisa. Time no parece un álbum destinado a alterar el mapa del blues en 2026 ni a competir por novedad formal. Su importancia está en otro lugar: en recordar que la tradición puede seguir viva sin gritar, sin endurecerse artificialmente y sin convertirse en museo. Taj Mahal y The Phantom Blues Band ofrecen una lección de madurez musical: dejar que los géneros respiren, que las canciones encuentren su pulso y que el pasado no pese como monumento, sino que acompañe como una voz todavía presente.

Álbum · 8 mayo

Carmen Ratti Band feat. Jill Dineen — Come To Me: blues de la Bahía, oficio colectivo y una voz que desplaza el foco.


Come To Me, publicado el 8 de mayo de 2026 por MoMojo Records, es el segundo álbum de Carmen Ratti Band featuring Jill Dineen y, al mismo tiempo, su debut para el sello. El disco fue grabado en Greaseland Studios, en San José, California, con producción, mezcla y masterización de Christoffer Lund “Kid” Andersen, una figura central en la articulación del blues moderno de la Bay Area. Las fuentes consultadas coinciden en describirlo como un trabajo de once canciones originales que cruza blues, soul, gospel, funk, blues-rock y raíces americanas sin perder una identidad de banda.

Carmen Ratti Band feat. Jill Dineen

El contexto es importante. La Carmen Ratti Band se formó en 2018 y publicó su debut, The Road Back, en 2021. Aquel primer álbum ya había fijado los elementos básicos del proyecto: la guitarra de Ratti como eje instrumental, la voz de Jill Dineen como centro expresivo y una banda de acompañamiento más interesada en el pulso orgánico que en el lucimiento aislado. Con Come To Me, el grupo parece dar un paso de consolidación: no se presenta como promesa local, sino como una formación que busca salir del circuito regional del norte de California hacia una conversación más amplia dentro del blues contemporáneo.

La escena en la que aparece el disco también merece atención. La Bahía de San Francisco y el norte de California mantienen desde hace décadas un ecosistema blues muy particular: menos asociado al canon de Chicago o Texas, pero muy fértil en cruces con soul, funk, rock, R&B, música de club y tradición de músicos de oficio. Greaseland Studios funciona casi como un nodo de esa escena. No es solo un estudio: es un espacio donde muchos discos recientes del blues californiano buscan un sonido cálido, directo, con margen para la respiración de la banda. Que Come To Me haya sido grabado allí y producido por Kid Andersen sitúa el álbum dentro de esa genealogía de blues moderno, musculoso pero no plastificado.

El reparto instrumental confirma esa idea de colectivo. Junto a Carmen Ratti en guitarra y voz y Jill Dineen como vocalista principal, el álbum cuenta con Tony “Macaroni” Lufrano en órgano, piano y coros, Steve Hazlewood al bajo y Randy Hayes a la batería, además de Lisa Leuschner Andersen en voces de apoyo en el tema titular. No es un detalle menor: el blues que propone el disco depende de la interacción entre voz, guitarra, teclado y sección rítmica. La crítica de Rock and Blues Muse subraya precisamente que no se trata de un escaparate de productor ni de una sesión construida alrededor de invitados externos, sino de un programa original donde Ratti o Dineen escriben o coescriben el material.

El elemento diferencial es Jill Dineen. Su voz desplaza el centro de gravedad del álbum hacia una zona más amplia que el blues-rock convencional. En lugar de apoyarse únicamente en potencia o aspereza, Dineen aporta una mezcla de fuerza soul, fraseo bluesero y control dinámico que permite al repertorio moverse entre registros: el empuje de “Get In Line”, la intensidad gospel de “Blessing in the Blues”, la respiración emocional del tema titular o el tono más tradicional de cortes como “No Delusion”. Parcbench destaca precisamente “Blessing in the Blues” como uno de los momentos más convincentes del disco por la combinación entre la voz de Dineen y el trabajo compacto de la banda.

Carmen Ratti, por su parte, no parece plantear el disco como una demostración de guitarra en primer plano permanente. Su papel es más interesante cuando actúa como arquitecto de lenguaje: riffs con cuerpo, solos medidos, diálogo con el órgano y una escritura que deja espacio a la voz. El instrumental “Riley” permite que la guitarra ocupe el centro, pero el carácter general de Come To Me apunta más a la canción que al exhibicionismo. Esa contención es una virtud en un momento en que parte del blues-rock contemporáneo cae con facilidad en el exceso de solo, la saturación de producción o la imitación demasiado obvia de referentes clásicos.

Lectura editorial: Come To Me importa porque representa una franja del blues actual que no suele ocupar titulares grandes, pero que sostiene buena parte de la vitalidad real del género. No estamos ante una figura canónica ni ante un lanzamiento de nostalgia patrimonial; estamos ante una banda regional con oficio, repertorio propio, química vocal-instrumental y ambición suficiente para buscar proyección más allá de su escena inmediata. Esa clase de discos ayuda a medir el estado del blues de 2026 mejor que muchos productos de marca: muestran cómo el género sigue regenerándose desde estudios, clubes, sellos independientes y comunidades locales.


La valoración debe ser favorable, aunque situada en su justa escala. Come To Me no pretende reinventar el blues ni abrir una vía radicalmente nueva. Su mérito está en algo menos espectacular y quizá más duradero: canciones originales, sonido cálido, variedad estilística bien integrada y una vocalista capaz de dar personalidad a un repertorio que podría haber quedado en blues de oficio. Dentro del informe quincenal, cumple una función necesaria: equilibrar los grandes nombres y regresos históricos con una muestra convincente de escena viva, donde el blues no se cita como pasado, sino que se toca como presente.

Álbum conceptual · 8 mayo

The Quill — Master Of The Skies: hard rock escandinavo con peso, oficio y una oscuridad más marcada.



The Quill publicaron Master Of The Skies el 8 de mayo de 2026 a través de Metalville. El álbum aparece registrado como una obra de diez canciones y unos 45 minutos de duración, y la propia web de la banda lo presenta como un nuevo capítulo en su diálogo habitual entre groove, peso, melodía y potencia, esta vez con una tonalidad más oscura. No es un dato menor: The Quill no plantean el disco como reinvención ni como ejercicio nostálgico, sino como una reafirmación de identidad desde una banda que conoce bien su propio lenguaje. 


El contexto histórico ayuda a situar mejor el lanzamiento. The Quill pertenecen a esa línea de hard rock sueco que, desde los años noventa, ha sabido absorber la herencia de Black Sabbath, Deep Purple, Free, Uriah Heep, la NWOBHM y el stoner rock sin convertirse en una simple banda de recreación setentera. Su trayectoria se ha construido alrededor de un sonido de amplificador, riff grueso, bajo presente, batería física y una voz con vocación soul-rock. La página oficial de la banda recuerda una historia que arranca a comienzos de los noventa y define su identidad como una mezcla de riffs poderosos y melodías con carga emocional. 

En Master Of The Skies, esa genealogía parece adquirir una densidad mayor. La comunicación oficial subraya que las canciones se mueven entre luz y sombra, alternando contención y explosión, y que la referencia sabbathiana aparece no como calco, sino como sentido de gravedad. Esa palabra —gravedad— es clave para entender el disco: The Quill no son una banda de hard rock ligero ni de retro-rock ornamental. Su mejor terreno está en el punto medio entre el riff musculoso, el swing clásico y una cierta melancolía pesada que impide que el material quede reducido a pura energía de carretera. 


La continuidad con Wheel Of Illusion también resulta importante. Aquel disco de 2024 ya había insistido en una vuelta a las raíces del hard rock clásico, pero la información sobre Master Of The Skies sugiere un enfoque más sombrío y atmosférico. The Obelisk, medio especialmente atento al stoner, doom y heavy rock de raíz, encuadra el álbum precisamente como una nueva estación dentro de una conversación prolongada entre groove, peso, melodía y músculo. Esa lectura es útil porque evita dos errores: tratar a The Quill como una novedad de escena o reducirlos a nostalgia setentera. Son, más bien, una banda veterana que ha sobrevivido a modas manteniendo un vocabulario reconocible. 

 La formación actual refuerza esa idea de oficio. Magnus Ekwall aporta una voz de gran personalidad, más cercana al cantante de hard rock clásico con raíz soul que al vocalista metálico de registro heroico. Christian Carlsson sostiene el eje guitarrístico, Roger Nilsson —con pasado en Spiritual Beggars, Arch Enemy y Firebird— aporta un bajo con autoridad y Jolle Atlagic —vinculado también a Hanoi Rocks, Electric Boys y Firebird— añade una batería con experiencia en distintos territorios del rock pesado. No es una alineación de principiantes explorando un estilo, sino una suma de músicos con larga memoria de escena. 


El proceso de grabación también ayuda a leer el álbum. La banda volvió a trabajar con Erik Nilsson en 491 Studios, un espacio que, según la comunicación oficial, ya conoce bien su sonido. Las declaraciones recogidas por la web del grupo apuntan a un enfoque más colectivo y menos automático: Ekwall habla de atención a la atmósfera; Carlsson señala que no quisieron imponer un “sonido The Quill” a todas las canciones; Nilsson remarca la construcción de banda; y Atlagic menciona más experimentación en estudio de lo habitual. 

Esa información resulta interesante porque matiza la idea de continuidad. Master Of The Skies no parece buscar una ruptura formal, pero sí cierta elasticidad interna: canciones que necesitan espacio, otras que empujan hacia delante, cortes más oscuros y momentos donde el swing no desaparece bajo el peso. El tracklist —con títulos como “Dark City”, “You Can Not Kill My Soul”, “If Tomorrow Never Comes”, “Light Turns Low” o “Mastodon”— refuerza esa impresión de disco atravesado por imágenes de resistencia, sombra y persistencia.

Lectura editorial: Master Of The Skies importa porque representa una franja del hard rock europeo que suele quedar entre categorías: demasiado clásico para la etiqueta metal moderno, demasiado pesado para el rock convencional, demasiado melódico para el doom y demasiado veterano para el relato de “nueva escena”. Precisamente ahí está su valor. The Quill trabajan una zona donde el riff no es solo impacto, sino arquitectura; donde la melodía no suaviza el peso, sino que le da dirección; y donde la producción busca pegada sin borrar la sensación de banda tocando. 

 

The Quill


La recepción crítica inicial ha sido positiva. Markus’ Heavy Music Blog calificó el álbum con un 8 sobre 10 y lo describió como un trabajo de heavy rock sólido, emocional y bien ejecutado. Esa valoración coincide con la lectura general de las fuentes: no estamos ante un disco que pretenda cambiar las reglas del género, sino ante una obra de madurez, hecha por músicos que conocen sus límites y sus fortalezas. 


La valoración para Entre Riff y Arpegios debe ser favorable, pero situada en su escala correcta. Master Of The Skies no es el lanzamiento más rupturista de la quincena ni aspira a serlo. Su mérito está en otro lugar: en demostrar que el hard rock de raíz setentera todavía puede sonar robusto, serio y vivo cuando lo interpretan músicos con oficio, convicción y sentido de la canción. En un panorama donde mucho retro-rock se queda en estética de portada, equipos vintage y poses heredadas, The Quill conservan algo más importante: peso específico. No imitan el pasado; lo habitan con naturalidad.

Álbum · 1 mayo

Sevendust — ONE: metal alternativo de largo recorrido, cohesión interna y la difícil continuidad de una fórmula propia.


Sevendust publicaron ONE el 1 de mayo de 2026 a través de Napalm Records. Apple Music y Bandcamp registran el álbum con diez canciones y una duración cercana a los 39 minutos, mientras que la tienda oficial estadounidense de Napalm también fija el lanzamiento el 1 de mayo. Conviene señalar una pequeña discrepancia: la página corporativa de Napalm menciona el 8 de mayo en una de sus fichas, por lo que, para el informe, la fecha más sólida debería ser la que aparece en plataformas y tienda oficial: 1 de mayo.

El disco llega como el decimoquinto álbum de estudio del quinteto de Atlanta y vuelve a contar con Michael “Elvis” Baskette en la producción. Napalm describe el material como diez cortes concentrados, construidos sobre riffs de gran tamaño, grooves sísmicos y los característicos estribillos emocionales de la banda. Esa descripción puede sonar promocional, pero encaja con la identidad histórica de Sevendust: una formación que nunca ha separado del todo la pegada metálica, la tensión rítmica y una dimensión melódica muy marcada.

El contexto es importante porque Sevendust ocupan un lugar peculiar dentro del hard rock y el metal alternativo estadounidense. Surgidos en la segunda mitad de los noventa, han sido asociados a menudo con el nu metal y el post-grunge pesado, pero su personalidad no se agota en esas etiquetas. A diferencia de otros grupos de su generación, su sonido siempre dependió menos del gesto juvenil de ruptura que de una arquitectura interna muy reconocible: guitarras densas, afinaciones graves, bases de batería con mucho empuje, contrastes vocales y, sobre todo, la voz de Lajon Witherspoon como centro emocional.

Ahí está una de las claves de ONE. En Sevendust, la contundencia no funciona si no hay una tensión melódica que la humanice. Witherspoon aporta una calidez soul poco frecuente en el metal alternativo de su generación, mientras que los coros, las segundas voces y las intervenciones más agresivas de Morgan Rose introducen contraste sin romper la cohesión. La formación actual —Lajon Witherspoon, Clint Lowery, John Connolly, Vince Hornsby y Morgan Rose— sigue siendo presentada como el núcleo de esa identidad, algo relevante en una banda que ha hecho de la continuidad una parte central de su relato.

La elección del título, ONE, refuerza esa lectura. No parece un concepto abstracto ni una declaración grandilocuente, sino una manera de subrayar unidad, resistencia y conciencia de banda. La biografía oficial de Napalm habla de un grupo que se reúne alrededor de un objetivo común “como compañeros y hermanos”, una frase que, más allá de su tono promocional, ayuda a entender el disco como reafirmación colectiva antes que como experimento individualista.

El papel de Michael “Elvis” Baskette también merece atención. Su nombre está asociado a una producción moderna de rock pesado muy nítida, musculosa y orientada al impacto, con trabajos junto a Alter Bridge, Mammoth y Falling In Reverse. En Sevendust, su función parece menos la de transformar la banda que la de ordenar sus fortalezas: hacer que los riffs respiren, que la batería golpee con precisión, que los estribillos conserven amplitud y que la mezcla no aplaste la dimensión vocal. El riesgo, naturalmente, está en el exceso de control: cuando una banda domina tanto su idioma, la producción puede reforzar su identidad o convertirla en fórmula.

El tracklist apunta a esa combinación de concentración y continuidad: “One”, “Unbreakable”, “Is This The Real You”, “Threshold”, “We Won”, “Construct”, “Bright Side”, “The Drop”, “Blood Price” y “Misdirection”. Varios de esos títulos ya venían funcionando como señales del tono general del disco, especialmente “Unbreakable”, “Is This The Real You” y “Threshold”, que aparecen destacados como videoclips en Apple Music.

Lectura editorial: Desde una lectura de escena, ONE llega además en un momento favorable para revisar a bandas de la generación alt-metal de finales de los noventa y primeros dos mil. Metal Hammer situó el álbum entre los lanzamientos metal a seguir en 2026 y lo conectó con el actual resurgimiento del interés por el nu metal, aunque señalando que Sevendust nunca han sido mero ejercicio nostálgico. Esa observación es útil: el grupo puede beneficiarse del clima de recuperación de aquel sonido, pero su valor no depende solo de la moda retrospectiva. Sevendust han seguido funcionando porque su fórmula tiene una gramática propia.


Editorialmente, ONE no debe presentarse como una reinvención radical. Sería injusto exigirle a Sevendust una ruptura que nunca ha formado parte de su lógica artística. Su interés está en otro lugar: comprobar si una banda con casi tres décadas de oficio puede seguir tensando su lenguaje sin caer en el piloto automático. Los mejores momentos de Sevendust suelen aparecer cuando el músculo no aplasta la emoción, cuando el groove no se reduce a maquinaria y cuando la melodía no suaviza en exceso la aspereza del conjunto.

Sevendust

Dentro del informe quincenal, ONE cumple una función clara: representa la continuidad del metal alternativo estadounidense en su versión más sólida y menos oportunista. Frente a discos de raíz blues o a lanzamientos de ambición conceptual, Sevendust aportan una idea de permanencia: una banda que no busca reescribir la historia del género, sino sostener con dignidad un vocabulario propio de peso, melodía, hermandad y resistencia. La valoración debe ser favorable pero matizada: el disco importa si confirma que la identidad de Sevendust sigue viva como tensión interna, no solo como marca reconocible.

Álbum · 8 mayo

Hillbilly Vegas — À La Mode: southern rock de carretera, músculo bluesero y una alianza simbólica con Paul Rodgers.


À La Mode, publicado el 8 de mayo de 2026 por Quarto Valley Records, sitúa a Hillbilly Vegas en una zona de cruce entre southern rock, hard rock, outlaw country y blues eléctrico. El álbum aparece como debut de la banda para Quarto Valley y fue editado en formatos digital, CD y vinilo. Proper Music lo describe como un trabajo de rock sureño de alta energía, con influencias de Bad Company, Free, ZZ Top, soul y raíces americanas, mientras que Rockposer subraya que fue autoproducido en el estudio propio de la banda en Oklahoma.

El contexto geográfico importa. Hillbilly Vegas proceden de Oklahoma, una ubicación que permite entender su sonido como algo menos ornamental que en muchas bandas de revival sureño. No trabajan el southern rock como postal de banderas, motos y bourbon, sino como una música de carretera donde confluyen rock clásico, honky-tonk, blues de bar, narrativa de clase trabajadora y cierto pulso de radio americana. La propia descripción promocional recoge una frase de Steve Harris que resume su punto de partida: son una banda del sur que toca música nacida del sur.

La trayectoria previa ayuda a situar À La Mode como algo más que un lanzamiento aislado. Hillbilly Vegas comenzaron a hacerse visibles en 2011 con Ringo Manor y, según Rockposer, han colocado varios temas en listas rock de Billboard, entre ellos “Let It Ride”, que permaneció trece semanas en lista y alcanzó el número 10. También han construido una base de público mediante giras, presencia en eventos NASCAR, concentraciones moteras como Sturgis y festivales británicos como Maid of Stone y Steelhouse. Esa información es útil porque explica el tipo de banda que son: no una formación de laboratorio ni un proyecto de estudio, sino un grupo moldeado por circuito, directo y resistencia.

El disco tiene once cortes y abre con “Miss America”, señalado por Rockposer como tema de foco del álbum. La propia banda lo define como una canción sobre malas decisiones sentimentales, deseo y falta de razón; musicalmente, la descripción disponible habla de guitarras insistentes, sección rítmica poderosa, línea de teclado sostenida y un estribillo que evoca a The Rolling Stones con una dosis de .38 Special. Esa comparación resulta reveladora: Hillbilly Vegas no buscan la densidad oscura del southern rock más trágico, sino una fórmula más directa, de estribillo amplio, guitarra frontal y energía de bar grande.

La presencia de Paul Rodgers en “Mr. Midnight” es el principal elemento de prestigio externo, pero también tiene sentido orgánico dentro del relato del álbum. El tema fue escrito por Rodgers y cuenta con su voz, según confirma la web oficial del propio cantante. No se trata de una colaboración arbitraria: Rock Cellar recuerda que dos músicos vinculados a Hillbilly Vegas, Todd Ronning y Geraldo Dominelli, habían trabajado previamente con Rodgers, y Steve Harris reconoce la influencia decisiva del cantante de Free y Bad Company sobre su propia forma de entender el rock.

“Mr. Midnight” condensa bien la genealogía del grupo. Heavy Magazine lo describe como blues-rock eléctrico de aire retro, con referencias al ZZ Top de “Tush”, ecos del blues moderno de Christone “Kingfish” Ingram y un ambiente nocturno cercano a Beale Street. La lectura editorial debe ir más allá del nombre invitado: Rodgers actúa aquí como puente histórico entre el blues británico de los setenta, el rock clásico de gran voz y una banda estadounidense que intenta mantener viva esa electricidad sin convertirla en pieza de museo.

Hillbilly Vegas

Lectura editorial: El interés de À La Mode está precisamente en su naturalidad. Hillbilly Vegas no parecen buscar una modernización forzada del southern rock ni una reconstrucción arqueológica. Su lenguaje es funcional: guitarras directas, pulso de bar, letras reconocibles, coros amplios, bajo y batería al servicio del empuje, ecos de country fuera de la ley y una musculatura bluesera que evita el exceso de pulido. En tiempos en que mucho rock de raíz cae en dos extremos —la nostalgia fotográfica o la producción demasiado higienizada—, este disco representa una tercera vía: canciones de oficio, pensadas para directo y sostenidas por una identidad regional clara.

También conviene no sobredimensionarlo. À La Mode no pretende redefinir el southern rock ni alterar la historia del género. Su valor está en otra escala: mostrar cómo una banda de circuito, con base en Oklahoma y conexiones crecientes en Reino Unido y Europa, puede mantener activo un vocabulario de rock americano sin pedir permiso al mainstream. Rock Cellar recoge que Steve Harris no quiere encasillar la banda solo como southern rock y que habla de una mezcla de rock and roll, soul y otros lenguajes, además de una voluntad de asumir más riesgos en este álbum.

Para Entre Riff y Arpegios, À La Mode cumple una función editorial clara dentro del epígrafe de lanzamientos: equilibra los nombres históricos y los discos de mayor aparato conceptual con una muestra de rock de raíz actual, directo y de carretera. Su importancia no está en la novedad formal, sino en la continuidad viva de una tradición: Bad Company, Free, ZZ Top, southern rock, blues de club y country eléctrico reinterpretados desde una banda que conoce el escenario antes que el laboratorio. En ese terreno, Hillbilly Vegas no inventan una lengua nueva, pero hablan la suya con convicción.

Álbum · 8 mayo

Draconian — In Somnolent Ruin: doom gótico, sueño filosófico y el regreso de Lisa Johansson al centro emocional de la banda.


Draconian publicaron In Somnolent Ruin el 8 de mayo de 2026 a través de Napalm Records. El álbum llega seis años después de Under a Godless Veil y aparece presentado como un viaje onírico de nueve canciones, atravesado por la escritura poética de Anders Jacobsson y por una dimensión conceptual que gira en torno a la teoría platónica del alma. Napalm subraya que ese eje filosófico no fue diseñado desde el principio como concepto cerrado, sino que emergió de forma orgánica durante el proceso creativo.

El contexto es esencial para no reducir el disco a una simple “nueva entrega” de gothic doom. Draconian pertenecen a una tradición europea donde la lentitud, la melancolía y el peso no funcionan como efectos superficiales, sino como arquitectura emocional. Desde sus primeros trabajos, la banda sueca ha desarrollado un lenguaje basado en el contraste: guitarras de gran densidad, tempos fúnebres, atmósferas románticas, melodías de aire elegíaco y el intercambio vocal entre la voz gutural masculina y la voz limpia femenina. Ese modelo, a veces llamado “beauty and the beast”, puede caer fácilmente en fórmula; en Draconian, cuando funciona, se convierte en dramatización interna del conflicto: carne y espíritu, ruina y deseo, desgarro y consuelo.

El regreso de Lisa Johansson es el dato biográfico más importante del álbum. Johansson fue la voz femenina de los cinco primeros discos de la banda y salió en 2011 por motivos personales. Su vuelta, anunciada tras la marcha de Heike Langhans en 2022, no es solo un cambio de formación: reabre una memoria sonora concreta para los seguidores de la etapa clásica de Draconian. Napalm confirma que In Somnolent Ruin marca su regreso oficial al estudio, después de varias apariciones en directo durante los últimos años.

Ese punto requiere matiz. La etapa con Heike Langhans no fue un paréntesis menor; discos como Sovran y Under a Godless Veil ampliaron el registro atmosférico de la banda y reforzaron su perfil más etéreo. La vuelta de Johansson, por tanto, no debe leerse como una corrección de rumbo, sino como una reactivación de otra energía: una voz más asociada al dramatismo gótico inicial, al peso romántico y a la tensión directa con los growls de Jacobsson. La pregunta editorial no es si una etapa “supera” a la otra, sino qué tipo de herida emocional abre cada voz dentro del lenguaje Draconian.

La formación actual también ayuda a entender el carácter del disco. Además de Anders Jacobsson, Johan Ericson y Lisa Johansson, el grupo cuenta con Daniel Arvidsson al bajo, Niklas Nord a la guitarra y Daniel Johansson a la batería. Napalm señala que Nord entró en 2022 y que Daniel Johansson se incorporó como miembro pleno en 2025, después de haber trabajado como batería de sesión desde 2019. Esa estabilidad reciente, unida a la actividad en directo desde 2022, explica que el álbum busque una sensación de banda cohesionada, no solo de construcción de estudio.

Desde el punto de vista sonoro, In Somnolent Ruin debe leerse como una obra de concentración más que de expansión rupturista. Los títulos —“I Welcome Thy Arrow”, “The Monochrome Blade”, “Anima”, “The Face of God”, “Cold Heavens”, “Misanthrope River” o “Lethe”— ya sitúan el disco en un imaginario de caída, memoria, alma, pérdida y tránsito. La reseña de Infernal Masquerade destaca precisamente el retorno del dúo vocal Jacobsson/Johansson, el tono sombrío y envolvente del álbum, la función de “Anima” con Daniel Änghede como invitado y el cierre más contenido de “Lethe”.

Lectura editorial: El valor de Draconian dentro del metal no está en la velocidad ni en la agresión entendida como impacto inmediato. Su fuerza reside en sostener la tensión durante largos desarrollos, dejando que el peso de las guitarras funcione casi como clima psicológico. En ese sentido, In Somnolent Ruin representa una vertiente del metal donde la lentitud no es falta de energía, sino concentración emocional. La música avanza como una procesión: cada riff pesa, cada entrada vocal modifica la temperatura dramática, cada melodía limpia abre una grieta dentro de la masa sonora.

El elemento filosófico aporta una capa interesante, pero conviene no exagerarlo. La referencia a Platón y al alma no convierte automáticamente el álbum en tratado conceptual; sirve más bien como atmósfera de lectura. Draconian no parecen interesados en explicar una tesis filosófica con canciones, sino en usar ese marco para hablar de alienación, anestesia, búsqueda de dirección y fractura interior. La web oficial del grupo vincula el álbum con esos temas y lo describe como un recorrido íntimo, onírico y catártico, sostenido por la interacción vocal restaurada entre Johansson y Jacobsson.

Draconian

Editorialmente, In Somnolent Ruin importa porque muestra una zona del metal contemporáneo que sigue defendiendo la emoción lenta frente a la velocidad de consumo. En un panorama donde buena parte del metal extremo compite por densidad técnica, brutalidad o producción quirúrgica, Draconian insisten en otro tipo de intensidad: la del lamento sostenido, la belleza erosionada y la oscuridad que necesita espacio para desplegarse. El riesgo, como siempre en el gothic doom, está en convertir la tristeza en decorado. La virtud de Draconian aparece cuando la melancolía deja de ser estética y se vuelve estructura.

La valoración para Entre Riff y Arpegios debe ser favorable y contextualizada. In Somnolent Ruin no parece buscar una reinvención radical de Draconian, sino una recuperación consciente de sus elementos esenciales: doom pausado, dramatismo gótico, poesía de ruina, contraste vocal y una producción suficientemente amplia para que la oscuridad respire. Su relevancia dentro de la quincena está en representar una forma de metal donde el peso no sirve solo para aplastar, sino para revelar. Aquí la belleza no suaviza la ruina: la hace más visible.

         Aniversario · 8 mayo

Darkthrone — Pre-Historic Metal: arqueología voluntaria del metal, riffs cavernarios y la tradición underground convertida en método.


Darkthrone lanzaron Pre-Historic Metal el 8 de mayo de 2026 a través de Peaceville. El álbum contiene ocho cortes —entre ellos “They Found One Of My Graves”, “Pre-Historic Metal”, “Siberian Thaw”, “Deeply Rooted”, “The Dry Wells Of Hell” y “Eon 4”— y aparece presentado por el sello como una nueva entrega de “old metal” primitivo, orgánico y deliberadamente arcaico. Peaceville sitúa el lanzamiento en un año simbólico: cuatro décadas desde la primera encarnación de la banda bajo el nombre Black Death.

El contexto es imprescindible. Darkthrone no son simplemente una banda veterana de black metal noruego; son uno de los casos más singulares de supervivencia estética dentro del metal extremo. Partieron del death metal, se convirtieron en referencia capital del black metal de comienzos de los noventa y, con el paso de los años, fueron desplazándose hacia una zona cada vez más personal donde confluyen heavy metal primitivo, doom, crust punk, thrash, hard rock setentero y una idea casi artesanal del sonido. Esa deriva no ha sido una huida de su identidad, sino una forma de protegerla: Fenriz y Nocturno Culto parecen menos interesados en repetir una época que en preservar una ética.

Pre-Historic Metal debe leerse dentro de esa etapa de “metal antiguo” que la banda lleva cultivando desde hace años. Peaceville lo vincula explícitamente con el espíritu de los setenta y ochenta, con riffs “gargantuescos”, sonido orgánico y paisajes de thrash, black, heavy y doom metal. El propio Fenriz explica el título como una declaración de actitud: “prehistórico” no como reconstrucción académica, sino como una manera de usar un estilo viejo para crear algo nuevo.

Ahí está la clave editorial del disco. Darkthrone no practican nostalgia en sentido cómodo. No suenan antiguos porque quieran embellecer el pasado, sino porque desconfían de la limpieza como valor automático. En su caso, la tosquedad no es falta de recursos: es una elección estética, casi moral. Guitarras muy presentes, batería seca, voces ásperas y estructuras que parecen levantadas desde el instinto más que desde la ingeniería de estudio. Frente a la hiperproducción contemporánea, Pre-Historic Metal funciona como resistencia: no busca sonar perfecto, sino sonar vivo, rugoso y material.

El álbum también confirma una paradoja interesante. Darkthrone, que durante décadas representaron una oposición frontal a las lógicas de prestigio convencional, se han convertido ellos mismos en tradición. Su underground ya no es novedad ni amenaza juvenil; es un archivo vivo, una forma de hacer reconocible y transmitida. Pero en lugar de administrar esa tradición como museo, Fenriz y Nocturno Culto siguen operando como si estuvieran en su propio local de ensayo, sin necesidad de complacer a una escena concreta. Invisible Oranges lo resumía bien al señalar que la banda entra en su quinta década con un grado de comodidad y control creativo al alcance de muy pocos grupos.

Desde el punto de vista sonoro, Pre-Historic Metal parece más compacto que algunas de sus obras recientes. Fenriz lo describe como una decisión de apretar el formato: ocho canciones eficaces y cargadas de riffs frente a la amplitud más lenta y expansiva que la banda también ha explorado. Esa concentración importa porque evita que el primitivismo derive en dispersión. El disco no propone complejidad progresiva ni brutalidad moderna; propone peso, repetición, gancho y una fisicidad casi preindustrial.


Lectura editorial: La recepción crítica inicial ha subrayado precisamente esa dimensión guitarrera y percusiva. Toilet Ov Hell destaca que no estamos ante una vuelta a Transilvanian Hunger, sino ante un álbum centrado en riffs carnosos, batería reconocible como batería y una presencia vocal de Fenriz especialmente visible, incluso con falsetes y registros deudores del heavy metal clásico. Ese detalle es revelador: Darkthrone ya no necesitan proteger una ortodoxia black metal. Pueden sonar solemnes, absurdos, cavernarios, épicos o casi humorísticos, porque su identidad se ha vuelto lo bastante fuerte como para admitir contradicciones.

Dentro del informe quincenal, Pre-Historic Metal cumple una función muy concreta: recuerda que la historia del metal no avanza solo por sofisticación técnica. También avanza por insistencia, por terquedad y por fidelidad a un impulso. Darkthrone importan en 2026 porque siguen cuestionando la idea de progreso como pulido. En una escena donde muchas bandas buscan sonar más grandes, más limpias, más precisas o más exportables, ellos siguen defendiendo una idea opuesta: el metal como cueva, como rito, como chatarra sagrada, como ruido que no necesita pedir disculpas.

Darktone

La valoración para Entre Riff y Arpegios debe ser favorable, pero bien situada. Pre-Historic Metal no pretende abrir una nueva etapa ni convencer a oyentes ajenos al universo Darkthrone. Su valor está en consolidar una forma de libertad: la de un dúo que ha convertido la precariedad sonora, la memoria del metal primigenio y el desprecio por la moda en una poética propia. No es un disco importante porque “actualice” a Darkthrone, sino porque confirma que su anacronismo sigue teniendo filo.

Reedición / regrabación · 30 aniversario

Kenny Wayne Shepherd — Ledbetter Heights — 30th Anniversary Sessions


La publicación de Ledbetter Heights — 30th Anniversary Sessions, fechada el 8 de mayo de 2026, no debe leerse como una reedición convencional, sino como una regrabación completa del álbum con el que Kenny Wayne Shepherd irrumpió en el blues-rock de mediados de los noventa. La página oficial del artista sitúa el proyecto dentro de la celebración de los treinta años de Ledbetter Heights, mientras que la tienda oficial lo presenta como una nueva versión grabada del primer disco de Shepherd, con Noah Hunt en la voz principal y una edición en doble vinilo de 180 gramos.

El matiz es importante. Una reedición suele restaurar, remasterizar o contextualizar un documento del pasado; una regrabación lo pone en crisis. Shepherd no se limita a volver a poner en circulación el álbum que lo dio a conocer, sino que regresa al repertorio con otro cuerpo, otra técnica, otra experiencia de carretera y otra conciencia histórica. The Blues Magazine subraya precisamente ese enfoque: nuevas sesiones, nuevas tomas y una lectura marcada por décadas de giras, grabaciones y oficio acumulado.

El Ledbetter Heights original apareció en un contexto dominado por el grunge y el rock alternativo, cuando el blues-rock parecía más asociado a genealogías heredadas que a una voz generacional nueva. En ese marco, Shepherd —entonces un guitarrista joven procedente de Luisiana— ayudó a reactivar el interés por una lectura eléctrica, musculosa y accesible del blues, capaz de conectar con oyentes de rock de los noventa sin romper del todo con la tradición de Stevie Ray Vaughan, Buddy Guy o Albert King. The Blues Magazine recuerda que aquel debut logró colocar singles en el Top 10 de rock y acercó el género a una nueva generación de público.

La presencia de Noah Hunt es uno de los elementos más significativos de estas 30th Anniversary Sessions. Hunt no formaba parte del primer álbum: se incorporó al universo de Shepherd a partir del segundo disco, Trouble Is…. En una entrevista con The Music Room, el propio Shepherd explica que esta regrabación permite escuchar una especie de “qué habría pasado si…”: cómo habrían sonado aquellas canciones de juventud con la voz que después se convirtió en una pieza central de la identidad de la banda.

Ese desplazamiento vocal cambia la lectura del material. En canciones como “Born With A Broken Heart”, “Deja Voodoo”, “Aberdeen”, “Shame, Shame, Shame” o “Everybody Gets The Blues”, el foco ya no está únicamente en la pirotecnia guitarrística juvenil, sino en la manera en que el repertorio puede ganar densidad dramática con una voz más asentada, más rodada y menos dependiente del impacto inicial. La lista oficial mantiene los doce cortes del álbum, incluyendo “While We Cry”, “I’m Leaving You (Commit A Crime)” y el tema titular, lo que confirma que el proyecto busca revisar la obra completa, no solo rescatar sus momentos más reconocibles.

Desde el punto de vista sonoro, el interés estará en comprobar si la regrabación conserva la urgencia del debut o si la sustituye por una lectura demasiado pulida. Ese es el riesgo natural de este tipo de operaciones: treinta años de técnica pueden aportar profundidad, tono y control, pero también pueden limar parte de la imprudencia que hacía vibrar el original. Shepherd ha explicado que algunas canciones evolucionaron con los años en directo, aunque la intención no era reinventarlas por completo, sino preservar su espíritu. 

Lectura editorial: regrabar un debut implica discutir con la propia juventud: cambiar tono, ataque, mezcla y experiencia sin borrar el documento original.

Editorialmente, Ledbetter Heights — 30th Anniversary Sessions funciona como una pieza clave para pensar el blues-rock contemporáneo. No es solo una celebración de aniversario, sino una conversación entre dos momentos históricos: el de 1995, cuando un guitarrista adolescente podía irrumpir en plena hegemonía alternativa reivindicando el blues eléctrico, y el de 2026, cuando ese mismo repertorio vuelve convertido en archivo vivo, memoria de gira y patrimonio personal.

Kenny Wayne Shepherd

La valoración debe ser matizada. Si el álbum se limita a embellecer el pasado, quedará como documento conmemorativo para seguidores. Pero si consigue mostrar qué han ganado estas canciones en respiración, fraseo, voz y peso emocional, la regrabación puede tener un valor mayor: no reemplazar el debut, sino iluminarlo desde la madurez. En el mejor de los casos, estas 30th Anniversary Sessions recuerdan que el blues-rock no vive solo de juventud, velocidad y fuego inicial; también puede envejecer como una música de retorno, revisión y gratitud sin perder electricidad.

Playlist comentada

1. “Healer” — Eivør

“Healer” funciona como una pieza de umbral: no rompe con el universo de Eivør, pero sí parece depurarlo hacia una zona más desnuda y ceremonial. La voz vuelve a ocupar el centro, no como simple vehículo melódico, sino como fuerza casi ritual, sostenida por una atmósfera electrónica contenida y un dramatismo que crece sin necesidad de explosión convencional. Su interés para este informe está en la frontera: no es prog clásico ni metal, pero comparte con ambos la construcción de paisaje emocional, tensión dinámica y sentido de viaje interior. Es una canción de transformación antes que de impacto inmediato.

2. “In the Stars” / “Rough and Twisted” — The Rolling Stones

Los adelantos de Foreign Tongues deben escucharse con una cautela especial, porque cualquier canción nueva de The Rolling Stones llega cargada de memoria histórica. “In the Stars” y “Rough and Twisted” no interesan tanto por la posibilidad de sorpresa formal como por la manera en que administran el idioma Stones: blues, country, rock de raíz, swing ladeado y una cierta insolencia de oficio. El riesgo es evidente: reproducir signos reconocibles sin verdadera necesidad interna. Su valor dependerá de si suenan a banda viva o a reconstrucción eficaz de una marca que conoce demasiado bien sus propios reflejos.

3. “Don’t Say It” — Samantha Fish con The McCrary Sisters

La versión en directo de “Don’t Say It” confirma algo esencial en Samantha Fish: su música gana sentido cuando se mide sobre el escenario. En estudio puede moverse entre blues-rock, soul, rock de raíces y producción cuidada, pero el directo revela la temperatura real de sus canciones. La presencia de The McCrary Sisters amplía el registro hacia una dimensión gospel y coral que evita que el tema quede reducido a exhibición guitarrera. Aquí la voz, la respuesta colectiva y el empuje de banda pesan tanto como el fraseo instrumental. Es un adelanto útil para valorar Paper Doll Live como documento de energía escénica.

4. “This Is Who I Am” — Joanne Shaw Taylor

“This Is Who I Am” sitúa a Joanne Shaw Taylor en una zona de afirmación personal, pero su interés dependerá de cómo esa declaración se traduzca musicalmente. En el blues-rock contemporáneo, los mensajes de autoaceptación pueden caer fácilmente en fórmulas previsibles si no están sostenidos por interpretación, tono y verdad instrumental. Shaw Taylor tiene a su favor una identidad reconocible como guitarrista: fraseo firme, ataque emocional y una voz que ha ganado peso con los años. La clave estará en si la guitarra dialoga con la letra como segunda voz o si queda relegada a un subrayado de producción.

5. “Cryogen” — Muse

“Cryogen” encaja en la veta más especulativa de Muse: rock de gran escala, imaginario tecnológico, tensión futurista y dramatismo vocal. La banda nunca ha pertenecido al progresivo sinfónico tradicional, pero sí ha llevado al público masivo una idea de rock ambicioso, teatral y conceptual, donde la ciencia ficción funciona como espejo de angustias contemporáneas. El interés de la canción está en esa mezcla de estadio y distopía: riffs o texturas de impacto, melodía enfática y sensación de amenaza emocional. Para NovoRiff, conviene leerla menos como prog ortodoxo y más como art-rock de masas con voluntad narrativa.

6. “Blurry Creatures” — If These Trees Could Talk

“Blurry Creatures” representa muy bien la fuerza del post-rock instrumental cuando evita la mera acumulación de capas y trabaja la tensión como relato. Sin vocalista, la canción necesita construir dirección mediante dinámica, textura, repetición y crecimiento interno. Ahí reside su valor: no busca deslumbrar por virtuosismo, sino sostener una arquitectura emocional que avanza de forma paciente. Para lectores de prog, metal atmosférico o bandas de orientación cinematográfica, If These Trees Could Talk ofrecen un puente natural. Su regreso tras una larga pausa añade peso al single: no es solo adelanto, sino prueba de continuidad estética.

7. “Reflection” — Raphael Weinroth-Browne

“Reflection” interesa porque desplaza el centro habitual del metal progresivo. El cello no aparece como adorno sinfónico ni como color de fondo, sino como instrumento estructural, capaz de sostener tensión, peso y desarrollo melódico. Esa elección abre una lectura distinta del riff: la pesadez no depende necesariamente de la guitarra eléctrica, sino de la arquitectura rítmica, la presión armónica y la intensidad interpretativa. Las afinidades con Tool o Meshuggah apuntan a una música de pulsación compleja y densidad controlada. Para el informe, funciona como ejemplo de prog contemporáneo no guitarrístico, físico e introspectivo.

8. “Lobsters and Ants” — Aisles

“Reflection” interesa porque desplaza el centro habitual del metal progresivo. El cello no aparece como adorno sinfónico ni como color de fondo, sino como instrumento estructural, capaz de sostener tensión, peso y desarrollo melódico. Esa elección abre una lectura distinta del riff: la pesadez no depende necesariamente de la guitarra eléctrica, sino de la arquitectura rítmica, la presión armónica y la intensidad interpretativa. Las afinidades con Tool o Meshuggah apuntan a una música de pulsación compleja y densidad controlada. Para el informe, funciona como ejemplo de prog contemporáneo no guitarrístico, físico e introspectivo.

Memoria y escena

Efemérides · Archivo activo

Relecturas, premios y pérdidas cercanas

La memoria más visible de la quincena no llega como aniversario cerrado, sino como relectura activa. Ledbetter Heights — 30th Anniversary Sessions plantea una pregunta interesante: ¿qué ocurre cuando un disco que definió la entrada de una generación al blues-rock se regraba tres décadas después?

Los Blues Music Awards funcionan también como memoria histórica en movimiento. Al premiar discos, canciones, bandas, instrumentistas y artistas emergentes, no solo consagran nombres: dibujan una genealogía del blues actual y establecen qué formas del género son reconocidas institucionalmente en 2026.

Darkthrone convierten sus cuarenta años de historia en una defensa del metal anterior a la pulcritud. El fallecimiento de Jeff Taylor añade una memoria más cercana y menos monumental: la de las bandas activas que sostienen el género desde clubes, festivales y sellos especializados.

Panorama · Clásico y contemporáneo

Archivo y actualidad no se excluyen: se iluminan mutuamente

La escena clásica aparece esta quincena muy activa, pero no necesariamente cómoda. The Rolling Stones anuncian nuevo material desde la autoridad del canon; Taj Mahal publica un disco que respira tradición sin rigidez; The Black Keys miran hacia el blues desde una posición de revival ya institucionalizado; y Social Distortion regresan a un rock and roll punk que siempre ha dialogado con country y blues.

La escena contemporánea parece menos preocupada por proteger una pureza estilística. The Claypool Lennon Delirium mezclan psicodelia, prog, sátira tecnológica y cómic; Eivør sitúa su voz entre folk nórdico, electrónica y dramatismo art-rock; Draconian trabajan la densidad emocional del doom gótico; y Aisles, Raphael Weinroth-Browne o If These Trees Could Talk muestran que el progresivo actual también vive de post-rock, metal de cámara, ciencia ficción y abstracción instrumental.

Tarea NovoRiff: no enfrentar archivo y actualidad, sino mostrar cómo se iluminan mutuamente.

Recomendación NovoRiff

Escucha inmediata

Eivør — “Healer”

Por su capacidad para condensar atmósfera, voz y tensión emocional en una pieza accesible sin ser plana. Es una puerta rápida hacia una sensibilidad art-rock que puede dialogar con lectores de prog, folk oscuro y metal atmosférico.

Análisis detenido

The Claypool Lennon Delirium — The Great Parrot-Ox and The Golden Egg of Empathy

Por su ambición conceptual, su lectura de la inteligencia artificial como fábula psicodélica y su formato expandido con cómic. Es el lanzamiento de la quincena que mejor permite un análisis largo sobre prog, narrativa y cultura tecnológica.

Archivo histórico

Kenny Wayne Shepherd — Ledbetter Heights

La nueva versión del 30.º aniversario invita a volver al debut original y compararlo con las sesiones actuales. Es una oportunidad para revisar el blues-rock de los noventa sin nostalgia automática.

Fuentes Consultadas: 

Blues Foundation. 2026. “2026 Blues Music Awards Winners.” Publicado el 8 de mayo de 2026; consultado el 18 de mayo de 2026.

Blues Foundation. 2026. Información institucional y contexto de los Blues Music Awards 2026. Consultado el 18 de mayo de 2026.

The Black Keys. 2026. Página oficial de Peaches! y tienda oficial. Consultado el 18 de mayo de 2026.

Corcoran, Nina. 2026. “The Black Keys Announce New Album Peaches!.” Pitchfork. Consultado el 18 de mayo de 2026.

ATO Records. 2026. “The Claypool Lennon Delirium Announce New Album…” Consultado el 18 de mayo de 2026.

Reuters. 2026. Información sobre el anuncio de Foreign Tongues de The Rolling Stones. Consultado el 18 de mayo de 2026.

The Rolling Stones. 2026. Página oficial de prepedido de Foreign Tongues. Consultado el 18 de mayo de 2026.

Napalm Records. 2026. Fichas oficiales de Sevendust, ONE, y Draconian, In Somnolent Ruin. Consultado el 18 de mayo de 2026.

Peaceville Records. 2026. Ficha oficial de Darkthrone, Pre-Historic Metal. Consultado el 18 de mayo de 2026.

Universal Music Online España. 2026. Ficha de Social Distortion, Born To Kill. Consultado el 18 de mayo de 2026.

Nuclear Blast. 2026. Información oficial de Eivør, “Healer”. Consultado el 18 de mayo de 2026.

Prog / Louder. 2026. Selección de canciones progresivas de la semana del 8 de mayo. Consultado el 18 de mayo de 2026.

Blues Rock Review y Rock and Blues Muse. 2026. Cobertura de Taj Mahal, Joanne Shaw Taylor, Samantha Fish, Robin Trower, Jeff Taylor y novedades blues-rock de la quincena. Consultado el 18 de mayo de 2026.